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Henrique Carneiro, historiador brasileño: “Marx era un gran usuario de opio”

El historiador de las drogas discute la lectura hecha por la izquierda de la famosa frase de Marx respecto del opio y la religión. Conversamos sobre la noción de drogas como lujos sensoriales a su arribo a Europa en el siglo XVIII, la autoplasticidad sensitiva en el ideal humanista, la pleonexia generado por el capitalismo y de la importancia de la taberna en la formación de la opinión pública alemana. Carneiro investiga hoy la formación del movimiento pro temperancia en Estados Unidos, que es la prehistoria de la vigente prohibición.

salonopio

 

La entrevista acaba de terminar porque Henrique Carneiro tiene que iniciar su clase de Historia Moderna en la Universidad de São Paulo. Llega a una sala bulliciosa y sin apuntes ni libros comienza a hablar de que en el siglo XVIII las civilizaciones más grandes del planeta estaban fuera de Europa. Se trataba de los chinos, los persas y la India. Inglaterra era un pequeño país situado al norte del Atlántico. Tras entregar varios datos demográficos e históricos a un silencioso auditorio les comenta: ¿qué pasó que ese pequeño país exportaría para todo el mundo un sistema mercantil? La clase de hoy es sobre la formación del capitalismo moderno.

Desde que en 1994 publicó su tesis Filtros, mezinhas e triacas. As drogas no mundo moderno, el historiador brasileño, Henrique Carneiro ha sido un pionero en América Latina en preocuparse de la historia de las drogas. Desde una perspectiva historiográfica marxista va trazando un mapa que conecta las sustancias prohibidas, el comercio transoceánico y el fetichismo del capitalismo contemporáneo.

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¿Qué se entendía por drogas a inicios de la época moderna?

– Las drogas llegan al mundo europeo como productos de lujo sensorial. Se trataba de productos coloniales que se difundieron desde el siglo XVI como artículos de lujo y de estímulo sensorial como la pimienta, la canela o la nuez moscada producidos en las Indias Orientales; y como el palo Brasil, el azúcar y el tabaco en las Indias Occidentales. El concepto de droga abarcaba en aquel siglo todas esas sustancias.

En tus libros sostienes que desde su génesis, el mercado mundial organiza como uno de sus principales intercambios el comercio de drogas.

– El tabaco y el opio se constituyen en los principales flujos que dominarán la expansión del sistema mercantil en la época moderna, estableciendo las relaciones desiguales de Europa con los otros continentes: El viejo continente como consumidor y las colonias como productores de materias primas. Consideremos que las especies de Oriente en la época moderna eran productos restringidos. La expansión marítima de los países ibéricos y la consecuente conformación de un capitalismo trasatlántico se conformó sobre la base del comercio de esas sustancias nativas de América, África y Asia, temática que ya fue explorada por David Courtwright. En fin, dichas drogas fueron piezas claves del sistema mercantilista y de la acumulación primitiva de capital. Así se vulgarizaron productos hasta entonces de lujo, que se volvieron cada vez más populares hasta transformarse en dietas cotidianas de los pueblos de la cultura Occidental.

Estamos hablando del azúcar, la canela, el café y el opio…

– La importancia de las drogas en el mercado mundial comienzan en el ciclo del tráfico de especies, las que eran considerados medicamentos y afrodisiacos a la vez. Estaban en una frontera que no era clara a inicios de la Época Moderna entre fármaco y alimento. Más tarde adquirirán mayor importancia en el sistema colonial, que va a tener como eje central la explotación de productos como el azúcar, café, chocolate o el té, productos que se insertan en la dinámica de la vida occidental como principales excitantes de la vida cotidiana.

¿Cómo se entendía el concepto droga en el siglo XVI?

– El concepto de droga era de una amplitud tan grande. Es un elemento que parte con la Revolución Industrial y en el campo psicofarmacológico va a producir no sólo la síntesis de los principios activos, como la morfina extraída del opio a principios del siglo XIX y la mezcalina al final de la misma centuria, sino que también ya en el siglo XX, la producción de fármacos de diseño que son manipulaciones de moléculas ya conocidas, levemente alteradas, produciendo así otros efectos. Aquel horizonte es el más significativo respecto de la invención de nuevos fármacos.

henrique carneiro

El profesor Henrique Carneiro dictando su cátedra en la USP

Pese a las trabas impuestas…

– Fue imposible abolir las alteraciones de la conciencia por medio de sustancias vegetales o sintéticas. Es una propensión estructural de la condición animal la búsqueda de moduladores de la conciencia para satisfacer dolor, angustia, insomnio, fatiga. Así, la búsqueda de nuevos elementos potenciadores desde un punto de vista farmacológico de nuestras disposiciones es algo inherente a la relación de adaptación que establecen los seres con la flora.

