Intentando entender los números de las cajas de Piñera

¿A quiénes les llegarán las cajas finalmente? No sabemos, y probablemente nunca sabremos. Nos veremos envueltos en una nueva nube de información confusa, de datos que cambian en cada declaración, a veces de la misma autoridad, de un canal de televisión a otro. Podemos decir, eso sí, que una gran cantidad de gente se quedará fuera.

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Foto: Prensa Presidencia

Por Aníbal Vivaceta (epidemiólogo), Sebastián Espinoza (bio-estadístico) y Nicolás Schiappacasse (ingeniero biomédico), pertenecientes al colectivo aquihayunproblema.cl y miembros de la Universidad de Valparaíso

La estrategia del Gobierno de entregar cajas de comida a la gente hace caso omiso de la experiencia internacional en gestión de emergencias colectivas. Cuando esto se hace profesionalmente, se relevan dos aspectos fundamentales: por una parte, se intenta que la inyección de recursos active al máximo la economía “a ras de suelo” que permite que la gente coma día a día. Esto implica fortalecer de manera segura redes de distribución a nivel del negocio de barrio, al cual puedes abastecer desde las cadenas de retail y las grandes distribuidoras, con una cadena basada en precios fijos y justos. Por otra parte, trabajas con la propia gente que vivirá esas medidas, la forma de implementarlas. Sin eso, son solo cosas escritas en un papel.

Dicho lo anterior, nos interesó de todas formas entender los confusos y contradictorios anuncios del Gobierno respecto de las cajas de provisiones. Seguiremos un orden temporal del razonamiento, pues creemos que es importante mantener esa visión, para no caer en el “Pepito Paga Doble” de Mañalich.

En un momento, Piñera anunció que los dos millones y medio de cajas beneficiarían a un misterioso 70% del 40% más pobre del país. Una primera pregunta lógica en ese caso es: ¿La idea, entonces, es tomar al 28% que está más mal? ¿Existe alguna forma específica de identificarles?

Piñera junto al ministro de Desarrollo Social, Sebastián Sichel

Supongamos una situación A, en que se identifica exactamente al “28% más pobre”, comparada con una B, en que se distribuye la ayuda prometida a otro 28%, de gente prácticamente igual de necesitada, pero que incluye al otro 30% de ese 40% más pobre que se queda fuera. Eso da 12%, que suena poco en la estadística, pero que son dos millones trescientos treinta y cinco mil personas.

Vale la pena preguntarse cuánto es el ingreso per cápita promedio que reporta la Casen 2017, actualizado a pesos de 2020, de cada uno de los deciles de ingreso. “Deciles”, “quintiles”, son algunas de las palabras que podemos usar para alejar a la gente descrita y afectada por las estadísticas de la posibilidad de entenderlas, o podemos simplemente explicar de qué se trata: para calcular un decil, ordeno a todas las personas de un país, de menor a mayor, en este caso por el ingreso total (como es per cápita, en una familia calculo como si cada miembro -incluyendo las guaguas- aportara una parte igual al resto en el ingreso total de esa familia). Este cálculo incluye en este caso los subsidios y otras ayudas que se usan en Chile para edulcorar la pobreza. Con la población del país ya ordenada, voy separando una parte proporcional. Por ejemplo, si digo que haré algo para el 10% más pobre, a lo que llamo “decil 1”, veré cuánto gana la persona 1.945.831, ya que hasta ahí completaré un 10% de los 19.458.310 habitantes que calcula el INE para este año. Por supuesto, no son números exactos, sino aproximaciones. Cuando calculamos quintiles, dividimos el 100% en 5 porciones, por lo que cada una es de 20%

Al promediar los ingresos de cada uno de esos deciles, obtenemos los valores de la tabla siguiente. El Banco Central tiene una aplicación que permite actualizar el valor de los pesos del año 2017 al 2020.

