La reciente destrucción de un Cristo de yeso, arrancado de una iglesia capitalina y destruido en medio de un ataque de violencia encapuchada, pone en boca de buena parte de la población, los mejores lugares comunes: ¡Cómo pueden pasar estas cosas! ¡Esta gente está loca! ¡Son delincuentes! ¡Deberían ponerlos en un saco y tirarlos al […]