Paul B. Preciado nos cuenta como una palabra que antes era sólo era un insulto se trasformó en vehículo de resignificación. Un tráfico lingüístico que en menos de dos siglos cambió radicalmente un concepto reapropiado por la lucha LGBT y el feminismo que no quieren oponerse a la rigidez de las clasificaciones duales. Es la historia política de una injuria, de sus usos, de sus usuarios y de los contextos de habla. Se trata, por sobre todo, de “movilizar los lenguajes políticos que nos han construido como abyectos”.