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¿La economía podría ser feminista?

¿Qué aportes puede hacer el feminismo a la economía? o ¿qué capacidad de desbordar las nociones liberales económicas conlleva el feminismo? Conversamos con la economista Francisca Barriga de la Fundación Sol, quien contó como es que junto a un grupo de compañeras comenzaron a pensar una economía feminista en una escuela en que en toda la carrera tuvieron sólo una profesora. Respecto del modelo de AFPs comentó que “el sistema de pensiones chilenos no tiene sentido desde una perspectiva feminista”.

Por Mauricio

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En la entrevista de Cable a Tierra conversamos con la economista e investigadora de la Fundación Sol, Francisca Barriga, sobre economía feminista, una perspectiva crítica de la economía como la hemos entendido hasta entonces, reducida a una relación de actores económicos que sólo desean maximizar sus ganancias o provechos en los espacios de intercambio social. Desde el feminismo, según nos cuenta Francisca, están poniendo de cabezas las reglas de oro de los economistas, establecidas en su gran mayoría por hombres y que han dominado en las últimas décadas.

La economía feminista es una perspectiva crítica para abordar las ciencias económicas tradicionales.

“Una de las cosas que se propone es que no hay una verdad absoluta, a diferencia de la economía doxa y su afán de exactitud, sino que partimos desde un pensamiento situado, geográfica y culturalmente, que no busca imponer determinadas verdades”- explica Francisca.

Dicha perspectiva apuesta por trascender la perspectiva del pensamiento económico fundado en la noción del Homo economicus, que se supone una categoría universal, transhistórica, posible de emerger en toda época y lugar, definido a partir de una noción básica que establece que somos individuos autónomos, con capacidad de tomar decisiones de manera racional y que buscamos en la vida maximizar nuestro bienestar y beneficio individual.

la economía feminista lo que primero propone es que nadie es independiente y por naturaleza somos seres interdependientes y que nos necesitamos los unos a las otras”

“Se trata de cambiar el foco de análisis – comenta Francisca – porque la economía no son solamente todas la actividades mercantilizadas o monetarizadas, por lo que es necesario correr el análisis para labores y esferas que están por fuera de esta mercantilización, pero que son trascendentales para que el sistema económico funcione”.

La economía feminista se preocupa de ese modo de analizar desde una mirada crítica la ciencia económica clásica, sus métodos y sus sustentos epistemológicos, así como también su historia y sus presupuestos de investigación empíricos. Francisca contó en la entrevista de Cable a Tierra que dicha mirada surgió entre un grupo de compañeras de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, las que tras empaparse de lecturas feministas comenzaron a tomar distancia de los fundamentos normativos de una disciplina inexistente como carrera en Chile, denominándose como Ingeniería Comercial.

“Nos comenzamos a juntar compañeras principalmente de la carrera – relata – que teníamos perspectivas feministas. Nos dimos cuenta de no había nada en nuestra formación que tuviese esta perspectiva. Cual es el rol de todo lo que hace la mujer dentro de la economía. La mujer que trabaja no remuneradamente trabaja reproduciendo el bienestar de las personas, en roles de cuidados”.

Además del sesgo, la hegemonía masculina al interior de dichas carreras era evidente, según recuerda la investigadora, quien cuenta que en toda su carrera sólo tuvo una profesora mujer.

En la escuela, comenta Francisca, siempre nos dijeron que “ese Homo economicus era individualista, que pensaba siempre en su bienestar, que es raciona. La economía feminista lo renombra como hombre champiñón, que se reproduce en el mercado. Como si apareciera un día sólo, comido, bañado, educado y listo para interactuar en un mercado: esa idea de que es independiente”.

Frente a ese supuesto, que comprende a los individuos como sujetos autónomos, “la economía feminista lo que primero propone es que nadie es independiente y por naturaleza somos seres interdependientes y que nos necesitamos los unos a las otras, a través principalmente de los cuidados. Este Homo economicus tuvo probablemente uno, dos o tres mujeres que estuvieron dedicándose a formarlo, sin recibir salario o derechos sociales. Se trata así de dar valor a lo que hoy no tiene valor y hacer una crítica estructural allí: la división del espacio público del espacio privado”.

Francisca coloca un ejemplo que explica de mejor manera la complejidad de la discusión. Comenta que “si una persona hace un plato de comida y lo vende fuera de su casa, está considerado como parte de la fuerza de trabajo y entra en las estadísticas, pero si esa persona hace ese mismo plato de comida, pero dentro del hogar, no está considerado como una actividad económica, a pesar de que está reproduciendo el bienestar del hogar. Está ayudando a cuidar el bien más preciado del capital que es la fuerza de trabajo. Esta comprensión falsa te da la posibilidad de invisibilizar y desvalorizar esas labores”.

Asumiendo dicha perspectiva, Francisca nos dejó preguntas abiertas:

¿por qué el trabajo doméstico realizado durante siglos no es económico?

¿Es sólo económico lo que pasa dentro del mercado y otras acciones quedan por fuera?

¿Cuál son las explicaciones de que la mujer esté en situaciones precarias dentro del mercado laboral?

Son preguntas tan grandes como abiertas, frente a las cuales como punto de partida Francisca comenta que “la disciplina doxa no nos entregaba herramientas para comprender todo esto”.

En Chile un núcleo al interior de la Fundación Sol se abocó al desarrollo de parámetros e instrumentos para poder medir el tiempo dedicado a las tareas domésticas y de esa forma incidir en las políticas públicas. Han producido ya dos investigaciones para dar cuenta del modelo de acumulación de capital que pese a sustentarse en mujeres dedicadas a amplias tareas de cuidados, no las reconoce como labor ni valora su tiempo en su contabilidad. Francisca ha participado en ambas investigaciones, la primera realizada en Marzo de 202 y titulada “No es amor, es trabajo no pagado. Un análisis del trabajo de las mujeres en el Chile actual”, publicado en marzo de 2020; y recientemente e “¿El tiempo es oro? Pobreza de Tiempo, desigualdad y la reproducción del Capital”.

El trabajo de la Fundación Sol se suma al que viene desarrollando la Cooperativa Desbordada, la que empujó a que el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) incorporara alguna dimensión referida al trabajo doméstico en sus mediciones. Fue hecha así la primera Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) en 2015, y que se debía haber realizado cada cinco años, pero fue suspendida por el gobierno de Piñera argumentando ajustes presupuestarios en el INE debido a la pandemia.

VEA LA ENTREVISTA A FRANCISCA BARRIGA POR ACÁ:

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