Vijay Prashad, intelectual marxista indio: «Nosotros queremos profundizar la democracia, no abolirla»

El pasado 5 de marzo, aniversario del nacimiento de Rosa Luxemburgo, tuvimos la oportunidad de conversar en Santiago con el compañero Vijay Prashad, a un año del inicio de la pandemia por Covid-19 y en el marco de una crisis económica mundial que no tiene precedentes en la historia

Por Wari

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El pasado 5 de marzo, aniversario del nacimiento de Rosa Luxemburgo, tuvimos la oportunidad de conversar en Santiago con el compañero Vijay Prashad, a un año del inicio de la pandemia por Covid-19 y en el marco de una crisis económica mundial que no tiene precedentes en la historia.

Prashad es un intelectual marxista, periodista, historiador y militante del Partido Comunista de la India (Marxista). Autor de una treintena de libros entre los que destacan Primavera árabe, invierno libioLas naciones oscuras: Una historia popular del Tercer Mundo, y No Free Left: The Futures of the Indian Communism, entre otros, es además director ejecutivo de “Tricontinental: Institute for Social Research”.  A lo largo de dos horas y fracción de conversación, pudimos conversar de muchos temas, varios antes del inicio de la propia entrevista como sus experiencias trabajando en Líbano en la Universidad Americana de Beirut, su visión sobre los proyectos socialistas desarrollados en América Latina durante las últimas décadas, la izquierda chilena, y las posibilidades que tendría Daniel Jadue de instalarse como un candidato fuerte a la presidencia.

El escrito que sigue es una versión revisada y resumida de parte de esa conversación, en la que hablamos sobre la importancia del internacionalismo en un mundo globalizado, pero que mantiene a la clase trabajadora dividida y aún desorientada luego de la caída de la Unión Soviética hace ya casi 30 años, sobre la forma de socialismo que se ha desarrollado en la República Popular China, las luchas y avances de la izquierda en la India, y las derrotas de la izquierda en los países del Tercer Mundo.

El internacionalismo fue durante mucho tiempo parte central de la tradición revolucionaria, sin embargo, hoy muchas personas parecieran verlo como algo del pasado. ¿Cuál crees que es su importancia hoy, en un escenario marcado por una aparente rivalidad entre nacionalismo y “globalismo liberal”?

-Creo que partiré diciendo que objetivamente una de las mayores enseñanzas de la globalización ha sido la socialización del trabajo. Marx escribió en el capítulo 32 de la versión en inglés de El Capital -con el tiempo descubrí que El Capital tiene distintas divisiones en capítulos dependiendo del idioma, no sé por qué- sobre los avances de las fuerzas productivas: mecanización, mejores aplicaciones de la ciencia, y una es la socialización del trabajo, cuando el trabajo se integra dentro de un territorio nacional, una región y a nivel mundial.

Así, hoy es posible decir que las personas trabajando en Chile están objetivamente relacionadas con aquellas que viven en todas partes. No es posible decir que el trabajo de alguien está constreñido a una sola nación: los mineros chilenos que sacan cobre extraen una materia prima que se incorpora a una cadena internacional de producción que genera todos los bienes electrónicos del mundo, entonces hay un residuo del trabajo socializado chileno en diferentes aspectos de la producción mundial.

Segundo: no puedes imaginar un gobierno, luego de 1945 al menos, que esté aislado del mundo. Chile es un Estado firmante de la Carta de Naciones Unidas de ese año, lo que significa que está obligado a seguir lo que otros casi 200 países [deciden], según lo que está estipulado en ella. Entonces, no sólo en términos económicos, sino que también políticos, no hay algo como “un solo país”, sino que hay un aspecto global que los une. En estos aspectos, el internacionalismo es una realidad en todos los países. No es que queramos crearlo, Chile ya está integrado en la socialización del trabajo: cobre, nitrato, litio, no producen estas cosas para ustedes mismos sino para exportarlo, eso significa que su trabajo ya está internacionalmente socializado.

Entonces la pregunta no es si debemos o no ser internacionalistas, porque no podemos no serlo. Ahora ¿cómo debemos vernos a nosotros mismos? Cada izquierdista debe resolver un conflicto en su propio país, su principal lucha está dentro de sus fronteras porque está luchando contra su burguesía local. No es algo sorprendente, se intenta llegar al poder estatal, pero no puedes lograr eso sólo peleando en tu país.

