Opinión

El capitalismo digital en apuros (I)

El capitalismo digital reemplaza el modelo de financiarización que erigió la globalización neoliberal. Asciende una plutocracia informática que confiscó los datos de los usuarios, lucró con el rescate de los bancos y controló el experimento laboral de la pandemia. La IA corona ese dominio reforzando la captura y manipulación de la información por parte de una elite de billonarios digitales. Pero la fractura de la globalización, la desindustrialización estadounidense y el fulminante ascenso de China socavan los pilares de esa supremacía.

El capitalismo digital en apuros (I)

Por Claudio Katz

La sustitución de la globalización neoliberal por el capitalismo digital es la principal transformación de la última década. El modelo de financiarización que desembocó en el gran estallido bancario del 2008 ha quedado complementado o reemplazado por otro esquema liderado por el sector tecnológico, que determina las tendencias dominantes del sistema. El nuevo comando del capitalismo que asumieron los gigantes de la informática corona varios procesos precedentes y afronta una inesperada adversidad.

SEIS CAMBIOS SUSTANCIALES

Las mega compañías tecnológicas conquistaron, en primer lugar, un predominio creciente por su incidencia en las cadenas globales de valor forjadas con la globalización productiva. El salto registrado en la internacionalización de la actividad económica no se limitó al comercio o las finanzas, sino que modificó las formas de producción. Esa mutación fue a su vez factible por la revolución tecnológica que iniciaron las computadoras, afianzaron las redes y reafirma la Inteligencia Artificial (IA).

El protagonismo de las firmas tecnológicas corona, en segundo término, la propia evolución del sector que transitó por sucesivas etapas internas de perfeccionamiento digital. La informática inicial avanzó hacia computadoras más rápidas con mayor capacidad de memoria y ese incremento del poder de cómputo alentó su uso comercial.

A comienzos del siglo XXI irrumpió el procesamiento de la información a otra escala con el Big Data y en la última década, los asistentes virtuales comenzaron a reconocer la voz interactuado con el usuario desde el teléfono. Con ese avance inauguran las modalidades básicas de aplicación de la IA. En sintonía con esa maduración comenzó la aplicación de esa tecnología en los procesos de automatización, y robotización de las plataformas laborales (1).

Esta gravitación de la digitalización ha sido posible, en tercer lugar, por la gran disponibilidad de capital para el desenvolvimiento de la informática, que sucedió al colapso bancario del 2008. Esa crisis implicó una descomunal inyección de dinero por parte de los bancos centrales para socorrer a las entidades en bancarrota (flexibilización cuantitativa). Pero el destino posterior de esos fondos fue el financiamiento de las compañías tecnológicas. Esas firmas tuvieron a su disposición una masa inédita de recursos que los bancos canalizaron a su favor y utilizaron ese dinero para consumar su fulminante expansión.

Este significativo viraje en el desenvolvimiento del capitalismo quedó inicialmente oscurecido por la generalizada atención en el temblor bancario del 2008. Los debates sobre la regulación o la mera continuidad de la financiarización acapararon el interés de los economistas. En general se observó ese proceso como un peldaño más de la era neoliberal, sin notar cómo la afluencia masiva de capital a los bancos para evitar su quebranto terminó gestando una plutocracia digital (2).

El procesamiento de esos insumos en algoritmos diseñados por las firmas, le permite a la plutocracia digital contar con un inédito instrumento de control social y acumulación de ganancias.

Este ascendente sector capturó recursos y reconfiguró al capitalismo, porque reunió bajo su control los datos que sostienen la revolución digital. Este cuarto determinante del viraje actual fue posible por la concentración y captura de ese indispensable insumo en manos de un puñado de empresas.

Los datos fueron acaparados, apropiados, sustraídos y robados al compás de la propia difusión de las computadoras, Internet, las redes y los teléfonos celulares. Los dueños de ese tejido (Space, Anthropic, OpenAI, Google, Meta, Microsoft, Amazon) coronaron la confiscación de la información, que desde los años 80 comenzaron a proveer gratuitamente los usuarios a través de las tarjetas de crédito.

El acaparamiento exponencial de esos basamentos se consumó posteriormente, mediante su reunión en los Big Data y su tratamiento en los Data Center. El procesamiento de esos insumos en algoritmos diseñados por las firmas, le permite a la plutocracia digital contar con un inédito instrumento de control social y acumulación de ganancias.

Ese manejo emergió de su impune acopio de los datos provistos por la monumental red de usuarios que se interconectaron bajo su mando. Facebook cuenta con 3.120 millones de usuarios activos mensuales de una población global que roza los 8.200 millones de personas. Esa plataforma opera sobre el 38% de los habitantes del planeta y el 54% de los usuarios de Internet. WhatsApp enlaza a unos 3.000 millones de usuarios y conforma el sistema de mensajería más utilizado en el mundo. Instagram también escaló hasta un número semejantes de asociados y Messenger ronda los 1.100 millones de usuarios (3).

