En exclusiva desde Chiapas: Crónica de una chilena en congreso revolucionario «Mujeres que luchan»

 

“Agradecemos con todo nuestro corazón humilde y sencillo, con resistencia y rebeldía, la participación de todas ustedes, mujeres que luchan en los cinco continentes del mundo.”

Así comenzaba el Primer Encuentro Internacional Político, Artistico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan. Con esas palabras las compañeras Zapatistas nos daban la bienvenida. Sin duda, me faltaron manos, pies, ojos, y cuerpas para poder haber estado en todos los lugares y momentos que sucedieron durante los días 8, 9 y 10 de marzo. Dijeron que fuimos mas de siete mil, entre zapatistas y mujeres del mundo. Dos mil zapatistas e insurgentas, ciertamente. Talleres, charlas, danza, música, cine, fotografía, yoga, salud, deportes extremos, discapacidad , poesía, todo se compartió en tres días, en un territorio recuperado el año ’94. En la mitad de la montaña vivimos todas juntas, hablando de nosotras, de nuestros muchos miedos, abusos, ganas, peleas, sexualidades, muchas formas de hacernos política frente al privilegio del patriarcado. Miles de mujeres de distintos colores, miradas, dialogos, ritmos, juegos, y danzas, compartiendo en armonía, con mucha esperanza, candor y fuerza.

Vivimos lo que ellas llaman el Lekil Kuklejal, que en palabras tseltales significa armonía, integración, equidad, la construcción de un camino en conexión con la energía de la tierra. Y quizas, si es la mejor definición para describir lo que vivimos durante esos dias. Muchas lloramos en silencio, y nos volteamos hacia el cielo agradeciendo la oportunidad de entendernos desde lo mas simple. Hubo mucha emoción, respeto y admiración hacia la construcción del caminar Zapatista, el cual se viene gestando hace decadas. Donde quedo ampliamente demostrado en este Encuentro, su organización, su disciplina, su trabajo, su resilencia y resistencia . Ellas, junto a sus compañeros, hijos, hermanos, padres y abuelos, son parte de una organización que ha sabido construir una autonomía política y social, donde la lucha se integra como forma de vida y desde donde emanan los 7 principios de su organización: Servir y no Servirse, Representar y no Suplantar, Construir y no Destruir, Obedecer y no Mandar, Proponer y no Imponer, Convencer y no Vencer, Bajar y no Subir. Las Zapatistas siempre nos han senalado ese camino, desde sus primeras apariciones publicas. Son mas de 30 años de camino en rebeldía y organización, que se sintieron en cada rincón del Encuentro.


“Agradecemos sus oídos, sus miradas, sus palabras, sus talleres, sus pláticas, su arte, sus videos, sus músicas, sus poesías, sus cuentos, sus teatros, sus danzas y bailables, sus pinturas, sus cosas raras que ni sabíamos qué son, y todo lo que nos trajeron para que nosotras conocemos y aprendemos de sus luchas ….Pero como quiera has de cuenta, hermana y compañera, que esto que estamos diciendo aquí, te lo está diciendo una mujer zapatista mientras te da un abrazo y te dice al oído, en tu lengua, en tu modo, en tu tiempo: “no te rindas, no te vendas, no claudiques”, que así, con estas palabras es que te decimos “gracias Hermana,  gracias compañera”. Agradecemos con todo nuestro Corazon humilde y sencillo, con Resistencia.”

Así nos agradecieron por nuestras luchas, que son tan nuestras como las de ellas, donde nos reunimos como compañeras y hermanas, y nos supimos y nos vimos. Nos enlazamos en una carrera hacia la acción y creación de nuevos pensamientos de coexistencia desde nuestras distintas geografías y realidades. Entonces el mundo como lo vivimos, si parecia ser un mundo más justo. Donde hubo fuerza y conciencia. Donde vimos como la semilla y el árbol, la planta y la flor, se levantan una y otra vez.  Cuantas veces sea necesario. Porque como bien dijo la Comandanta Ramona hace unos años, la revolución esta en manos de las mujeres.

Y así en sus centros retiembla la Tierra, y así el Lekil Kuklejal sigue vivo en cada rincón de su palabra. Y así fue, como quedo grabado en nuestras corazones un Encuentro donde ese Otro Mundo si fue posible. Donde nos dijeron que no estamos solas, que el dolor y la rabia es de todas, y que seguimos en la Resistencia. Donde cada ser humano tiene derecho a una existencia libre y digna en el lugar que mejor le parezca, y tiene el derecho a luchar para seguir ahí. Las palabras de las compañeras zapatistas, viajan y las tomamos como nuestras, apoyando la rebeldía de quienes son perseguidas y dan la vida por aquello, abrazando a las que han sido asesinadas o encarceladas, separadas por muros, perseguidas por hablar, o defender la vida, a todas ellas: Marrichiweu.

Por Carla Astorga, documentalista

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