Primero porque somos débiles, necesitamos la solidaridad activa de otros lugares, no emocionalmente sino políticamente. Otros países pueden poner presión sobre el tuyo si la izquierda se articula internacionalmente. Segundo, no somos una “izquierda patriotera”, la clase trabajadora chilena no es sólo nacional, hay muchos inmigrantes de muchas partes, entonces si tomas una posición nacionalmente restringida, no estás entendiendo a tu propia clase trabajadora, que no es sólo “chilena” desde este punto de vista.

Una conciencia internacionalista entonces es fundamental para la izquierda porque se necesita ser solidario y recibir la solidaridad desde otros países, y porque si bien luchas en un país, no estás contenido sólo en ese país, y además traes otros problemas sub-nacionales: la lucha mapuche, por ejemplo. No puedes tener un proyecto nacional sin lidiar con ese conflicto.

El internacionalismo entonces es un aspecto fundamental para cualquier proyecto de izquierda. Es una muy interesante situación dialéctica.

Pensando en la relevancia que ha adquirido la rivalidad global entre EE.UU. y China, que sin duda va a marcar el panorama internacional durante varios años, ¿cómo podemos entender el proyecto socialista chino, o más en general a las llamadas “economías socialistas de mercado” (China, Vietnam, Laos) desde un punto de vista marxista? ¿Cómo dialogan estas propuestas con otras experiencias más “ortodoxas” como la URSS o Cuba?

-Lo primero que hay que entender es que todas las revoluciones de izquierda sucedieron en países pobres. Una de las cosas que Marx asumía era que el avance de las fuerzas productivas entraría en contradicción con las relaciones sociales de producción, generarían una crisis y por lo tanto una situación revolucionaria. El problema fue que la primera revolución socialista ocurrió en un país en donde las fuerzas productivas no se estaban desarrollando: Rusia.

Lenin, quien tiene grandes obras, especialmente su trabajo sobre el imperialismo, dijo que en una situación colonial nunca se desarrollarían de manera suficiente las fuerzas productivas, por muchas razones, pero el punto es que el proyecto comunista debe tomar un punto de vista de liberación nacional, y derrotar al colonialismo, tomar el poder y luego la izquierda tiene que enfrentar el desafío de incrementar las fuerzas productivas, socializar los medios de producción y mejorar el nivel de vida de la gente. Todo al mismo tiempo, partiendo de un piso de pobreza. ¡Es muy difícil!

Entonces, el proyecto comunista en lugares como Rusia, Vietnam, Mongolia, ha tenido que enfrentar situaciones mucho más difíciles que cualquier intento de revolución europea. Porque hay que recordar que no hubo una revolución alemana, inglesa, francesa, de tipo socialista, ni tampoco en EE.UU. o en Canadá, la revolución sólo sucedió en países pobres, donde no puedes hacer la revolución y luego socializar la pobreza, somos marxistas no utópicos, tienes que desarrollar las fuerzas productivas.

Entonces, qué hicieron en China. Entre 1949 y 1978 mejoraron inmensamente las condiciones de vida de la población: educación, analfabetismo, salud, hambre, hubo tremendos avances. Si comparas ambos períodos entre China y la India, el gobierno comunista puso gran énfasis en mejorar las condiciones básicas de la gente, por lo que estaban mejor alimentados, educados y eran menos miserables, eso es enorme.

Cuando se critica a los chinos hay que recordar que estuvieron en guerra entre 1937 y 1949, cuando en Europa la guerra partió dos años después, y terminó cuatro años antes, y después de eso tuvieron que construir el socialismo, con el país destruido y millones de muertos a cuestas. Entonces cuando intelectuales occidentales critican a los chinos o a los cubanos por sus revoluciones, la pregunta es ¿bueno, pero qué revolución han hecho ustedes?

La gente que dice que China no es un país socialista, o Vietnam… Vamos, los bombardearon durante años, usaron armas químicas en toda el área agrícola central, y luego les dicen que están liberalizando la economía y por eso no son socialistas. ¿Es en serio? Heredaron un país destruido por armas químicas y están tratando desesperadamente de innovar, y dicen de manera franca que no tienen todas las respuestas. Lo dice el mismo Ho Chi Minh. El problema es que las respuestas no están en Marx o en Lenin. Lenin no tuvo que construir el socialismo en un país inundado con agente naranja lanzado por EE.UU., por eso es importante innovar.