DecilPromedio Ingreso 2017Promedio
Ingreso 2020
 
1190.710205.967 
2356.117384.606 
3445.912481.585 
4526.751568.891 
5615.486664.725 
6759.652820.424 
7856.402924.914 
81.045.6391.129.290 
91.432.9411.547.576 
103.230.0163.488.417 
Total946.5971.022.325 

Fuente: Actualización propia a partir de datos Casen 2017, presentados en Informe de Desarrollo Social 2019. Se modificaron los números romanos a arábigos en los deciles, para hacerlos más comprensibles.

Según el Informe de Desarrollo Social ya citado, el promedio de personas por hogar en la población más pobre es de 3,47. A cifras de este año, ese 10% más pobre, esas casi dos millones de personas, recibirían una media de $59.356 al mes. Recordemos que cada decil equivale a un 10% de la población del país; en este caso, casi 2 millones de personas, y que sus ingresos se promedian a nivel de hogar. Para estos cálculos, hemos dividido ese ingreso del hogar entre la cantidad de personas que componen un hogar promedio.

La imprecisión de Piñera respecto de las cifras, la vaga política de asignación de esos recursos, significa, entonces, dejar en la incertidumbre a aquellas personas que sobreviven con ingresos de menos de 60 mil pesos mensuales, que podrían ver cómo su prometido beneficio se iba a una persona del «decil 4» -el más alto de ese 40%- con “millonarios” que sumando todos los ingresos de la familia promedian $183.513 por persona [1] .Siempre es bueno recordar otra cosa que salta a la vista a partir de esa tabla: más o menos el 70% de personas del país («decil 7») gana menos del promedio de ingresos del mismo país.

Sin embargo, aparecería después el ministro de Desarrollo Social, Sebastián Sichel, dando una nueva versión: solo se trataba de aquellas regiones que se encuentran “cuarentenadas” [2]. También acá los datos eran equívocos ¿El anuncio significaba que se entregarían dos millones y medio de cajas de alimentos para quiénes, dentro de esa población confinada?

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Ministro de Desarrollo Social, Sebastián Sichel. Foto: Ministerio de Desarrollo Social

El total de población confinada en la Región Metropolitana, más las comunas de Iquique, Alto Hospicio, Antofagasta y Mejillones, es de 8.919.360; casi nueve millones de personas. Eso equivale a unos 2.877.213 hogares. Es decir, si finalmente se tratara de asignar los dos millones y medio de cajas a la población de esas regiones, solo 377.213 hogares dejarían de recibir la ayuda. Para entender lo absurdo de dicho dato, digamos que eso implicaría entregar cajas al 86,9% de la población de esas regiones. Si miramos la tabla, dado que el promedio es más o menos el valor central de cada decil, podemos equiparar el punto de corte para la entrega aproximadamente al promedio del «decil 9» (que va del 81 al 90% de la población, ordenada, como hemos dicho, desde el menor ingreso al mayor). ¡No puede ser! Implicaría que los hogares recibirían la famosa cajita siempre que ganaran menos de un millón y medio de pesos por persona.

Peor aún sería si se considera solo a la Región Metropolitana. Los 8.125.072 habitantes de dicha región, equivalentes a unos 2.620.991 de hogares, implicarían que solo 120.991 hogares de la región quedarían sin ayuda. ¿Solo un 4,6% no recibiría la “cajita millonaria”? Volvamos a la tabla: ¿significa entonces que los hogares en que la gente gane menos de 3.488.417 tendrían derecho al beneficio?…

Por otro lado, anunciar que la ayuda se restringe a las personas de las comunas confinadas, implica lo que muestra la siguiente tabla:

 Población de comunas excluidasHogaresHogares del 40% más pobre40% más pobre en personas
Población restante si solo incluye  RM11.333.2383.655.8831.462.353 4.533.295
Población restante incluyendo todas las comunas confinadas10.538.9503.399.6611.359.8644.215.580

O sea, el anuncio de Sichel deja de partida fuera del beneficio a entre un millón cuatrocientos y un millón y medio de hogares del 40% más pobre; entre 4 millones doscientos y cuatro millones y medio de personas, solo por el hecho de no estar confinados obligatoriamente.

