Registro de Existencia: Un tal Hugo Cortéz

El documental de Guillermo González se estructura mediante un relato episódico que nos revela el trabajo del artista visual G

Por Wari

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Artes / Cine / documentales

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El documental de Guillermo González se estructura mediante un relato episódico que nos revela el trabajo del artista visual G. Colón y la reconstrucción de desechos que realiza en sus obras plásticas.

De este modo aparece La Zona, lugar en las cercanías del puerto de Valparaíso donde se acumula basura y objetos rotos de diversa índole. En este sentido, el tratamiento de imagen nos habla de una cierta búsqueda, en la cual la cámara recorre el espacio repleto de escombros con una cierta avidez.

El sonido del viento nos entrega, también, una cierta sensación de misterio, como si Colón fuera un arqueólogo que intenta encontrar una verdad e historia escondida dentro de La Zona. Y esto es precisamente lo que ocurre: el hallazgo.

En este sentido, Registro de Existencia de un tal Hugo Cortés es un nombre ilustrativo del doble dispositivo que se juega en la película, y que, de manera más amplia, podríamos decir que nos habla sobre la labor documental y su dispositivo narrativo. Es así como, por un lado, estaría la reconstrucción del trabajo de G. Colón, en su investigación para encontrar a Hugo Cortés.

De esta forma el film nos va entregando pistas que nos remiten a la vida de aquel hombre. De a poco podemos identificar su rostro y nos sumamos como espectadores en la búsqueda de su existencia, para luego verlo envejecer en las fotos que desechó algún día en La Zona.

Finalmente, el registro termina en una muestra realizada por el artista visual. Ésta llevaba por nombre, precisamente, el mismo título que la película de González. En la exhibición podemos ver el carácter ficcional que asume Colón con respecto al relato que hace de la vida de Cortés. Y precisamente, es en este dispositivo de reconstrucción que González parece hacer un comentario sobre su propia labor como documentalista. Esto porque es imposible, dice Colón, separar aquello que realmente pertenece a Cortés y aquello que forma parte de la ficción efectuada por él.

Por otro lado, el título nos hablaría sobre la narración que realiza el documental en sí, la cual es más amplia que tan sólo recomponer el hallazgo del artista. Se trata de mostrarnos un proceso del cual la vida de Hugo Cortés es ilustración, el que comienza durante los años 30’ en Valparaíso y que tiene una línea difusa de término: la modernización del puerto.

Técnico de cabecera en los prostíbulos de Valparaíso, Hugo Cortés se dedicaba a reparar las radios que solían descomponerse constantemente en las fiestas de mitad de siglo. Con la tecnología, dice, “nos cortaron las manos”. Su labor se volvió insignificante e inútil. Es así como en el documental, su retrato es testimonio de una vida y profesión en proceso de extinción a causa de una técnica avasalladora. El progreso, nos dice Cortés, abandona al ser humano y lo convierte en un objeto desechable.

La Zona es, entonces, el cementerio de aquel progreso, el testimonio de la descomposición de su técnica. La labor de G. Colón, por el contrario, es la posibilidad de subversión, la necesidad de reconvertir los objetos no por su utilidad sino por su misma existencia. El ejercicio de la memoria, por lo tanto, se conforma como una de las razones por las cuales el trabajo de Colón, y por extensión del documental, adquieren trascendencia.

Finalmente, cabe mencionar que el documental ha participado en diversos certámenes como el Festival de Cine de Viña del Mar y el Festival Cine de Lima. Siendo ganador, además, del premio a Mejor Película y al Mejor Diseño Sonoro en la segunda versión del Festival de Cine B.

Dirección: Guillermo González
Guión: Bruno Cuneo
Año: 2009
Duración: 46 min.

Por Isabel Orellana

Publicado en Filmonauta N°3

El Ciudadano


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