Alimentos híbridos: ¿Parientes cercanos de los transgénicos?

Mucho se ha hablado sobre los efectos de los alimentos transgénicos y de la poderosa agroindustria que los promueve, sin embargo existe otro tipo de alimentos adulterados genéticamente que ya consumimos a diario y que desconocemos por completo.

Tan antiguos como la revolución de la agricultura en el neolítico, los cultivos híbridos se definen como el resultado de cruzamientos entre dos variedades de plantas para la obtención de una tercera que mejore las ventajas de ambas y maximice sus calidades tanto en forma, color, sabor, aporte proteico y nutritivo.

En palabras sencillas, el cruce de estos organismos se realiza sólo entre especies vegetales, por ejemplo, de una fusión entre semillas de tomates y pimentones se puede obtener una variedad de tomate de mayor duración, con mejor sabor y color; características mejoradas por el aporte genético adicional que le otorgó el pimentón.

Dicho procedimiento es la principal diferencia que tienen los híbridos con los transgénicos, los cuales se obtienen a partir de una mutación genética de una especie vegetal a la cual se le incorpora una cepa animal o químico-mineral.

Sin embargo, el avance de la biotecnología ha dado paso a que el desarrollo de los híbridos también se realice dentro de laboratorios y, por ende, se trabaje a nivel molecular cada una de las cruzas de especie.

MEJORAMIENTO CUESTIONADO

Pese a que los cultivos híbridos no adolecen de los cuestionamientos sociales y ambientales que sí presentan los transgénicos, su condición de organismos distintos de su matriz original y por poseer cualidades de distintas especies, también genera debate entre especialistas.

Según Sergio Álamos, del Centro de Desarrollo Biotecnológico de la Universidad Católica del Norte, el cruce de especies naturales generó un cambio sustancial en la calidad y productividad de los vegetales, sin embargo sostiene que esto también es un daño a nuestro patrimonio agrícola, “ya que por medio de estas fusiones se están extinguiendo especies autóctonas de nuestra tierra y por sobre todo, adulterando el mapa genético de las especies”.

Por su parte, el biotecnólogo de la Universidad de Los Lagos, Luis Patricio Hernández, argumenta que el desarrollo de los cultivos híbridos causa un daño al medio ambiente “por promover también el uso de fuertes plaguicidas y repelentes químicos al igual que los transgénicos”.

Asimismo, Álamos enfatiza que no se puede hablar de un producto natural dado que existe creación de una especie por medio de la cruza de dos variedades distintas. “Es ilegítimo comercializar estos vegetales como orgánicos o naturales ya que son producto de una intervención genética”.

Ante esto, la nutricionista Marcela Fernández sostiene que no es difícil distinguir un vegetal cien por ciento natural de un híbrido, ya que “a simple vista se puede apreciar que los alimentos orgánicos siempre tendrán aroma, color y sabor mucho más definido y su cuerpo será mucho más carnoso y jugoso, además dada la aprobación del proyecto de etiquetado de alimentos, por ley los productores tendrán que distinguir cuáles son naturales y los que no lo son”.

Tanto Álamos como Hernández recalcan que no existen estudios, ni en Chile ni en el extranjero, que indiquen que el desarrollo de híbridos afecte nuestra salud, pero sí coinciden en que su desarrollo está liderado por una industria lucrativa

LA PLUSVALÍA COMO NEGOCIO

En nuestro país el desarrollo, comercialización y consumo de los híbridos está autorizado desde 1960, año que también fue creado el Instituto de Investigación Agropecuaria (Inia) con el fin de liderar el estudio y desarrollo de nuevas tecnologías que mejoraren la calidad y productividad de nuestros productos agrícolas.

Sin embargo, según datos del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) actualmente en Chile existen 3.989 especies vegetales híbridas registradas, entre las cuales se cuentan tomates larga vida y cítricos atemporales. Así mismo, el registro de productores y desarrolladores de estos cultivos indica que el 78% de las variedades registradas están en manos de las transnacionales Monsanto, Bayer, Syngenta y sus socios en Chile, mientras que sólo el 22% están en manos de instituciones académicas y ONG´s.

Según Álvaro Mardones investigador de la ONG Chile: Soberanía Alimentaria, el negocio de estas empresas consiste en trabajar en la cruza de distintos vegetales que arrojen una nueva especie mejorada en diversos aspectos y que posteriormente, les permita obtener importantes certificaciones internacionales que acrediten la calidad del vegetal y así comercializarlo en distintos mercados.

Estas industrias son amas y señoras en el manejo de los precios de frutas y verduras y en el caso de los híbridos con mayor razón, ya que al presentar especies mejoradas le agregan la plusvalía de el trabajo en el laboratorio”, argumenta Mardones.

Al igual que en el caso de los transgénicos, las empresas agroindustriales defienden el desarrollo de esta tecnología esgrimiendo como argumento, que en pocos años nos enfrentaremos a una crisis alimentaria mundial donde habrá escasez de alimentos orgánicos. Con base en esta premisa han desplegado fuertes redes de influencias políticas y económicas para asegurar su negocio y lograr que los avances biotecnológicos apunten a liberar en nuestro país el consumo de los farmocultivos.

Por Claudia Pedreros Saá

El Ciudadano

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