La ketamina va a seguir llegando. Entrará por los puertos de Arica o de Algeciras, se venderá en clínicas privadas y se distribuirá por Telegram en las plazas. La pregunta ya no es si el sistema está preparado. La pregunta es cuánto tiempo más vamos a fingir que el mercado legal y el ilegal son planetas distintos cuando, en realidad, son las dos caras de la misma moneda.