El pueblo brasilero gana las elecciones:

Lula presidente y Brasil sigue soberano

La movilización tanto digital como callejera logró aumentar el caudal de votos en casi 10 millones y medio, pasando de 53.879.538 (45,16%) a 64.256.232 votos (51,79%), mientras que Flávio, a pesar de aumentar en casi cuatro millones de 56.104.503 a 59.826.041, quedó a una distancia de casi cinco millones de votos.

Lula presidente y Brasil sigue soberano

Por Javier Molina Johannes[1]

Hemos vivido una segunda vuelta histórica en Brasil. Nunca antes había votado tanta gente. Nunca antes se había conseguido movilizar más de 10 millones y medio de votos del primer turno al segundo; nunca antes habían quedado tan pocos indecisos. Nunca se había bajado tanto la abstención, el voto blanco y el voto nulo en un mismo proceso. Nunca antes el candidato ganador de la primera vuelta había perdido en la segunda. No existe otro gigante, sino Lula y su victorioso ejército: el pueblo brasilero.

A pesar de que la empresa META y sus algoritmos estaban jugando -comprobadamente- a favor del candidato Bolsonaro y su tropa de bandidos. A pesar de que algunos alcaldes bolsonaristas ayudaron a esconder las micros, incumpliendo la decisión del Tribunal Superior Electoral, precisamente, en las regiones lulistas. A pesar de que cancelaron vuelos para las regiones del Nordeste, justamente, donde Lula arrasa. A pesar del ataque a Nuestra Señora de Aparecida, a pesar de los pastores vende-patria, a pesar de los distintos casos de corrupción del miliciano Flávio Bolsonaro y sus amigos, a pesar de que la campaña lulista en las redes comenzó tardísimo, lo logramos.

A pesar del lloriqueo del candidato Flávio Bolsonaro, futuro fugitivo, y de sus especímenes. A pesar de los sueños por librar al padre, y traer de regreso al hermano. A pesar de que en el reducto bolsonarista, con cobertura paleolibertaria argentina incluida, habían comenzado a celebrar anticipadamente, se terminaron retirando de un verdadero velorio. A pesar de que Eduardo Bolsonaro estaba listo para una trasmisión en vivo desde Miami -sí, está exiliado desde comienzo de año, porque en Brasil tendría que enfrentar un proceso que lo llevaría preso- tuvo que guardarse sus improperios, y se retiró del estudio. A pesar de todo ello, el pueblo brasilero bajó la cuarta estrella de Luiz Inácio Lula da Silva.

La movilización tanto digital como callejera logró aumentar el caudal de votos en casi 10 millones y medio, pasando de 53.879.538 (45,16%) a 64.256.232 votos (51,79%), mientras que Flávio, a pesar de aumentar en casi cuatro millones de 56.104.503 a 59.826.041, quedó a una distancia de casi cinco millones de votos. Una inmensidad como para quejarse por los menos de 30 mil votos que se sumaron en las dos horas de prórroga. A pesar de que la narrativa del fraude había comenzado desde temprano, no hay posibilidad de deslegitimar la elección. A pesar del crimen electoral de los alcaldes escondiendo las micros, las empresas cancelando vuelos y traslados en balsas; a pesar de todo ello, Lula es tetracampeón.

A diez años del Golpe contra Dilma Rousseff, y de las miserables palabras a favor del torturador Ustra que tornaron famoso a Jair Bolsonaro, no consiguieron perpetuar a la mafia familiar en el ejecutivo. Ahora, el miliciano Flávio Bolsonaro quedó formalmente desempleado y tendrá que ver cómo logra escapar de los juicios que le vendrán, ya que no contará con fuero político, para no terminar preso con su padre. Tal como su padre, Flávio tampoco ha querido reconocer la derrota. En las últimas horas, algunos de sus principales especímenes han incitado una vez más a un Golpe. Esos mismos que habían señalado que sólo aceptarían la victoria, que si no el proceso sería fraudulento. En fin, una disonancia cognitiva que conocemos bastante bien de la estirpe bolsonarista.

De este modo, pasamos de 119.300.788 en el primer turno a 124.082.273 votos válidos en el segundo turno, es decir, casi cinco millones de votos que fueron claves. La mayor cantidad de votos en la historia del país. Así, las elecciones presidenciales demostraron que la movilización de la izquierda brasilera está más viva que nunca, tanto en las redes como en las calles. Cualquier persona que haya participado de las convocatorias durante este segundo turno, especialmente, en los días previos a las elecciones, lo sabe; sólo en São Paulo, el día sábado hubo más de dos millones de personas en las calles -estábamos ahí y es impresionante- ocupando casi 15 cuadras en el centro de la capital paulista. Ese fue solamente el último empujón del ejército de Lula.

Sólo durante la mañana del sábado 24, Lula pasó por Rio de Janeiro, con otra multitudinaria convocatoria, luego de tarde estaba en la Avenida Paulista, São Paulo, con la Constitución brasilera en mano y la bandera de ese Brasil que no es patio de nadie: “não somos quintal de ninguém”, en las palabras que Lula le dedica al emperador en decadencia de Trump. De pie, acompañado por infancias y esa diversa muchedumbre, en un ambiente festivo, aunque con justa ansiedad, pasó por toda la Avenida cantando desde el himno nacional hasta los cánticos dedicados al adversario. Y ganamos, ganó el pueblo, ganó Brasil y Latinoamérica, ganó la democracia y la soberanía. Pasan las elecciones, y cerca de las diez de la noche de ayer domingo, las distintas avenidas de las principales capitales del país comenzaban a repletarse nuevamente de un pueblo alegre de haber derrotado al Anticristo bolsonarista.

Por Javier Molina Johannes


[1] Investigador postdoctoral sobre las derechas latinoamericanas | conoce más de nuestro proyecto en Especímenes de la Reacción: @especimenesdelareaccion

Fuente fotografía


Las expresiones emitidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de su autor(a) y no representan necesariamente las opiniones de El Ciudadano.

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