Frente a este panorama mundial de alta beligerancia entre las potencias del mundo, la solución más factible es que en cada país en que estas potencias tienen intereses en materias primas claves para su encadenamiento productivo, se creen espacios de participación económica plurinacionales, no discriminatorios, donde el estado poseedor del recurso natural, sea socio en un mínimo de un 51% de los procesos productivos para evitar a inicios de este nuevo milenio una neocolonización.