Financial Times publica editorial en que pide a Albemarle y Soquimich “producir litio en forma sustentable”

"La transición energética global hacia las energías renovables necesita litio sin ningún signo de interrogación sobre los impactos de su extracción", afirmaron desde el medio internacional.

Por Opazo

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Chile / Medio Ambiente / Minería / Regiones

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Cada cinco semanas, una flota de buses equivalente a la de Londres empieza a transitar en las calles chinas, según el World Economic Forum, lo que representa a cerca de 10.000 vehículos eléctricos nuevos que funcionan con baterías de litio y otros productos químicos.

Ante este punto de inflexión en la transición energética global, no es de extrañar que los impactos socioambientales de la extracción de litio en lugares como el Salar de Atacama en Chile hayan llamado la atención mundial.

Allí, la Sociedad Química y Minera (SQM) y Albemarle producen un tercio del suministro mundial de litio a partir de las salmueras que se encuentran debajo de la corteza del salar. Desde hace tres décadas, han sacado el litio bombeando salmuera hacia unas piscinas donde se evapora el agua y se eliminan las impurezas, para luego producir químicos de litio que son utilizados en las baterías.

SQM y Albemarle tienen historias de operación bastante diferentes en el Salar de Atacama. Albemarle decidió expandir sus operaciones en 2009 y se sometió a una evaluación de impacto ambiental pública antes de que el proyecto fuera aprobado, después de siete años.

Simultáneamente, Albemarle obtuvo su licencia para operar mediante un proceso mediado profesionalmente con el pueblo indígena Atacameño del salar. El mismo año en que obtuvo su permiso ambiental, la empresa llegó a un acuerdo con los atacameños, que incluye un royalty de 3,5% sobre las ventas de productos de litio y garantiza que los propietarios originales del recurso se sientan compensados por el aprovechamiento de la riqueza que está bajo sus pies.

La historia de SQM ha sido diferente. En 2017, las comunidades del salar se sumaron a la formulación de cargos ambientales de la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA), en contra de SQM, acusada de haber extraído más salmuera de la que tenía derecho, causando un supuesto daño ambiental.

A pesar de dicho reclamo, la SMA aprobó el programa de cumplimiento ambiental actualizado de SQM en 2019, pero las comunidades no se quedaron de brazos cruzados y apelaron a la decisión de la SMA ante el Tribunal Ambiental de Antofagasta, el cual rechazó finalmente el programa de cumplimiento de la empresa citando “incertidumbres científicas”.

La SMA y SQM apelaron esta decisión ante la Corte Suprema, desistiendo el 12 de agosto, un día antes a la fecha prevista para las audiencias. Esto fue considerado como una victoria por algunas comunidades atacameñas, pero los recientes desarrollos judiciales sugieren que SQM ha tomado la iniciativa para llegar a un acuerdo con el regulador para mejorar su programa de cumplimiento y evitar las sanciones.

La SMA no solo ha vuelto a trabajar junto a SQM en un nuevo programa de cumplimiento, sino que está preparando un nuevo plan de gestión a gran escala para el salar, que incluye a Albemarle, y dos mineras de cobre (MEL y Zaldívar). El punto es que SQM se encuentra negociando licencias sociales y ambientales simultáneamente.

La principal preocupación argumentada en los litigios mencionados es que si se bombea salmuera del salar demasiado rápido, y si se permite que bajen los niveles de salmuera, las lagunas salobres que se extienden en el borde oriental del salar podrían destruirse.

Esto podría tener consecuencias desastrosas para estas vegas biodiversas protegidas por la Convención de Ramsar de 1971, sobre humedales de importancia internacional. En efecto, las lagunas del Salar de Atacama albergan desde estromatolitos (estructuras minerales bioconstruidas) que transformaron la atmósfera del planeta hace 3.500 millones de años, hasta camarones en salmuera y plancton que sustentan a tres especies diferentes de flamencos.

Independiente de lo que haga la SMA, el signo de interrogación debajo del salar permanece: si los niveles de salmuera caen por debajo de los límites aceptables, SQM y Albemarle deberán reducir la velocidad o detener el bombeo de salmuera. Así, mientras esto siga siendo una amenaza que podría materializarse debido a dos eventos lluviosos que dejen de ocurrir, SQM y Albemarle serán rehenes de la hidrogeología del Salar de Atacama.

Este riesgo es mucho más a corto plazo de lo que la mayoría cree. En los últimos años, al menos una de las empresas detectó caídas en el nivel de salmuera lo suficientemente significativas como para requerir reducciones en la tasa de bombeo según informó el sitio web del Sistema Nacional de Información de Fiscalización Ambiental de la SMA.

El riesgo ambiental de que se produzca una caída en los niveles de salmuera es importante para ambas empresas, que tendrían dos opciones para mitigarlo. La primera es reducir las tasas de bombeo de salmuera y actualizar las tecnologías de procesamiento, de modo de aumentar la recuperación y producir la misma cantidad de litio que ahora.

Además de implicar el uso de reactivos para eliminar las impurezas en los estanques de evaporación, aumentando la recuperación de litio del 15-40% al 50-60%, esta vía no es una garantía de que los niveles de salmuera se mantengan por encima de los límites aceptables.

La segunda opción es extraer litio de la salmuera y volver a inyectar la salmuera sobrante nuevamente en el salar, un método llamado extracción directa de litio o DLE. Cualquiera de estas opciones implica la extracción de menos potasio por parte de SQM, pero esto puede ser un mal necesario para poder continuar operando.

Hacer modificaciones a la tecnología de extracción puede ser la única forma de gestionar el riesgo de interrupción operativa causada por la caída de los niveles de salmuera, y el DLE puede ser la mejor forma para que ambas empresas se crezcan sin incurrir en impactos ambientales severos.

Es importante destacar que el DLE es un procedimiento maduro. Livent, una empresa estadounidense que opera un proyecto de salmuera a unos 200 km de distancia del Salar de Atacama, en Argentina, ha estado utilizando un proceso DLE en su operación durante más de dos décadas. Si este tipo de tecnología funciona en los suelos argentinos, una versión similar también debería funcionar del lado chileno.

Teniendo en cuenta lo que está en juego, y debido a que las comunidades del salar no lo aceptarían de otra forma, los químicos de litio deben producirse con los más altos estándares sociales y ambientales.

Si bien ha habido avances en términos sociales con comunidades empoderadas que obtienen beneficios directamente, los riesgos hidrológicos persisten en el Salar de Atacama. La nueva tecnología no es una solución milagrosa, pero podría desempeñar un papel importante en la mitigación de estos riesgos.

La transición energética global hacia las energías renovables necesita litio sin ningún signo de interrogación sobre los impactos de su extracción. Solo un modelo robusto de DLE y de reinyección de salmuera podrá proporcionarlo en el Salar de Atacama.

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