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Una exigencia moral que obligue a los políticos

Existen muchas maneras de cómo enfocar el golpe militar. Hoy parece preferible hacer una reflexión de la forma de vida que llevamos los chilenos, a 40 años del golpe. Cuando se revisan las posiciones relativas a los diferentes estratos humanos, la conclusión indefectible es que no hay una gran variación de la pobreza, los que eran pobres hace 40 años atrás, salvo honrosas excepciones, siguen siendo pobres hoy, mirados desde la pobreza cualitativa, que incluye hasta clase media, esa que hoy puede tener un televisor, un viejo auto de escaso valor, o incluso si está pagando una modesta casa.

Lo cierto es que cada vez que revisamos la concentración de la riqueza, la inequidad que existe en el país, o la escasez de oportunidades para acceder a la sociedad del conocimiento y de las nuevas tecnología, encontramos que la cantidad de pobres aumenta y está afectando la calidad de vida que tendremos. El mayor esfuerzo que han realizado los chilenos, ese que se exhibe como mejoría del PIB en Chile, ha ido a parar sistemáticamente al sector más rico, ese que es dueño de la banca, de las grandes empresas y sus múltiples sistemas de ingeniería financiera para extraer el dinero del trabajo y de toda la riqueza que se produce. Es costumbre de la prensa de derecha hacer ingentes esfuerzos para demostrar lo buena que ha sido la herencia de la política económica de la dictadura y la que se siguió después, recurriendo a todo tipo de estadísticas que mejor les acomoda para perpetrar el engaño.

De lo que no se exhiben estadísticas es de la cuantificación del enorme costo asociado en sufrimiento de la población, producto del golpe militar y de las consecuencias posteriores en 40 años de vida como país. Quedan algunos fósiles como Moreira que dicen no tener que pedir perdón de nada, argumentando que fue la gente la que golpeaba los cuarteles para la intervención militar. Como argumento sigue siendo pésimo y narcisista, porque se atribuye un estado de juicio superior, desde donde no cuestiona la ideología de derecha para admitir que tuvo la mayor dosis de responsabilidad, por la campaña previa y la política del terror más la desinformación que instalaron. Como dije, son temas que otros seguirán analizando por mucho tiempo más, lo difícil es poder identificar cuánto sumó, en el PIB actual, el dolor y la pérdida de vidas humanas, en especial de aquellos humildes e inocentes, que perdieron la vida, sin saber que pensar distinto sería una transgresión intelectual castigada con la muerte.

El daño moral y psicológico fue un castigo que abarcó a toda la población por décadas de sufrimiento, persecución, tortura, muerte, desapariciones, falta de trabajo y la negación del derecho a una vida digna. Los primeros que debieron salir del país fueron los perseguidos políticos, luego siguieron los profesionales más jóvenes, incluso obreros obligados a dejar la patria que les negaba un espacio donde sobrevivir o para salir del horror. En aquellos años de dictadura, los amigos que podían se reunían a tomar un café o en sus casas, siempre terminaban conversando de cómo poder acceder a una vida nueva en el extranjero. Se fueron yendo muchos profesionales, médicos, periodistas, técnicos, dentistas, obreros, familias completas se diseminaron por todo el mundo.

Los hijos de aquellos chilenos que se fueron primero, ya están desarraigados de Chile. Se casaron, formaron familias en el extranjero y tienen hasta bisnietos. Cuando se reúnen, se alegran y lloran juntos, hacen recuerdos y se les aprieta la garganta mientras miran la bandera chilena colgada en la pared del local que los reúne. Hoy están asumiendo su vejez, pero en su mente les ronda la idea de regresar algún día y morir en la patria que los vio nacer, pero eso significa otro dolor más grande, dejar a los descendientes que se quedarían en el extranjero. La pregunta que debemos hacer a los políticos de este lado es, ¿Pensaron en la gente cuando se embarcaron en una aventura política de las armas repleta de errores y cegados por el rígido ego político? A los otros les debemos preguntar si, ¿Son felices ahora que disfrutan la riqueza conseguida con el dolor, la sangre y muerte de muchos compatriotas?

La memoria es muy frágil, algunos vuelven a repetir las mismas tácticas de siempre, no es inteligente combatir con piedras un capitalismo que ha penetrado profundamente en Chile y más aún en el resto del mundo. La derecha y los militares aún no se notifican que, probablemente en 40 años más, todavía seguirán escuchando condenas a “su golpe”, porque no han advertido que las secuelas de casi 17 años de dictadura quedaron marcadas en la cultura de varias generaciones, como horror que llevan anclado profundamente en el alma. ¿Cuánto de ese dolor de vivencia, está incorporado como valor en el costo material de las autopistas, los Mall, los lujosos edificios y otros que se construyeron y que atribuyen a la política de crecimiento que tanto repiten hoy?

Para poder referirse a la pobreza cualitativa de nuestro pueblo, debemos hacer un ejercicio imaginario de cómo debió ser Chile hoy. Hace 40 años, tuvimos la oportunidad de ser un gran país, de la mano con la gran riqueza del cobre. Se pudo haber educado gratis a todos los hijos de esta patria. Cuesta imaginar o cuantificar cuánto habrían aportado al PIB per cápita de hoy, si todas esas generaciones se hubieran educado o capacitado en vez de hundirlas en la miseria durante 40 años. ¿Cuántas personas se habrían salvado de morir, tal como sigue ocurriendo hoy, si hubieran contado con atención en salud de calidad y oportuna? Los ricos pueden pagar la salud privada. La gran mayoría, probablemente, cientos de miles, yacen anónimamente dispersos en los cementerios del país dejando de aportar en vida, porque no tuvieron asistencia médica para salvarse. Si tienes dinero te salvas.