En algún momento se mencionó que serían 1.650.000 cajas. En ese caso sí obtenemos que, aplicadas a la Región Metropolitana, corresponderían a un 42,1% de la población. Ahí surge la duda: ¿y las otras 850.000 cajas? No hay cómo entender.

Aunque el confinamiento obligatorio ha extremado las condiciones para mucha gente, aquellas regiones en que esto no está operando también viven condiciones extremadamente duras. Tengamos presente que las absurdas formas en que se implementan los confinamientos colectivos (las llamadas “cuarentenas masivas”), con salvoconductos otorgados por Carabineros, con mantención de obras de construcción y otros trabajos que obligan a miles de personas a seguir desplazándose, sin ninguna medida eficaz de higiene en la calle, y sin siquiera poder «cuarentenarse» cuando se sienten enfermas, no son al final tan distintas de las regiones en que la gente intenta sobrevivir, como sugieren las medidas que las autoridades anotan en papelitos como si fueran peticiones en el Muro de los Lamentos y que esperan que se cumplan mágicamente.

Entonces, ¿a quiénes les llegarán las cajas finalmente? No sabemos, y probablemente nunca sabremos. Nos veremos envueltos en una nueva nube de información confusa, de datos que cambian en cada declaración, a veces de la misma autoridad, de un canal de televisión a otro. Podemos decir, eso sí, que una gran cantidad de gente -de aquella cuyo ingreso total, considerando subsidios y otros aportes extra, promedia $132.343 ($410.262 por hogar, promedio de los 4 primeros deciles)- se quedará fuera. Nada garantiza, tampoco que prometer dos millones y medio de cajas signifique entregar dos millones y medio de cajas. Tampoco hay garantías de que, si se llegaran a entregar, esto ocurriera a tiempo para evitar o mitigar el sufrimiento. Aún los pobres tienen la «mala costumbre» de comer a diario. Por ahora, millones de personas pasan hambre, viendo por la tele cómo las autoridades hacen cadenas, pasándose cajas evidentemente vacías, para iniciar el show de la caridad.


Notas:

[1] Para estimar este indicador per cápita, se utilizó el estándar general de 3,1 personas por hogar, entregado por el INE, a partir del censo abreviado 2017, pues no se contaba con el dato específico.

[2] Ya hemos explicado en distintos espacios que no se debe confundir la expresión “cuarentena” con el de “confinamiento colectivo”, pues siguen distintas lógicas y requieren distintas consideraciones a la hora de implementarse. Por desgracia, parece que tendremos que recurrir al inglés, que sí ha preservado la diferencia entre “quarantine” y “lock down”.  «Cuarentena» implica encerrar de manera muy estricta a quienes pueden contagiar (casos o sus contactos estrechos), por un tiempo dependiente del período contagiante de la enfermedad (14 días convencionalmente, en este caso). Dado que encierras a una cantidad comparativamente menor de gente, puedes hacerlo de manera muy estricta. «Confinamiento colectivo», en cambio, implica encerrar a todas aquellas personas que se podrían contagiar. El tiempo, en este caso, es indeterminado, pues al ser mucha más gente la que tiene que encerrarse, seguirá habiendo circulación de personas, seguirá habiendo trasmisión de la enfermedad -tanto al salir de sus casas como al volver- y contagiar a sus cercanos. Eso implica que las medidas serán mucho más prolongadas, y su levantamiento dependerá de factores mucho menos precisos. No se trata solo de un problema de definiciones. Cuando las medidas se presentan de manera confusa, se presta para abusos y aplicaciones torpes e ineficaces, como ha demostrado reiteradamente este gobierno.