China: Crece la economía, crecen los desperdicios

El crecimiento económico del país es indiscutible, pero en este proceso de desarrollo es necesario mejorar varios aspectos en protección ambiental

El crecimiento económico del país es indiscutible, pero en este proceso de desarrollo es necesario mejorar varios aspectos en protección ambiental. Porque mientras más chinos se incorporan al boom económico de la nación, la basura crece torrencialmente trayendo secuelas de enfermedades y contaminación.

Un centenar de camiones voladores cargados de basura bordean ambos lados del camino estrecho a Zhanglidong mientras esperan vaciar su carga en un vertedero del tamaño de 20 canchas de fútbol.

En menos de cinco años, el basurero Zhengzhou de Tratamiento de Desechos ha copado esta aldea otrora prístina de un millar de habitantes. La situación empeora todos los días: duraznos y cerezas se pudren en las ramas de árboles infestados de insectos atraídos por el hedor, los campos están contaminados de lodo tóxico, y cada día llegan unas 100 toneladas más de basura de la vecina Zhengzhou, una capital provincial de 8 millones de habitantes.

«La vida aquí se precipitó del cielo al infierno en un instante», dice Wang Xiuhua, vecina del pueblo en sus 78 años de vida, mientras trata de espantar nubes de moscas y mosquitos. Con el cuerpo sacudido por la tos, dice que los gases del vertedero agravan su bronquitis crónica.

Mientras más y más chinos se incorporan al boom económico de la nación, se produce un torrente de basura y las ciudades no dan abasto y las autoridades están abrumadas.

UNA SITUACIÓN LÍMITE

La cantidad de desperdicios de papel, plástico y otro tipo de materiales se ha triplicado con creces en dos décadas a unas 300 millones de toneladas anuales, dice Nie Yongfeng, especialista en el manejo de basura de la Universidad Tsinghua de Beijing.

Estados Unidos aún le lleva gran ventaja a China en materia de basura: una población inferior a la cuarta parte de los 1.300 millones de chinos generó 254 millones de toneladas de basura en 2007, y un tercio de ésta es reciclada o utilizada para abonos, según la agencia de protección ambiental EPA.

Pero para China, el problema significa un cambio brusco con respecto a la generación inmediatamente anterior, cuando las familias, en su mayoría rurales y pobres, usaban y reusaban todo.

«La basura no era complicada porque no teníamos supermercados, no teníamos envoltorios finos ni cosas innumerables para comprar», explica Nie Yongfeng. «Ahora el gobierno cae presa del pánico debido a las montañas de basura que se acumulan sin tener lugar en donde colocarlas».

En Zhanglidong, los aldeanos se enfrentan a los gritos con los camioneros y a veces tratan de impedir físicamente el ingreso de los camiones desde Zhengzhou, a 32 kilómetros. Dicen no tolerar más la situación.

«Zhengzhou está impecable porque echan su basura en nuestro pueblo», dice Li Qiaohong, quien culpa al problema por la dermatitis de su hijo de cinco años.

La familia de Li es una de las pocas que vive a 100 metros del vertedero, del cual están separados sólo por una cerca. El gobierno les paga 100 yuan (15 dólares) por mes a manera de indemnización. Pero las consecuencias de vivir pegados a un basurero son mucho más graves: el vertedero ha contaminado el aire, la tierra y también las relaciones.

En China, sobre todo en las zonas rurales, las decisiones de las autoridades locales suelen ser inapelables. Los pobladores dicen que no sólo hicieron caso omiso de sus peticiones sino que la policía les dijo que las protestas serían castigadas.

«Los pobladores fuimos ingenuos… no sabíamos qué era un vertedero», dijo Li. «Si hubiéramos sabido antes que causaría tanta contaminación, habríamos hecho todo lo posible para detener la construcción. Ahora es demasiado tarde».

UN PROBLEMA A NIVEL NACIONAL

En la provincia central de Hubei, campesinos chocaron con la policía el año pasado debido a los basureros ilegales. Una persona que filmó el incidente fue muerta a golpes por la policía.

Los vecinos del centro de Beijing ocuparon oficinas del Ministerio de Ambiente el año pasado, en protesta por el olor de un vertedero y ante los planes de construir un nuevo incinerador en el lugar. Las autoridades anularon el plan del incinerador y cerraron el vertedero cuatro años antes de lo previsto.

Después de ser una sociedad agraria durante milenios, China prevé que la población urbana pasará a ser mayoritaria en los próximos cinco años. Las familias ajetreadas pasan de los alimentos frescos a los envasados, cuyo consumo aumentó 10,8% al año entre 2000 y 2008, muy por encima del promedio de 4,2% en Asia, según el Consejo Promotor del Comercio de Hong Kong. Para 2013 se prevé que el mercado de alimentos envasados llegará a 195.000 millones de dólares, 74% más que el año pasado.

Por lo menos el 85% de los 7.000 millones de toneladas anuales de desperdicios van a parar a basureros, muchos de ellos incontrolados, en el campo. La mayoría tienen apenas delgados revestimientos de plástico o fibra de vidrio, entonces cuando llueve los metales pesados, amoníaco y bacterias penetran en la tierra, y la descomposición emite metano y dióxido de carbono.

Las normas permiten emisiones 10 veces mayores que en Estados Unidos, y éstas incluyen dioxinas cancerígenas y otros venenos, según un estudio del gobierno chino. «Si el gobierno no acelera los esfuerzos para resolver nuestros males con la basura, China probablemente enfrentará una crisis sanitaria en la próxima década», advierte Liu Yangsheng, un especialista de la Universidad Pekín.

No es poco pedir en un país empeñado en crecer, donde los planificadores económicos tienen más peso que los reguladores ambientales y son renuentes a gastar fondos en la administración de la basura.

Fuente: Observador Global

Foto: La cantidad de desperdicios de papel, plástico y otro tipo de materiales se ha triplicado con creces en dos décadas a unas 300 millones de toneladas anuales – AP


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