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Una especie en extinción

Cazadores británicos pagan más de 3.000 euros para poder cazar al frailecillo atlántico en Islandia

Grupos de activistas exigen que Gran Bretaña prohíba cualquier importación de trofeos del frailecillo en un esfuerzo por acabar con la caza de esta ave en peligro de extinción.

La vida de un frailecillo atlántico (Fratercula arctica), un ave marina icónica del norte de Europa que se encuentra en peligro de extinción por la pérdida alarmante de ejemplares en los últimos años, puede llegar a costar hasta 3.000 euros en Islandia, donde son cazados indiscriminadamente por turistas  británicos, quienes pueden atrapar hasta 100 aves a la vez.

Activistas denuncian esta abominable práctica, pues las poblaciones de estas aves marinas están disminuyendo drásticamente en sus hábitats.

La cifra de frailecillos en Islandia se ha reducido hasta los 1,5 millones en los últimos años, según datos publicados en el diario La Vanguardia a finales de julio de este año.

Mientras en Reino Unido matar, herir o interferir con frailecillos y sus nidos es ilegal, en Islandia estos pájaros se encuentran en una situación totalmente vulnerable y desprotegidos,  permitiendo a los cazadores de trofeos británicos pagar más de 3.000 euros para ir a cazar frailecillos a la isla atlántica, donde pueden atrapar hasta 100 aves a la vez.

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Las poblaciones de estas aves marinas están disminuyendo drásticamente en sus hábitats. Foto web.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, catalogó a estas aves en 2015 como una especie vulnerable, lo que significa que corren un alto riesgo de extinción en la naturaleza.

Sin embargo, en Islandia este “loro de mar”, como también se le conoce, es un alimento exótico para turistas y son parte de la cultura y la gastronomía islandesa.

De hecho, en el verano se pueden observar a cazadores con largas redes por la isla Grimsey, que dejan montones de carcasas sin la carne de la pechuga.

Islandia ha restringido la caza anual, pero aun así esta ha acelerado el declive.

Activistas instan a la nueva secretaria de medio ambiente británica, Theresa Villiers, a prohibir las importaciones de frailecillos de la caza de trofeos y presionan para que se incluya esta ave marina en la categoría de protección global. Foto web.

Aves encantadoras

Los frailecillos son animales muy parecidos a los pingüinos, monógamos y forman parejas estables que conviven dentro de grandes colonias en época de apareamiento.

La mayoría de su vida la suelen pasar solos en el mar, por esa razón son grandes nadadores y buceadores, mientras que en tierra firme, suelen ser muy torpes.

Para sobrevivir, el frailecillo utiliza madrigueras de otros animales o cava las suyas propias con su fuerte pico para depositar los huevos bajo tierra y que queden protegidos.

Su forma de vida parece de ensueño, pero la sobrepesca, la caza y la contaminación han dejado cada vez más expuestas a estas aves. Además, el cambio climático quizá sea su mayor reto, afirman científicos.

En Islandia, donde se encuentra la población más grande de frailecillos atlánticos, la cantidad ha disminuido de aproximadamente siete millones de individuos a cerca de 5,4 millones.

Los islandeses valoran a estas aves y las consideran parte de su historia, cultura y comercio turístico; algunos también las ven como parte de su gastronomía.

 “El frailecillo es el ave más común de Islandia”, dice Erpur Snaer Hansen, director en funciones del Centro de Investigación de la Naturaleza del Sur de Islandia. “También es el que más se caza”, asevera.

Luego de años de estudios, los censos sobre frailecillos muestran que el 40 por ciento de la población de polluelos de Islandia ha perdido masa corporal con el tiempo. Foto web.

Entorno hostil

Los frailecillos han padecido en toda Islandia por la disminución de su alimento favorito, las anguilas plateadas. Esa disminución se correlaciona con un aumento en las temperaturas de la superficie del mar, que especialistas como Hansen ha estado vigilando durante años.

Acerca de este particular, Aevar Petersen, un ornitólogo islandés que no participa en el proyecto, dijo que un incremento en la temperatura del mar debido al cambio climático era “el factor ambiental clave” detrás del descenso de la cantidad de anguilas.

Es simple, sin tantas anguilas en el agua, las aves tienen que volar más lejos para encontrar alimento para sí mismas y sus polluelos.

Luego de años de estudios, los censos de Hansen sobre frailecillos muestran que el 40 por ciento de la población de polluelos de Islandia ha perdido masa corporal con el tiempo; otra mala señal.

En Islandia, donde se encuentra la población más grande de frailecillos atlánticos, la cantidad ha disminuido de aproximadamente siete millones de individuos a cerca de 5,4 millones.

Al rescate

Si bien existe una advertencia de riesgo de extinción de esta ave, su presencia merma. Es por ello que grupos de activistas instan a la nueva secretaria de medio ambiente británica, Theresa Villiers, a prohibir las importaciones de frailecillos de la caza de trofeos y presionar a CITES, la organización internacional que regula el comercio de animales, para que incluya esta ave marina en la categoría de protección global.

Y es que diversos sitios web ofrecen un servicio mostrando imponentes imágenes de cazadores con rifle vestidos con trajes de camuflaje, enseñando orgullosos los cadáveres de sus presas.

“La caza incontrolada se ha identificado como su causa principal. Debería imponerse una moratoria inmediata antes de que sea demasiado tarde. Es increíble que una especie tan icónica haya sido olvidada por la comunidad internación” denuncia  Eduardo Gonçalves, un activista de Campaign to Ban Trophy Hunting.

“Personalmente, considero que esta práctica es abominable. No creo en la caza de trofeos de ninguna especie. Creo que hay mucho más turismo para la preservación y la conservación en lugar de matar a los frailecillos”, agregó Sir Roger Gales, presidente de la Conservative Animal Welfare Foundation.

De acuerdo con la ONG Audubon, una organización sin ánimo de lucro estadounidense dedicada a la conservación de la naturaleza, el frailecillo  ha sufrido grandes disminuciones durante el siglo XIX debido al exceso de captura de huevos y adultos. Durante el siglo XX, la población continuó disminuyendo al sur del área de reproducción tanto en América del Norte como en Europa.

Esta ave es vulnerable a la introducción de predadores (por ejemplo, ratas) en las islas de nidificación, pero un proyecto ambicioso de Audubon para volver a introducir a los frailecillos en sus antiguas islas de nidificación en la costa de Maine, que comenzó en la década de 1970, ha sido un gran éxito.

Sin embargo, en las colonias ubicadas más al sur, los frailecillos tienen poco éxito en la reproducción en los años de aguas cálidas, que son más frecuentes a medida que el clima cambia y las temperaturas aumentan.

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