Mi punto es sobre cómo entendemos otras sociedades y sus proyectos. En 1978 los chinos deciden abrir ciertos sectores, esto es muy interesante porque lo que hacen es que permiten el ingreso del capital extranjero, pero solo si les enseñan ciencia y tecnología, algo que muy pocos países hicieron. Entonces entre 1978 y 2013 mejoraron sus capacidades tecnológicas y científicas de tal manera que en 2013 tenían la mejor tecnología en energía verde, trenes de alta velocidad, telecomunicaciones etc., áreas donde están una o dos generaciones adelante de Occidente.

Cuando Xi Jinping asume el mando, por un lado, hereda esta mejora del bienestar social del pueblo chino y también esta teoría de Deng Xiaoping de “traigan la ciencia y la tecnología”, entonces China tiene un sector manufacturero local que está adelante del “Oeste” pero una parte de él es privada, como Huawei, ¿por qué? Porque su objetivo es derrotar la pobreza.

De hecho, bajo el liderazgo de Xi Jinping entre 2013 y 2020, el gobierno chino puso mucha presión para mejorar las condiciones de vida y acaban de declarar la eliminación de la extrema pobreza en el país. ¡Eso es asombroso! Mira India, o Chile, es un país de 17 millones de personas, deberían estar avergonzados de tener pobres en sus calles con tantas reservas de cobre. Deberían estar más concentrados en superar la pobreza que en criticar a los chinos por Hong Kong.

-Déjame darte un ejemplo con Cuba y luego vamos con China, creo que es mejor para ilustrar la idea. Luego de la invasión de Bahía Cochinos el gobierno cubano liderado por el PC creó los Comités de Defensa de la Revolución, [y desde] entonces todo barrio tiene su CDR, que no es un organismo gubernamental. El Caribe, como todos saben, es una región con muchos huracanes. En 2017, cuando Puerto Rico, una colonia de EE.UU., fue golpeada por un huracán, toda la electricidad se cortó por meses, pero en Cuba los CDR desmantelaron las líneas eléctricas antes, y luego de que pasara la tormenta las volvieron a colocar, recuperando la energía rápidamente. Es una muestra de los beneficios de la descentralización de una sociedad socialista, en un grado que muchos simplemente no creerían, en comparación con un país capitalista con los servicios privatizados.

En China, de manera similar, la sociedad se organiza alrededor de comités de barrio. Cuando la pandemia golpeó a Wuhan hubo una cuarentena masiva decretada por el gobierno. ¿Qué pasó con la gente? Los comités fueron puerta por puerta preguntando si necesitaban comida o medicinas y se prepararon, entonces si creen que en China todo depende del Estado tienen una idea muy errónea de la realidad. Hay 1.300 millones de chinos, no van a esperar que el gobierno actúe en una situación como esa, tienen una sociedad altamente organizada con todo tipo de grupos. En India también, hay clubes deportivos, artísticos, de lectura, y cuando hay algún desastre todos se involucran.

¿Qué pasa en el Occidente avanzado? Que gran parte de la vida social ha sido mercantilizada, con fundaciones, negocios, ONG’s, su trabajo es hacer esto, entonces el resto es desmovilizado, el trabajo voluntario desapareció, mientras que en China o Cuba ves mucha actividad voluntaria.

Cuando pensamos en internacionalismo pensamos en Cuba y sus misiones en África o en sus brigadas de salud, o en la participación de los militantes chilenos en las luchas revolucionarias en Centroamérica, con un compromiso moral muy fuerte. Pero si vemos las relaciones exteriores de China las voces críticas plantean dos aspectos: que mantienen relaciones con cualquier gobierno sin preferencia por los de tendencia socialista, y que las dinámicas que generan con países pequeños a través de iniciativas como “la nueva ruta de la seda” pueden ser de subordinación

-La verdad es que China tiene una larga historia de internacionalismo en África, por ejemplo, con Tanzania; alguna vez fue bizarra, porque en un principio apoyaron grupos armados, pero luego se arrepintieron, y en el reciente período es bueno mencionar que médicos chinos han actuado en todo el mundo ayudando en Palestina; la vacuna Sinovac ha sido repartida a muy bajos precios, casi a costo, sólo que no es tan conocido como las misiones cubanas.

Ahora, el gobierno chino ha dicho que a la hora de relacionarse con otros países no van a intervenir en su política interior, no importa si es Sebastián Piñera, Jair Bolsonaro o Nicolás Maduro, porque despliegan relaciones internacionales con Estados, establecen vínculos comerciales, etc. Y está bien, intentan no usar el comercio políticamente.