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Esto abre la posibilidad de una farmacología cosmética…

– Es una característica que está hoy en el repertorio ampliado de las posibilidades de las drogas y que es parte de una condición de la época moderna, lo que Anthony Giddens llamó reflexividad. Es la posibilidad de tener una mayor autonomía sobre las pautas existenciales, sea en el territorio de las opciones profesionales, del estilo estético, las formas de relacionamiento amoroso o en las formas de gestión del propio dolor y del placer. Esto no es una característica del mundo contemporáneo. Podemos decir que es el manifiesto fundador de la época renacentista, el discurso sobre la dignidad humana de Pico della Mirandola, que enfatiza la noción de que el ser humano es un camaleón y que su metamorfosis delante de las cosas, es su principal fuente de talento, creatividad y adaptación. Es decir, el ser humano se puede adaptar y desarrollar en forma plástica, una autoplasticidad psíquica, que es una de las grandes capacidades que tenemos para sobrevivir en un mundo hostil. Y tenemos una serie de productos vegetales o de síntesis que mejoran determinadas virtudes, estados del alma o habilidades.

Asistimos así a un palacio con mil estancias vítreas en el relato de Ernst Jünger o también puede devenir e un supermercado de drogas bajo las reglas del juego neoliberal.

– Claro, también puedes considerar el uso de drogas anómico, producto de la anomia, de la falta de interacción social, que lleva a vías destructivas de aislamiento social, también prácticas excesivamente compulsivas que llevan a cuadros de dependencia. Pero no se puede reducir ninguna práctica humana a su forma problemática o exacerbada por las condiciones del mercado contemporáneo. Ese no es un atributo de las drogas, es una condición general de la relación con la mercancía. Los alimentos también son objeto de pleonexia, de la idea de insaciabilidad. La idea de una hipertrofia que cada vez más desmesurada que lleva en última instancia a un colapso, insustentabilidad personal o ambiental. El problema del alimento hoy no es su falta, sino su exceso: la obesidad, la compulsividad alimentaria enorme. Juegos electrónicos, medios de comunicación son cada vez más compulsivos por una demanda de una atención que es secuestrada por esos artefactos y esas prácticas. Creo que la compulsividad es intrínseca a la naturaleza del capitalismo, pleonasmo de nuestra época que produce una especie de autorreproducción del proceso productivo en forma siempre ampliada, que más que satisfacer el atendimiento de una demanda, busca crear demandas artificiales.

La atracción por el negocio de las especias será lo que ponga en marcha los grandes descubrimientos de los siglos XV y XVI

El negocio de las especies pone en marcha el capitalismo trasatlántico. Carta náutica que muestra el origen de la canel en Nueva Guinea.

Qué podría ver Karl Marx en dicho cuadro que describes?

– Marx inicia El Capital haciendo una cita del economista inglés Nicholas Barbon, quien dice que todas las mercancías atienden demandas, sea del estómago, cuerpo o espíritu. La atracción es genérica. Ninguna mercancía tiene un valor intrínseco de uso. El propio valor de intercambio va a constituirse en una serie de elementos simbólicos que muchas veces son pleonéxicos, centrados en una idea de consumo insaciable.

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Marx es muy mal citado en su Introducción a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, en la cual dice su famosa frase que compara la religión con el opio. Con la frase él está atribuyendo una virtud a la religión, dice que la religión tiene una función social, que no puede ser prohibida ni suprimida, porque es fundamental para la sobrevivencia humana en medio del consuelo. Marx compara con las flores que adornan los grilletes y las cadenas. Para él era un gran error suprimir las flores sin suprimir los grilletes.

O sea, planteas una lectura muy diferente a la hasta ahora hecha por la izquierda.

– Cuando Marx hablaba del opio, hablaba de una sustancia que no era prohibida ni estigmatizada en su época. Marx era un pesado usuario de opio, tenía muchos problemas de salud y el opio era uno de los remedios más usados en su época. El está diciendo entonces que la religión es un remedio y que por lo cual no podemos suprimir el remedio sin las condiciones que provoca el dolor, que el remedio viene a curar o amenizar. De esta forma el raciocinio es inverso: Mostraría la necesidad indispensable en una sociedad que sufre de apaciguadores de los dolores, que son las drogas, y en particular el propio opio. Creo que él está afirmando mucho más la noción de que la crítica de la religión no se hace de una forma puramente abstracta, pero se hace suprimiendo el suelo sobre el cual la religión surge como elemento de consuelo.

El rechazo a modificar la conciencia marcó a la izquierda del siglo XX, en sus militantes se insistía en el ideal de la abstinencia.

