El presidente brasileño autorizó el acceso a sus registros bancarios y telefónicos y los de sus familiares, y exigió lo mismo a Flávio Bolsonaro, su rival en la segunda vuelta. El desafío surgió durante el debate televisivo.
Lula pidió explicaciones por los 134 millones de reales (US$24 millones, al cambio de la época) que Flávio negoció con Daniel Vorcaro, dueño del Banco Master, detenido e investigado por un esquema de fraude financiero, para financiar “Dark Horse”, una película sobre Jair Bolsonaro. Según documentos y mensajes revelados por Intercept Brasil, se habrían desembolsado al menos 61 millones de reales (US$10,6 millones). Hasta ahora, no se ha presentado una rendición de cuentas pública y detallada que permita esclarecer el destino final de esos recursos.
El senador también fue acusado de desviar parte de los sueldos de sus asesores en el caso conocido como “rachadinhas”. La acusación fue desestimada tras la anulación de las pruebas, sin un juicio sobre el fondo. Durante el debate, afirmó que no tiene nada que ocultar, pero no confirmó que aceptaría abrir sus registros.
La disposición de Lula a someter sus cuentas al escrutinio merece respaldo. Que Flávio acepte el desafío y rinda cuentas en las mismas condiciones. La sociedad brasileña necesita saber por quién está votando.