No miles, sino millones de millones de dólares produjo el cobre. Fue nacionalizado en julio del 71 y era todo nuestro, de Chile para que hubiesen construido viviendas dignas a todos los chilenos sin casa y aún sobraría dinero para construir carreteras y la infraestructura que necesitaba el país para desarrollarse. Pero, algunos prefirieron pisotear el honor militar y se unieron a la derecha, ayudados por aquellos que creíamos eran líderes que nos ayudarían y entregaron el cobre al extranjero desperdiciando todo el esfuerzo país en estímulos de política minera iniciada en los años 50´s. Muchos años después, aún no deja de sorprender que personajes que eran partidarios de privatizar Codelco, fueran ministro de Hacienda. Si hubieran privatizado Codelco, hoy vestiríamos harapos. Faltó incorporar el dolor y el horror en el precio de la libra de cobre; hoy valdría su peso en oro, cada libra de cobre.

No fuimos lo que debimos haber sido como país, es un hecho. De paso en paso nos fuimos convirtiendo en individuos metalizados, donde todo tiene precio y se cobra. Como parte del cambio realizado, hay que agregar en las cifras macroeconómicas, el costo de las mujeres que debieron salir a trabajar para lograr un segundo ingreso familiar, dejando a sus hijos al cuidado de personas ajenas o solos. También se omite en los balances de los bancos, dentro de sus utilidades, el precio que están pagando los jóvenes por el exceso de alcohol, la droga, las condiciones que hacen propicio el bullying o la agresividad en las escuelas y el dolor por las niñas que se embarazan a los 12 ó 13 años, dejadas al cuidado y la tuición del mercado, para beneficio del lucro.

Al parecer más padres, que hace 40 años, dejaron de enseñar valores o principios a sus hijos, no hay tiempo, el trabajo o simplemente porque las familias se fueron desintegrando. Algunos preguntan, ¿para qué hacerlo, si hoy lo que vale es la habilidad para hacer dinero? No tienen razón pero la lógica está acorde con los tiempos y es lo que promueve el gobierno con sus líneas de incentivos a los pequeños emprendedores, especializados en sopaipillas, papas fritas o completos para vender en las calles. ¿Podemos criticar esas actividades?, sin duda que no, gracias a eso mucha gente logra sobrevivir, pero el engaño es sugerir la idea de que los pequeños emprendedores, llegarán a competir hasta con Horst Paulmann o Luksic. Los pequeños negocios de comida casera, instalados por años en la salida de la autopista que va al sur, están todos quebrados, les cerraron el acceso desde la autopista. En cambio, a la altura de San Francisco de Mostazal, instalaron accesos pavimentados para el moderno y costoso Centro UPA de comida y servicios para clientes más selectos, que pertenece al grupo Luksic. ¿Es eso parte de la igualdad?

Chile pudo ser una gran potencia en la manufactura de cobre y en su procesamiento. Cuando van a Europa comisiones de senadores, diputados o ministros, vuelven maravillados del desarrollo de los países nórdicos, porque hace 40 años no tenían nada, sin embargo, en Chile tenemos la riqueza del cobre, el litio y no hacen nada con eso, muy por contrario, terminan por regalarla, aceptando las recomendaciones del neo liberalismo, que exige eficacia global para las transnacionales, urgiendo en concentrar la actividad industrial manufacturera en mega industrias que abastecen el mercado mundial, instaladas donde el costo sea más bajo. Acorde con esa norma, nuestra actividad industrial se redujo a un 10%, porque somos más estrictos que los neoliberales de EE UU., cuya actividad manufacturera industrial contribuye con un 30% del PIB, a pesar de los TLC y la globalización que firmaron.

Podríamos haber sido mucho más, pero tenemos una tara mental que portamos desde el sometimiento como colonia. Nos acostumbramos a servir al extranjero, nos amigamos con los usurpadores y nos fuimos atomizando. Ahora nos damos el lujo de llevar nueve candidatos a la presidencia y la derecha uno solo. Mientras tanto, las grandes corporaciones preparan la tecnología para convertirnos en zombies. Somos espiados y tal vez, como parte del convenio que eliminará la visa a los chilenos para viajar a EE UU., no será necesario que nos espíen, probablemente entregarán toda la base de datos del RUT de los chilenos al gobierno de EE UU y a sus agencias.

Pero, aún si no fuera así, nuestra libertad como seres humanos tiene los días contados. En el futuro se podrá detectar el carnet de identidad, por medio de radio frecuencia y además uniendo los diversos puntos, sabrán dónde ha estado Ud., a quién llama, y qué hace. Utilizarán la conductividad de la piel humana para traspasar data, mediante un nano robot que le colocarán sin que Ud. se dé cuenta, o lo inyectarán en el cuerpo para después descargar la información, con un simple apretón de mano. La nanotecnología ya está presente y no es utopía. El presidente Barack Obama junto con la ex secretaria de Estado, Hillary Clinton estaban cómodamente sentados en la Casa Blanca observando por TV cerrada, en vivo y en directo, cómo los marines ingresaban a un país sin pedir permiso, asesinaban a Osama Bin Laden, y regresaron gracias a la tecnología, que a muchos parece inimaginable. Pronto veremos en vivo y en directo el bombardeo de Siria.

Pudimos haber sido más libres, es una verdad brutal. Tuvimos la oportunidad pero se desperdició. A muchas familias ya no le quedan lágrimas para llorar a sus deudos, sin embargo, cada año el recuerdo presente de miles de caídos, debiera convertirse en una exigencia moral que obligue a los políticos a construir un gran acuerdo nacional de unidad que tenga por objeto crear un Chile libre, justo, próspero y con plena apego a la democracia, como sueñan todos los chilenos generosos con la patria que nos cobija.

Por Mario Briones R.

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