Por otro lado, tienen una teoría de inversión paciente, por ejemplo, en Venezuela, que parte desde Beijing, pero también desde empresas privadas chinas. Saben que no habrá un retorno inmediato, pero están construyendo relaciones con el país. Otro caso es cuando entregan asistencia a Bolivia en el lanzamiento de un satélite o desarrollando la explotación de litio y la producción de autos eléctricos de forma local.

Hubo un artículo en The Atlantic Magazine diciendo que el argumento de la trampa de la deuda china era un mito, y no es una revista pro-china, al contrario, pero si ves los tratos que están haciendo no son como los del FMI, sino que dicen “aquí está el dinero, desarrolla tus sectores, nosotros nos beneficiaremos, pero ustedes también”, y llaman a esto “beneficio mutuo”.

Entonces es una alternativa a las organizaciones internacionales tradicionales, porque los chinos no piden exclusividad, que es lo que el gobierno de EE.UU. ha tratado de hacer al establecer condiciones para entregar apoyo monetario: no pueden hacer tratos con China, o con Huawei.

En este período de transición yo estoy de acuerdo con tener opciones, porque tienes que tener tu proyecto nacional, y lo que necesitamos es trabajar para tener el mejor acuerdo, cualquier movimiento revolucionario debe buscar eso, no bajo la idea de campos enfrentados, y los chinos precisamente están en esa posición. Es una postura madura, no sectaria.

Hay una parte de la izquierda mundial que acusa a los chinos de no ser suficientemente sectarios, y me parece absurdo, al final los chinos permiten que cada uno forje su propia política, sin dictar los términos. Sí, prestan capital, pero nosotros lo necesitamos.

Cambiando de tema, en nuestro país no es mucho lo que se sabe sobre la situación de la izquierda en la India y las luchas populares en India. También supimos que el año pasado hubo una gran huelga general con cientos de millones de personas participando.

-Bueno, desde 1991 la clase dominante de India ha perseguido una agenda de liberalización que esencialmente significa una aplicación específica del neoliberalismo. Ante ello ha habido manifestaciones masivas del pueblo de manera periódica.

Así, 10 federaciones sindicales se unieron hace 10 años para hacer huelgas generales anuales para protestar contra esta agenda, y cada año el número de personas que participan aumenta, por lo que cada año hay un récord mundial, jajaja. El año pasado, el 26 de noviembre de 2020, participaron 230 millones de personas, e incluso la burguesía acepta estos números.

Ahora esto no significa que sean izquierdistas, no exageremos, eran trabajadores de diferentes sectores con sus intereses y problemas particulares. Ese mismo día comenzó la revuelta campesina, que hoy precisamente cumple 100 días, y quiero recalcar esto porque yo soy miembro del Partido Comunista de India (Marxista), pero entiendo que mi partido y otros partidos de izquierda, no manejamos la historia por nosotros mismos, estamos con el pueblo, buscamos desarrollar su lucha, entregamos asistencia y dirección, creemos en la política leninista, pero no sustituimos al pueblo y a la clase obrera. La clase obrera, el campesinado lideran, nosotros proveemos claridad ideológica, pero no la imponemos, es una distinción importante. Nuestros partidos existen para darle claridad política y confianza en sus propias fuerzas a la clase trabajadora.

Entiendo que hay al menos dos partidos comunistas con categoría de organizaciones nacionales, está también la guerrilla naxalita, y luego otras organizaciones a nivel estatal.

-Obviamente la izquierda va a estar dividida, porque estamos tratando de entender el mundo y de generar una estrategia para transformarlo, entonces vamos a tener diferencias porque hablamos de algo que es muy difícil. La derecha por el contrario busca preservar el mundo, entonces no tienen diferencias al respecto, quieren dejar las cosas como están. La gente se ríe y dice “ustedes en la izquierda siempre están divididos”, obvio porque tenemos una tarea mucho más complicada, ellos no tienen desafíos.

A mí no me complica la división en la izquierda, es una necesidad porque hay diferentes aproximaciones hacia la realidad actual y cómo cambiarla, es lógico que existan. Yo por ejemplo estoy totalmente en desacuerdo con los naxalitas, creo que no es momento para la lucha armada ni estamos preparados para ello, la India es un Estado burgués moderno con una gran capacidad para aniquilar a cualquier oposición armada y ellos han sido aniquilados: el Partido Naxalita, el mayor partido maoísta en el país, ha sido incapaz de sostener una convención. ¿Cómo eres una organización marxista sin poder reunirte, discutir tu línea, escoger al liderazgo? Porque están muertos, o presos.

