Distopía al cuadrado: la cruel imaginación de El Mercurio y su apropiación de la coyuntura de la pandemia

Salvar a los bancos, restringir la política en favor de una unidad nacional, hacer la vida desde la casa a través de tecnologías que accederán a todas nuestras interacciones, y sin cuestionar el formato familiar, llevando al límite del agobio y precarizando todavía más la vida cotidiana, son algunas de las pistas vertidas, en particular la última quincena, por el medio de derecha.

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Javier Parades

Por Javier Paredes Godoy, periodista

El Mercurio ha sido uno de los principales actores detrás de una serie de momentos tristemente decisivos para la historia democrática de nuestro país: el Golpe Militar, el programa inicial de la Dictadura, la Constitución de 1980 y la consolidación neoliberal durante la transición a la democracia, están entre los más célebres. Si bien, aún no logra apreciarse el rol que esta entidad editorial y política jugó durante la protesta social iniciada en octubre de 2019, vale la pena llamar la atención sobre la formulación de estrategia y de prioridades que a través de sus páginas editoriales está proponiendo ante la situación de pandemia acaecida este 2020. Los sectores dominantes están formulando una iniciativa de profundidad abismal. 

A través de esta columna quisiera relevar algunos de los elementos vertidos, en particular la última quincena, de modo de aportarlos al debate de la izquierda y las y los partidarios de una democracia sustantiva, en general.

1. ¡Que alguien piense en la banca!

El Mercurio sostiene que la situación global actual es digna de ser comparada con otra del siglo XX y su resolución: “Baste recordar que, concluida la dolorosa Primera Guerra Mundial, la humanidad acordó no repetir nunca más conflagraciones de este tipo, solo para reincidir, y de peor manera, dos décadas después”. 

Por ejemplo, apuntan que este 2020 el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha debido hacer la mayor corrección de su proyección de crecimiento de la economía mundial desde la Gran Depresión; cuestión que se recuperaría, sin embargo, el 2021. Mismo patrón aplicaría para Chile. Para que esta proyección se realice, sin embargo, El Mercurio llama a tener especial preocupación por la banca: “Un deterioro en el balance de los bancos podría terminar amplificando los efectos de la crisis, como consecuencia de un ajuste adicional en las condiciones financieras”. 

En este sentido propone una línea de dirección estatal, amparándose en la recomendación de la entidad monetaria: “De acuerdo con el Fondo, estos efectos amplificadores serán evitados como consecuencia de la acción de los gobiernos, que han incrementado agresivamente sus gastos, garantías y niveles de deuda”. La lógica del “aumento de déficit fiscal” iría en dirección de “mitigar los menores ingresos de las personas durante las cuarentenas, así como solventar la entrega de créditos masivos con garantía estatal”, de modo de evitar “un daño mayor en la cartera de los bancos”, a la vez que habilita “la entrega de nuevos créditos, garantizados -en parte- por el Estado”. Una vez pasado el problema sanitario, todo el gasto social deberá “deshacerse de manera rápida y agresiva” para “evitar un deterioro irreversible en su situación fiscal”.


2. Política pequeña y excepción normalizada

A diferencia de otras entidades que insisten en mirar nada más que una semana delante, El Mercurio observa que “el país deberá encontrar una forma de convivir con el fenómeno durante un extenso período”, pues aún no se ha llegado al punto crítico y quedan meses de pandemia por delante. Bajo esta certidumbre, el medio apuesta a que la ciudadanía ponga por sobre las “capacidades técnicas”, la “responsabilidad y compromiso ciudadano, y aun de unidad nacional”, recordando “los desgarros de su propia crisis interna”. En particular, se preocupa de aplanar la diferencia y la discrepancia política que se resumiría en “discursos polarizantes y de alta odiosidad que tanta fuerza adquirieran a partir de los hechos del 18 de octubre”. 

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Al no responder al principio de la autoridad central, la política, la deliberación, se habría convertido en una amenaza al orden constitucional, bajo la figura del “desbordamiento de las instituciones”. La Cámara de Diputados sería un ejemplo, “y su obstinación por avanzar en mociones de dudosa constitucionalidad, al corresponder a materias de exclusiva iniciativa presidencial”, por ejemplo, en torno al sistema de pensiones. Mismo cuento con “el protagonismo asumido por los alcaldes” y las ordenanzas que han dictado, más allá de que estas sean legales o no, señala el texto. Esto -y no los sistemáticos desmentidos que a diario nos provee el Ejecutivo- produciría confusión en la ciudadanía.

3. Un horizonte distópico (o la restitución tele individualista)

El Mercurio realiza un ensayo de una ciencia ficción y formula una distopía, lo que vendría después del descalabro presente. A la vez, es una declaración de principios en un lenguaje robótico, que se disfraza de proyección objetiva. Tras la pandemia no viene la solidaridad ni la asociatividad, sino el individualismo: “Quienes piensan que se acentuará la disposición colaborativa de las personas, que sus actuales hábitos de consumo y ambición se trocarán por una versión más modesta de los mismos y que, en general, ellas elevarán su conciencia social y planetaria, probablemente se desilusionarán”, advierte el oráculo. La condición es que “las personas vuelvan a sus rutinas de trabajo, estudio y esparcimiento”. 

Estas rutinas, cargadas bajo la forma de la pandemia al ámbito doméstico, espacio aún eminentemente opaco y, sin cuestionar el pacto sexual basal de la forma-familia constitucionalizada en 1980, será más siglo XIX que XXI para las mujeres. 

El Mercurio realiza un ejercicio retórico de fetichización de tecnológica, alabando los “beneficiosos efectos económicos” que acarreará su probable uso intensivo.

En específico, imagina una educación superior con clases on-line, que “permiten ahorros de tiempo y costo de traslado para los estudiantes, quedan disponibles para ser revisadas cuanto lo deseen”, pero más importante: “entregan información en línea a la institución sobre el número de alumnos por cada clase o el tiempo que permanecieron en ellas, y permiten una evaluación de la calidad de la docencia por terceros”. 

La tecnología facilitaría un ejercicio de control.

En el ámbito del trabajo se refiere, en específico, a las reuniones a distancia y alaba que “como no requieren desplazamiento de sus participantes, son más eficientes en el uso del tiempo”. Por cierto, esto iría de la mano de un menor uso de transporte público y, consiguientemente, petróleo.

Estirando la ciencia ficción, El Mercurio imagina una situación “sin necesidad de infraestructura física”, pero “aumentarán las necesidades energéticas -tal vez provistas por fuentes renovables no convencionales- para transmitir, almacenar y manipular los datos, que formarían la piedra angular de estas nuevas formas de interacción social”. Agrega que podría ser un aporte decisivo al cambio climático.

Salvar a los bancos, restringir la política en favor de una unidad nacional, hacer la vida desde la casa a través de tecnologías que accederán a todas nuestras interacciones, y sin cuestionar el formato familiar, llevando al límite del agobio y precarizando todavía más la vida cotidiana. Estas son algunas pistas que sugieren no solo el camino que pretende seguir un sector de la derecha con el que nos seguimos topando desde hace cien años, sino quizás sugiere también que este sector goza de buena salud.

Los sectores dominantes ya se apropiaron del escenario político. ¿Alguien más?

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