Cuando Facebook compró WhatsApp (2014) prometió a los organismos reguladores que no cruzaría los datos obtenidos por ese sistema con los propios. Pero violó con total impunidad ese compromiso y consumó el gigantesco almacenamiento de insumos que también han perpetrado sus rivales. La IA se ha desarrollado con esa plataforma de datos en los servidores que manejan un puñado de compañías.

La pandemia operó como el sexto determinante de la nueva etapa. Permitió concretar un salto cualitativo en la revolución digital, mediante un gran experimento de uso total de la nueva tecnología. La inesperada emergencia médica incentivó la instauración de un sistema global de comunicación instantáneo, asentado en una gran infraestructura para el seguimiento, medición y predicción de todos los comportamientos.

La IA es la fase más reciente y avanzada de la revolución digital que asumió un ritmo vertiginoso en la última década.

Las plataformas digitales permitieron procesar esa ingeniera social durante los confinamientos. Se forjó un nuevo modelo para trabajar, comprar y comunicarse, que posteriormente quedó incorporado a la vida laboral. El gran ensayo durante la pandemia permitió perfeccionar todos los mecanismos de ese novedoso esquema, que perduró en la vida cotidiana mediante los códigos QR, la bancarización forzosa y la consolidación del teletrabajo (4).

EL SECRETO DE LA DIGITALIZACIÓN

La IA es la fase más reciente y avanzada de la revolución digital que asumió un ritmo vertiginoso en la última década. Pero su origen se remonta al surgimiento de la computación en 1946, a la introducción del microprocesador en 1971 y a la generalización de Internet desde 1991. Las redes irrumpieron posteriormente interconectando a millones de usuarios y sustituyendo el almacenamiento de datos en ordenadores individuales por su localización en el espacio digital.

Ese cambio introdujo el salto más relevante en la informática y aceleró su aplicación a la industria 4.0 mediante las cadenas de valor. La fase inicial de aplicaciones informáticas a la economía y a la vida cotidiana (1985-2008), fue sucedida por la universalización de la Web como sitio organizador del desarrollo digital (2008-2022). La Inteligencia Artificial introduce el nuevo eslabón de una secuencia que siguió el intenso ritmo de internacionalización de la economía (5).

La IA irrumpió con el ChatGPT que difundió la empresa OpenAI en el 2022. Ensaya la introducción de una “máquina de aprendizaje general” inspirada en las redes neuronales, que funciona con algoritmos que imitan los sistemas biológicos. Son entrenados a partir de esa adaptación.

Su desenvolvimiento derivó de tres procesos convergentes que empoderaron a los dueños del universo digital. Primero fue la privatización de Internet y luego la apropiación de los datos. Esta confiscación siguió el precedente histórico de los cercamientos de las tierras comunales en Inglaterra, que apuntalaron la acumulación primitiva de capital. Finalmente, el aluvión de dinero que recibió la elite tecnológica de los bancos centrales luego del colapso del 2008 coronó el ascenso de la nueva casta.

La presencia de una burbuja financiera ya consumada (punto.com) y otra en gestación (IA), ilustra la repetición de un ingrediente clásico de todas las revoluciones tecnológicas. Reitera lo ocurrió con la fiebre de los canales de navegación (1797), la euforia ferroviaria (mitad siglo XIX), el optimismo bursátil con el acero o la electricidad (1890-1893), el automóvil (1920-30) y la matriz energética (1970-80). Una innovación con impacto radical y consiguiente eclosión financiera está nuevamente incidiendo en la transformación cualitativa del capitalismo (6).

Toda la actividad comercial ha quedado modificada con este nuevo patrón de conocimiento detallado de los ingresos y preferencias de los consumidores.

Las empresas que comandan ese curso se ubicaron en la cresta de la ola, manejando el hardware y el software que les permite apropiar y recopilar los datos suministrados gratuitamente por los usuarios. Primero organizaron esa información con los documentos disponibles y luego utilizaron la interacción social de las redes para capturar la totalidad de esas fuentes.

Microsoft inició esa absorción en los años ochenta, a través del sistema operativo Windows, que se transformó en el modelo emblemático de la informática. Apple complementó ese rumbo con su propio esquema y Google introdujo el principal motor de búsqueda, con varios instrumentos de interconexión (correo electrónico Gmail, plataforma audiovisual Youtube). El sistema operativo Android de los teléfonos inteligentes puso gran parte de los datos del planeta a disposición de sus captores.

Google se transformó en una máquina de recopilar y ordenar los datos. Comenzó agrupando toda la información con los documentos que ya disponibles en Internet, luego catalogó los libros (Google library Project), ordenó las noticias (Google News) y mapeó las calles, rutas y ciudades (Google Maps), hasta dotarse del instrumental necesario para dominar el negocio digital. Con ese basamento vende a las empresas los espacios publicitarios de sus plataformas, para que individualicen sus campañas y fidelicen a sus clientes.