Mientras haya espacio para desarrollar una alternativa de izquierda en un sistema burgués, debes utilizarlo, no puedes alienarte de la democracia, nosotros queremos profundizar la democracia, no abolirla, la democracia es un principio en el que creemos. Yo de hecho admiro lo que la izquierda chilena está haciendo, tienen un candidato presidencial, alinéense detrás de él, tomen el poder, vean qué tan lejos logran llegar. Sabemos que hay límites a lo que se puede lograr, pero sin intentarlo no es posible saber hasta dónde podemos transformar nuestros países. Y vamos a cometer errores, siempre, porque la política comunista no es perfecta, tenemos que luchar en realidades difíciles.

Algo en lo que siempre choco con algunos intelectuales de izquierda es en el deseo de sentarse en sus principios, pero si te sientas mucho tiempo no caminas. Entonces tienes que aprender a aplicar los principios y algunas veces tienes que llegar a un compromiso, y si ves que te estás alejando mucho tienes que devolverte, como cuando navegas en el mar. Un error muestra que lo intentaste, pero si no lo intentas, nunca lograrás el éxito en lo que quieres hacer, porque de cada error vamos aprendiendo.

Cuéntanos sobre la experiencia en el Estado de Kerala en India, entiendo que acaban de ganar las elecciones nuevamente

Kerala es un Estado de 36 millones de personas, el doble de Chile, y tiene un gobierno comunista desde hace dos períodos, encabezado hoy por Pinarayi Vijayan, un líder comunista del que nunca has escuchado pero que es uno de los comunistas más importantes actualmente. Kerala es una sociedad altamente letrada y con grandes organizaciones de masas, porque a eso se ha dedicado la izquierda en la región. Ahí los comunistas no gobiernan el Estado de arriba abajo, sino que las organizaciones de masas se involucran; por ejemplo, en la pandemia fueron esos espacios los que apoyaron la distribución de alimentos a grandes escalas para la gente en cuarentena por el Covid-19. Una de las claves del comunismo en Kerala no está en el poder estatal, sino en el trabajo de masas que desarrollan los militantes.

Además, desde los 90 los comunistas impulsaron un proyecto para descentralizar el poder, fortaleciendo el papel que estos organismos pueden desarrollar, y por ejemplo es muy diferente a lo que viven en Chile. Acá tienen dos dictaduras: una del Capital y otra del Estado. El otro día fui a tomarme un PCR y fue terrible, todo está privatizado, mucha burocracia, me pedían un RUT, pero yo no soy ciudadano por lo tanto no tengo RUT. En Kerala es totalmente diferente.

-¿Y qué pasa con Nepal? Los comunistas ganaron la guerra civil, luego la Asamblea Constituyente y las elecciones, unificaron el partido y son gobierno. ¿Qué podemos observar de su experiencia?

-Bueno, ningún contexto nacional es similar a otro. En el caso de Nepal se encuentra entre China e India con los Himalayas entre medio, es muy pobre, aunque ahora encontraron uranio por lo que puede que cambie un poco la situación. En Nepal la izquierda estaba dividida respecto a la lectura de la situación en el país, pero cuando la monarquía nepalesa se suicidó -literalmente, porque uno de sus miembros entró al palacio y asesinó al resto de la familia- las diferentes facciones izquierdistas habían llegado a un acuerdo para trabajar juntos.

Así, hace cuatro años varios grupos se unificaron en el que llamaron Partido Comunista de Nepal y ganaron 2/3 o más del Congreso. Pero durante este período no pudieron desarrollar su agenda debido a tensiones internas en la organización, por lo que ahora están en un conflicto constitucional debido al enfrentamiento entre dos alas diferentes del partido comunista que tiene paralizado al Estado.

La unificación de varios partidos siempre es difícil, lo que queda demostrado en que ganaron de manera muy mayoritaria las elecciones, pero no pudieron cumplir sus objetivos no por la oposición, sino que debido a las diferencias que tienen entre ellos.

No hay que exagerar la situación, si bien han obtenido importantes logros en estos años, la verdad es que hay que ver cómo solucionan esta crisis; yo soy una persona pragmática, no debemos subestimar las dificultades ni exagerar nuestros logros.