– Creo que está ligado a dos elementos: Una naturaleza sacrificial en el sentido de exigir a la clase trabajadora y a los militantes partidarios una actitud que obedece a un ideal de abdicación. Dicho ideal está calcado de un modelo religioso ligado a la tradición monástica, jesuita y hasta espartana en un sentido más remoto. La noción de que tienes que sacrificarte enteramente en función de un proyecto para el futuro.

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La noción de izquierda que primó fue un modelo de industrialización acelerada en países atrasados, como era el caso de Rusia y China, en los cuales el ideal de sacrificio se sobreponía al ideal de gozo del patrimonio acumulado por la civilización humana que permitía disminución de horas de trabajo y mayor libertad. Esto se suma a otro elemento fundamental de la historia china: un aumento del consumo de opio relacionado al comercio con los capitalistas británicos quienes llevaron a China un opio muy potente a un precio muy barato. Hay que considerar que la prohibición en China fue muy anterior a la llegada de los ingleses, cuando en el siglo XIII los mongoles sustituyeron a la dinastía Ming. Los mongoles eran tártaros que con un espíritu más militarista traían una actitud muy puritana en relación al consumo tradicional de opio que existía en la civilización china. Esa idea nunca acabó y tras la Guerra del Opio con los ingleses, hizo de la planta un elemento simbólico de la opresión occidental. Pero no hicieron lo mismo con otra droga, el tabaco, que se tornó un emblema de droga respetable usado por las capas sociales respetables desde Mao Tse Tung.

En Brasil el uso de sustancias, como la marihuana fue asociado a los negros y la cocaína como vicios sociales elegantes.

– En Brasil la marihuana se tornó una práctica cultural asociada a las culturas negras. Eso se evidencia en las nominaciones: diamba, fumo de Angola, pito de pango. La cocaína, en cambio, era vista como un vicio social elegante, marcando junto a morfina mucho más el prohibicionismo en Brasil. Lo extraño de la prohibición es que en términos de compulsividad, el tabaco es de mayor adicción, así tenemos que el criterio no es por el potencial de adicción ni de alteración de la conducta, como ocurre con el uso de alcohol.

Podríamos citar el caso de China, donde se dio la experiencia de que la población en la época moderna se preservó usando opio en vez de alcohol. Opio y alcohol son sustancias irreconciliables. Un opiómano pesado no consume alcohol e o consumidor de alcohol no consume opio. Esto creo que corresponde a una característica de la sociedad china, que es la discreción. El opio es una sustancia muy discreta, no genera escándalos ni comportamientos violentos. Por el contrario, es una sustancia extremadamente decorosa.

También se ha resaltado la importancia de la cerveza en la formación de la esfera pública alemana.

– En la Segunda Internacional ocurrió un debate entre Víctor Adler, marxista austriaco defendiendo la prohibición del alcohol, contra Kautsky y Engel, que se oponían a dicha prohibición, defendiendo su importancia en la constitución de la vida pública de la clase operaria por medio de la taberna, que era su principal espacio de sociabilidad. Adler, al igual que otros socialistas como Jack London, escritor norteamericano e introductor del socialismo en la costa oeste, tenían la idea de que la prohibición terminaría con la pérdida de dinero del obrero en la taberna y la conciencia entorpecida, con poco espíritu crítico y apagador de su potencial de revuelta. Pero la historia de Europa demostró que no era así: la cerveza tenía tanta relación con la vida sindical y partidista del sindicalismo alemán que los dueños de las tabernas se transformaron en los principales líderes de la tradición socialista alemana. El propio Frederich Ebert, quien sería el primer presidente de Alemania, comenzó su experiencia política defendiendo a los obreros en el espacio de la taberna.

Habermas reflexiona sobre la constitución de la esfera pública diciendo que es una de las características más notables de la época moderna. No existía en la época de las cortes, cuando sólo tenías el espacio doméstico, institucional en la corte y eclesiástico. La idea de una esfera en donde tengas la posibilidad de un ejercicio argumentativo entre iguales como elemento de igualdad muy fuerte, el intercambio de opiniones, de informaciones que los mercaderes necesitaban conocer. La burguesía, por un lado crea un espacio discreto de sociabilidad: el café. El padrón burgués fue muy calcado en el café y la taberna va a ofrecer la misma posibilidad en la esfera pública operaria, claro que en su momento restrictiva a un público masculino.

Hitler inició su carrera política en una taberna en Munich…

– Pero después Hitler se va a transformar en abstemio. El era defensor de una política higienista y se preocupó del ‘envenenamiento racial’. Así, los venenos raciales fueron las drogas, el alcohol excesivo y, posteriormente, el tabaco.

Mauricio Becerra Rebolledo

@kalidoscop

El Ciudadano

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