Facebook pavimentó el mismo camino con la red social más utilizada del mundo y con la consiguiente fuente de información que aportan sus usuarios. Instagram y WhatsApp utilizan fotos, videos y mensajes con el mismo propósito de apuntalar la focalización de las ventas.

Toda la actividad comercial ha quedado modificada con este nuevo patrón de conocimiento detallado de los ingresos y preferencias de los consumidores. En este manejo radica también el éxito de Amazon, que trastocó por completo el comercio a partir de su registro de los compradores. Con su sistematización del perfil de los adquirientes, saltó de la simple venta de libros por internet (1994) a constituirse en la empresa de venta online más grande del mundo. Su manejo y conocimiento de los consumidores le permitió desplazar a los viejos gigantes del comercio minorista (Walmart, Carrefour). Actualmente participa de la carrera de la IA, luego de introducir el dispositivo Alexa para comunicarse por reconocimiento de voz.

La masificación de los teléfonos móviles desde el 2009 aportó el instrumento clave para la consolidación de las plataformas publicitarias. Ese dispositivo fue el gran secreto del predominio que inauguró Google (1998), continuó Facebook (2004), reforzó Youtube (2005) y consolidó Instagram y Twitter (2006).

La clave de ese éxito capitalista radica en la apropiación de los datos que organizan cada emprendimiento.

Otras plataformas (como Uber y Airbnb) introdujeron la gestión de activos ajenos (automóviles, departamentos), mediante la intermediación en su uso. Ese modelo desató a su vez el boom de actividades de reparto o mensajería (PedidosYa, Glovo, Rappi), que lucra con la transferencia de obligaciones y riesgos a los ejecutores de esas actividades.

LA NUEVA PLUTOCRACIA

Todos los modelos de negocios capitalistas han quedado alterados por una evolución digital, que otorga incontables ventajas al que llegó primero. Ese adelantado captura el manejo de la red que conecta a los usuarios con los nuevos servicios disponibles. La clave de ese éxito capitalista radica en la apropiación de los datos que organizan cada emprendimiento.

El manejo de la plataforma que extrae, analiza y monetiza los datos es el principal secreto de ese predominio. Exige algoritmos para confiscar la información y asegurar los clientes, utilizando la monumental infraestructura que sostiene al nuevo modelo informatizado de acumulación.

Los dueños de esos resortes se han transformado en una élite dentro de la propia clase dominante capitalista, con un poder tan mayúsculo como inédito. Conforman una pequeña minoría de ultra poderosos, que usufructúa de su control de los vectores de la información, las patentes, los algoritmos y los sistemas logísticos. Con ese manejo han logrado una descomunal gravitación sobre el resto de los capitalistas y el conjunto de la sociedad.

Han consolidado en torno a sus propios círculos, las típicas configuraciones de oligopolios que erigen barreras a la entrada al negocio, mediante la adquisición total o parcial de las empresas que despuntan como potenciales competidoras. Las principales plataformas desarrollan agresivas de estrategias de compra o asociación de los recién llegados.

Actúan con gran velocidad, cuando aparecen los nichos que amenazan la posición dominante de los plutócratas ya establecidos. Como la revolución digital se encuentra en pleno desarrollo, deben aceptar nuevos miembros en esa elite, luego de involucrarlos en la consolidación de la pirámide de poder.

Continuará…

Por Claudio Katz

Economista, investigador del Conicet, profesor de la UBA.

NOTAS

  1. Míguez, Pablo (2025) Inteligencia artificial, datos y desigualdades en el capitalismo contemporáneo REDES Revista de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología, Quilmes. ↩︎
  2. Vrousalis, Nicholas (2026). Capitalismo y Big Tech. Por una crítica de la hipótesis «tecnofeudal» https://www.sinpermiso.info/textos/capitalismo-y-big-tech-por-una-critica-de-la-hipotesis-tecnofeudal ↩︎
  3. Doña, Cristina (2026) Redes Sociales Más Utilizadas en 2026 y Cómo Elegir la Tuya
    https://metricool.com/es/redes-sociales-mas-importantes/ ↩︎
  4. Pasquinelli, Matteo (2023) La automatización de la inteligencia general ↩︎
  5. Katz, Claudio (2019) El capitalismo contemporáneo, Curso de posgrado Revolución
    Tecnológica, Clase 2 https://www.youtube.com/watch?v=GgNsJwF19JY&list=PLWfnIgBPMjuPh0oyntPlEdKiyIRfaKWq&index=2&t=27s ↩︎
  6. Mafra, Costa “et al” (2017) A tensão permanente entre expansão e crise do capitalismo: as revoluções tecnológicas e as bolhas financeiras, Rev. Text. Econ., Florianópolis, v. 20 n. 2, ago/dez. 2017 ↩︎

Las expresiones emitidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de su autor(a) y no representan necesariamente las opiniones de El Ciudadano.

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