Esto no significa que sea reformista o gradualista, sólo soy práctico, porque esto va a tomar tiempo. No se trata de derribar un gobierno y tomar el poder, tienes que ganarte a la gente, es lo que Gramsci nos enseña, hay un largo camino en las instituciones, una batalla de ideas. Ahora estamos sentados en un parque con gente alrededor y la mayoría pensaría que estamos locos porque están sumidos en la ideología burguesa, entonces hablamos de una tarea titánica. No puedes solo decir “vamos a ganar porque tenemos la razón”. ¿Según quién? Todos dicen que estamos equivocados y locos.

Estamos comprometidos porque creemos que nuestra teoría es correcta, pero nuestro trabajo es duro e intenso y eso lo debe tener claro la gente que venga a nuestro movimiento, una cosa es sentarse en una silla y criticar a todos los demás, otra cosa distinta es observar las contradicciones de nuestra sociedad, y cuando participas en la construcción de un mundo distinto, cuando militas y trabajas en organizaciones de masas, desarrollas humildad hacia lo que otras personas están haciendo.

En otra materia, durante los últimos años ha habido expectación por lo que gente como Bernie Sanders o Jeremy Corbyn hicieron en EE.UU. y Reino Unido, también por la experiencia de Syriza y Podemos, pero pareciera que la mayoría de estas organizaciones socialistas del “Primer Mundo” van en declive. ¿Qué sucede en esos países que la izquierda no logra despegar?

-La verdad creo que debemos sentir pena por ellos porque es difícil construir un proceso revolucionario en Europa. Tengo muchos camaradas allá, compañeros que han luchado toda la vida por el socialismo, no tengo una visión sectaria sobre ellos, pero hay limitaciones porque hay una tendencia en los países desarrollados a que la izquierda termine adoptando posiciones socialdemócratas ya que allá tienen las condiciones de crear Estados de Bienestar, a diferencia de los empobrecidos Estados del Tercer Mundo.

Entonces la socialdemocracia tiene una posibilidad objetiva de existir en los países europeos y en Norteamérica, porque pueden redirigir parte de la riqueza socialmente generada hacia el Estado. Siempre hay una trampa ahí, de que la izquierda cuando crezca avance hacia la socialdemocracia. En Chile no, porque no puedes crear viviendas públicas como en Reino Unido, por ejemplo, o tener un sistema público de salud eficiente y de calidad bajo este marco de acción.

Hay gente que fantasea sobre la socialdemocracia en Europa, pero se engañan, porque el límite en su política es muy estrecho y lo demuestran una y otra vez. Siempre terminan asumiendo posiciones social-imperialistas respecto a los países del Tercer Mundo, Venezuela, Cuba, etc.

Entonces, es positivo cuando surgen grupos como Podemos o Syriza, o políticas como Alexandria Ocasio-Cortez, pero la verdad es que ella mantiene posiciones socialdemócratas. No tengo nada contra ella, pero tenemos que tener claras sus limitaciones.

Para finalizar, cuéntanos un poco sobre el Instituto Tricontinental.

-En 2015 estaba en una reunión en Brasil, llamada “Dilemas de la Humanidad”, en la que se discutió sobre las limitaciones del internacionalismo. Uno de los proyectos que emergieron de ahí fue la creación del proyecto “Asamblea Internacional de los Pueblos” que se va a hacer público ahora con 200 organizaciones políticas incluyendo el Partido Comunista de Nepal. El Instituto Tricontinental es una institución de investigación ligado a este proyecto, no somos una organización autónoma, y nuestro objetivo es recuperar nuestra tradición internacionalista, entender el presente y ver las posibilidades para el futuro.

Debido a la disolución de la Komintern en 1943, a la posterior división de la izquierda mundial y a la caída de la URSS, hemos visto un declive del internacionalismo, no tenemos un centro mundial y quizás no lo necesitamos, pero sí necesitamos cierto tipo de conexión o articulación. Entonces este Instituto busca amplificar diferentes movimientos a lo largo del mundo.

Por Felipe Ramírez

Fotografía: Carolina Olmedo C.

Felipe Ramírez es Presidente de la Asociación de Funcionarios de la Universidad de Chile, Servicios Centrales, y militante de Convergencia Social, así como integrante del Comité Editorial de Revista ROSA.

Publicada originalmente el 22 de marzo de 2021 en revistarosa.cl

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