Pensar la realidad como algo a transformar: Lucrecia Martel

 

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La directora en el rodaje de Zama.

Lucrecia Martel fue parte de los festejos por el vigésimo aniversario de la INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo). El fin de semana pasado, en la provincia argentina de Salta, recibió un premio, otorgado por aquel organismo nacional, porque su obra interpela a los poderosos, habla de los dominantes y de los oprimidos, de postergaciones de género, de relaciones desiguales. Al respecto, la artista dijo «El cine es un discurso público y, cuando yo empecé, lo hice con plena conciencia de que era la forma que yo había encontrado de participar en la vida comunitaria. Uno sabe cuál es su motivación, pero es difícil predecir si va a ser efectivo o no. Este premio no me confirma la utilidad de mis películas, pero me consuela bastante, como ningún otro premio».

Sobre la discriminación, Martel —directora de cine mujer, uno de los motivos por los que ha experimentado la discriminación en carne propia— opinó que, en el fondo, las distintas formas de expresión de la violencia son «manifestaciones de una ignorancia de gran prosapia, heredada por generaciones. Por eso es tan importante la educación. La educación, la buena educación, le devuelve a las personas su posibilidad de pensar la realidad como algo a transformar. Nada es así, lo hacemos así. La ignorancia, en definitiva, es la madre de la impotencia política, de la mezquindad de clase, de la intolerancia religiosa».

Hoy en día, la directora de La ciénaga (2001), La niña santa (2004) y La mujer sin cabeza (2007) se encuentra rodando Zama, una adaptación de la novela homónima del mendocino Antonio Di Benedetto. La filma en la provincia de Formosa y la produce Almodóvar. Lleva semanas trabajando con el barro a la rodilla, días con el agua a la cintura, tratando con hablantes de lenguas distintas: español, pilagá, qom, portugués, guaraní, francés de haitianos. Según comentó, este es el rodaje más significativo de su carrera.

Y agregó «Ojalá Zama, la película, pueda ofrecerle al espectador una posibilidad de percibir, por otros medios —que son los de la imagen proyectada y el sonido disipándose en nuestros oídos—, esta cuestión: todo lo que tenemos está en tiempo presente y esa es la mejor herencia que pueden dejarnos y que podemos dejar».

Zama es una de las filmaciones que más expectativas ha generado en la industria del cine argentino, en el último tiempo. Las tres películas anteriores de Martel marcaron una huella y abrieron un camino a realizadores y espectadores. Ahora, por lo pronto, como el protagonista de esta historia (que es, esencialmente, un sujeto que espera), solo nos queda esperar, en este caso, la todavía incierta fecha de estreno.

 

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