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La trampa del comercio de carbono

El comercio de carbono y los mecanismos de compensación les sirven a los países industrializados para no reducir sus emisiones contaminantes ni ofrecer asistencia a las naciones en desarrollo, advirtieron activistas presentes en Copenhague para la conferencia de la ONU sobre cambio climático.

Los ambientalistas sostienen que no habrá justicia climática incluso si se logra el mejor acuerdo posible al término de las dos semanas de negociaciones para forjar un nuevo tratado que limite el recalentamiento global.

La 15 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP 15) comenzó el lunes en la capital danesa y terminará el 18 de este mes.

Los representantes y delegados de los países procurarán fijar objetivos más drásticos en materia de reducción de emisiones de gases invernadero, causantes del recalentamiento planetario para los países en desarrollo y otros más para los no signatarios del Protocolo de Kyoto, cuyas metas fueron establecidas para 2012.

El Protocolo de Kyoto, firmado en 1997 y en vigor desde 2005, obliga a los 37 países industriales que lo ratificaron a reducir sus emisiones para 2012 a volúmenes 5,2 por ciento inferiores a los de 1990.

Entre los países no signatarios más significativos se encuentra Estados Unidos.

También es posible que surjan planes de acción para las grandes naciones en desarrollo así como medidas concretas para ayudarlas a adaptarse al cambio climático.

Los activistas están preocupados de que algunos de los mecanismos que surjan de Copenhague sigan siendo imperfectos, sin importar lo ambicioso que resulte el acuerdo final.

Una de las áreas problemáticas tiene que ver con los mecanismos de financiación previstos para que las naciones en desarrollo puedan verdear su economía y lidiar con los impactos negativos del cambio climático.

El mundo en desarrollo necesitará ente 500.000 y 600.000 millones de dólares al año para tomar medidas de mitigación y de adaptación, según el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas.

El dinero tendrá que ser vertido por los países del Norte, que son los que tienen una responsabilidad histórica frente al mundo por ser los principales contribuyentes al cambio climático.

Pero en vez de eso, “los países industrializados tratan de contar el flujo de fondos privados por medio de la compensación como forma de cumplir sus propios compromisos de reducción de emisiones, pese a que esto último y los fondos públicos adicionales (para las naciones en desarrollo) son obligaciones separadas”, indicó la organización ambientalista Amigos de la Tierra.

En el marco del Mecanismo de Desarrollo Limpio, previsto por el Protocolo de Kyoto, los países industrializados comprometidos a bajar sus emisiones contaminantes pueden invertir en proyectos para reducir los gases invernadero en las naciones en desarrollo como forma de compensar lo que no disminuyen en sus territorios.

La mayor parte del dinero para las naciones en desarrollo no saldrá en forma de fondos públicos, según Amigos de la Tierra, sino que serán créditos de carbono acumulados mediante el mecanismo de compensación.

La compensación se efectúa cuando un gobierno o una empresa invierten en energía renovable y otro tipo de proyectos para reducir las emisiones de dióxido de carbono en las naciones en desarrollo. Esos fondos se venden luego en el mercado de carbono, mecanismo que el Protocolo de Kyoto fomenta como una de las principales formas de estimular la reducción de emisiones.

Existen 100 millones de dólares de créditos de carbono en el fondo global para la adaptación de las naciones en desarrollo, una pequeña fracción del monto total necesitado.

En algunos casos, el régimen de compensación, de hecho, ayuda a las compañías a perpetuar sus prácticas contaminantes, según Kevin Smith, de la organización Climate Justice Action (acción por justicia climática).

“En Gran Bretaña se construyó nueva infraestructura contaminante con fondos del Régimen de Comercio de Derechos de Emisión de la Unión Europea”, dijo el activista a IPS.

Una compañía petroquímica en India puede reducir sus emisiones en una de sus plantas simplemente respondiendo a las necesidades empresariales normales. Luego vende el saldo a empresas occidentales, y con los ingresos, construye otra fábrica contaminante.

“El régimen puede, en algunos casos, generar más contaminación”, señaló Smith. “Es una forma de asegurar que el dinero fluya hacia las entidades corporativas”, añadió.

“No existen pruebas reales de que la reducción de emisiones no hubiera ocurrido de todas formas y de que no estén recibiendo una recompensa por algo que hubieran hecho de todas formas”, dijo a IPS Francesca Gater, de Amigos de la Tierra Europa.

El Protocolo de Kyoto prevé que se verifique si el sistema de créditos de carbono realmente estimula la reducción de emisiones, pero los activistas arguyen que es casi imposible de verificar.

“Los mercados de carbono no son realmente confiables para reducir las emisiones”, señaló Smith. “Pueden generar corrupción financiera del tipo que causó la última crisis económica global y sólo son un medio para crear nuevos mercados de capital”, añadió.

La mayoría de los estados ya reconocieron la necesidad de regular los mercados de carbono. Pero “muchos países industrializados pretenden que el Banco Mundial asuma un papel de contralor en materia de fondos climáticos, incluso pese a sus malos antecedentes ambientales y sociales”.

La tarea debería ser asignada a un órgano responsable y más transparente, arguyó.

Amigos de la Tierra pretende que los estados industrializados, incluido Estados Unidos, se comprometan a reducir 40 por ciento de los gases liberados a la atmósfera para 2020, respecto de los volúmenes registrados en 1990.

Y también que se ponga de acuerdo sobre nuevos mecanismos bajo la autoridad de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático para contribuir con fondos públicos a la adaptación y a la mitigación de las consecuencias de ese fenómeno en las naciones en desarrollo, señaló Gater.

“Tendríamos esperanzas si toda la energía política dedicada a la creación de complicados mecanismos de comercio de carbono se usara para atender cuestiones reales, como terminar con la dependencia en los combustibles fósiles y lograr la igualdad entre el Norte y el Sur”, dijo Smith.

Claudia Ciobanu
TerraViva- IPS

El Ciudadano

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