Chile, tras la cegadora soberbia de los años de la transición y de las desatadas cifras de crecimiento económico, ha entrado en un proceso de fatiga y franca regresión. Los grandes consorcios, que siguen acumulando riquezas pese a la inercia económica, lo hacen en medio de la incertidumbre y proyecciones de corto plazo. Bajo ellos, una nación contusionada que soporta inéditas y crecientes cifras de desigualdad. Incluso el proceso de reducción de pobreza se interrumpe.