jueves, octubre 17, 2019

Los bosques, motor de vida



Plantar árboles y crear bosques podrían ser claves para lograr ese mundo más habitable que necesitamos.

La historia nos demuestra que muchas veces el bosque precede a las civilizaciones y a estas le siguen los desiertos. Por eso, es urgente replantearse y cambiar una economía caduca, voraz y destructiva para poder integrar de nuevo el árbol como motor de vida.

El modelo económico que se ha implantado en las últimas décadas estaba basado en un crecimiento desmedido, entre otros sectores, el de la construcción, expandido de una forma irreflexiva, innecesaria e insostenible.

La economía fue creciendo hacia donde la impulsaron ciertos grupos de poder, con una percepción de que los recursos eran infinitos. Ahora sabemos que los estamos agotando y es el momento de apostar, entre otras alternativas, por unas plantaciones de bosques, que además son generadoras de riqueza.

El cambio climático es un hecho que el factor humano potencia y acelera. Así afirmaba ya el informe Stern (Reino Unido, 2006), que si no actuamos ahora y con acciones contundentes, la crisis climática afectará en un 20% del PIB de los países más desarrollados.

Los países que disponen de un mayor número de árboles por habitante, entre ellos Brasil, Rusia o China y también Suecia, Alemania o Estados Unidos, tienen una parte de sus economías vinculada a la explotación de sus activos forestales.

La demanda creciente de estas inversiones propicia la creación de empresas gestoras especializadas en explotaciones forestales o sociedades de inversión que manejan grandes extensiones de bosque. Esta fórmula podría resultar buena en España, donde más de un tercio de la superficie declarada forestal se encuentra casi desarbolada. En esas hectáreas habría que realizar plantaciones donde puedan convivir la biodiversidad, lo autóctono, y una buena gestión.

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Los árboles recogen CO2 de la atmósfera y lo fijan en materia orgánica y en madera. Cuando un árbol crece, se favorecen el ciclo del agua, el equilibrio de las lluvias, del hielo de los polos, el ritmo de las corrientes marinas, la protección de la fauna, y en conjunto, el equilibrio que permite la vida de los seres humanos. Deberíamos plantar cientos de millones de árboles, aunque sólo fuera por recuperar el equilibrio, cuando ya hemos sobrepasado con mucho las cantidades admisibles de partículas de carbono en la atmósfera y las hectáreas desertizadas en todo el planeta.

Restaurar los bosques puede ser además una gran fuente de riqueza, capaz de generar miles de puestos de trabajo. Con ello se podría detener el abandono de los pueblos, aportar un buen desarrollo en las zonas rurales, y descomprimir la saturación de población en las ciudades.

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La ong WWF pide sembrar 2.000 millones de árboles para restaurar los ecosistemas más escasos, aquellos bosques que conservan menos del 30% de su terreno potencial. WWF lucha por que las administraciones impulsen un plan para conservar la biodiversidad y la adaptación al cambio climático. Esta organización está realizando plantaciones participativas de árboles con voluntarios en diferentes regiones españolas. Su objetivo es reivindicar un acuerdo global para frenar la deforestación. El proceso de pérdida de masa forestal y bosques tropicales supone cerca del 20% de los gases de efecto invernadero emitidos a la atmósfera.

Los bosques, además de aportar materias primas y alimentos, pueden devolvernos el sentido común perdido para volver a encontrarnos en sociedades de rostro humano, sostenibles.

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Para ello, y porque el sentido de las palabras es importante, en abril, las Naciones Unidas decidieron cambiar ‘Tierra’ por ‘Madre Tierra’. Ya que lo primero ha sido tenido como recurso, con la consideración de que se podía usar, abusar, vender y hasta maltratar, mientras que la consideración de Madre Tierra implica un respeto, cuidado y amor que implica ese pacto natural que la humanidad sostiene con la naturaleza.

La próxima Cumbre sobre el Clima de las Naciones Unidas de Copenhague es de vital importancia para determinar el futuro de los bosques y de todos los elementos que afectan al clima. Una mayor responsabilidad e implicación de todos y un compromiso firme han de traducirse en hechos. Se trata de una necesidad, no sólo por factores económicos y es nuestra oportunidad histórica, de defender la vida de los humanos y del planeta.

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por María José Atiénzar

CCS

El Ciudadano

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