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Chile, a medida de los especuladores

Las políticas urbanas bailan el tango Cambalache

Asistimos hace unos días al Encuentro Nacional de Gobiernos Locales, foro sobre desarrollo urbano y regionalización realizado en un hotel de un sector muy pituco de Santiago. Nos impresionaron las acusaciones que hizo el presidente de la Fundación Defendamos la Ciudad, Patricio Herman, a quien esperamos a la salida para que nos contara más.

Lo que pretendí en esta audiencia, dijo, compuesta fundamentalmente por funcionarios de las municipalidades de todo el país, es hacer una separación entre el discurso bonito, correcto, vendedor de ilusiones que tiene el Gobierno en sus planos reguladores, ordenanzas generales, en su apego a la probidad, algo que la gente parece que se lo cree. Pero para alguien que conoce los espacios recónditos de la administración del Estado, sabe que esos son meros cuentos.

Para ello, algunos ejemplos:

1.- Termoeléctrica Campiche, de la empresa estadounidenses AES Gener, que se pasó por allí mismo un fallo de la Corte Suprema y un contundente dictamen de la Contraloría que prohibía que se construyera la planta en Puchuncaví, un área ambientalmente sobresaturada. Pero, por decisión del gobierno de EE.UU. fue sobrepasado este fallo judicial del máximo tribunal del país y de la Contraloría. Para ello, el embajador de EE.UU. de entonces instruyó a sus enlaces que trabajan en el gobierno chileno para que le solucionaran el problema. Y la solución fue muy sencilla: modificar la ordenanza de urbanismo y construcción, con lo cual ahora se permite la instalación de esta planta.

2.- Planta de gas propano de Metrogas (Gasco y Copec), que está en una zona de preservación ecológica en la comuna de Puchuncaví. A Metrogas no le importó mucho la ecología y decidió construir allí mismo esta planta, aunque la Contraloría le había señalado que eso era ilegal. La solución fue mover sus influencias, cuenta Herman, en el Ministerio de la Vivienda, y tal como se hizo con la planta Campiche, modificaron la ordenanza general para permitir la instalación.

3.- El caso Costanera Center del multimillonario Horst Paulmann, dueño de Cencosud. Por la enorme carga de ocupación del edificio, éste obligatoriamente debía enfrentar una vía expresa. Yo mismo, dice Herman, “le representé la ilegalidad al ministerio de la Vivienda, pero el ministerio modificó nuevamente la ordenanza general para permitir la construcción del edificio. A partir de ahora, este tipo de edificación se puede construir en vías troncales y expresas”.

4.- El muy momio Club de Golf Los Leones. Este es un club por el cual sus conspicuos socios jamás han pagado un peso en contribuciones porque las áreas verdes de recreación y deporte generan un montón de externalidades positivas. Estos señores, muy encumbrados ellos, durante 60 años no han pagado contribuciones. Pero ahora les llegó la ambición y ya no están conformes con jugar golf los fines de semana. Ahora le entregan en arriendo el club por 99 años a unos empresarios norteamericanos para que construyan once edificios residenciales. Y todos sabemos que estos edificios no se pueden construir en las áreas verdes. Esto lo saben todos los funcionarios públicos del Estado chileno, pero el hecho concreto es que le dieron los permisos, que son truchos, naturalmente.

5.- Las dunas de Concón. Este hecho data de 1993, cuando el gobierno de Patricio Aylwin decidió declarar esa zona como santuario de la naturaleza. Pero operaron los lobistas y la zona fue reducida a la mínima expresión. Ahora han construido edificios.

6.- Mall de Castro. Todo el mundo sabe que ese adefesio no tiene ninguna posibilidad de ser recibido por la Municipalidad de Castro. Esto lo ha dicho desde el Colegio de Arquitectos, profesionales diversos de Castro a la Contraloría, que emitió dos contundentes dictámenes. Aquí pasa algo similar con el mall Barón que quieren construir en Valparaíso pese a estar enfrentado contra todas las leyes.

“Aquí hay un grado de desorden impresionante, hay todo tipo de intereses de por medio. Este desorden institucionalizado se permite porque de esta manera los que manejan el poder político y económico tienen así la sartén por el mango. Por eso que al pueblo chileno se le adormece con programas de televisión de farándula para que la gente no piense”.

Y agrega: “Llama la atención que los líderes de opinión se vanaglorian en la comunidad internacional diciendo que este es un país serio; mentira, de serio no tenemos nada. Otros dicen que es un país legalista. Todo lo contrario, está lleno de ventanas para vulnerar las leyes. En ese sentido las cosas van a poder cambiar solo en la medida que haya un cambio radical en el sistema político. Si votamos por los mismos de siempre, nada bueno nos espera”.

El Ciudadano Nº146 / El Clarín Nº6.923

Septiembre 2013

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