Patagonia: Huemul y cóndor en peligro

Un proyecto de extracción de carbón, de propiedad del grupo Angelini, amenaza el hábitat de huemules y cóndores en la Región de Magallanes

Un proyecto de extracción de carbón, de propiedad del grupo Angelini, amenaza el hábitat de huemules y cóndores en la Región de Magallanes.

La isla Riesco, a 80 kilómetros al oeste de Punta Arenas, es la única isla en el país donde conviven huemules y cóndores, conocidos por la mayoría de la población chilena sólo por su sitial en el escudo nacional. Hoy se avecinan malos tiempos para ellos en la Patagonia porque Copec, del Grupo Angelini (Celco), y Ultraterra, del Grupo Von Appen, quieren extraer 72 millones de toneladas de carbón durante 12 años desde esa zona, proyecto que abarcaría al menos 500 hectáreas de uno de los patrimonios ecológicos más importantes del país.

La “Mina Invierno” está enclavada dentro del predio de la Estancia Invierno, y en ella pretenden arrancar a tajo abierto como en la mina de Chuquicamata carbón de baja ley para abastecer a las termoeléctricas “existentes o que serán construidas en Chile, o bien ser exportado a mercados internacionales”, tal como señala la empresa Minera Isla Riesco, ligada a estos grupos, en el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) que está en proceso de calificación en la Conama magallánica.

La iniciativa ha sido severamente cuestionada con argumentos desde variados frentes como el climatológico, hídrico, social y turístico, entre otros, ya que el carbón ha causado más daños generalizados para nuestra salud y el medio ambiente que cualquier otra fuente de energía. Los magallánicos alegan que se trata de un proyecto débil que sólo busca enriquecer a sus dueños y que pondrá en peligro, por la contaminación que generará, a especies como la orca, la ballena jorobada y cuatro especies de delfines: El austral, el chileno, nariz de botella y la tunina overa. Además de aves como el albatros de ceja negra, petrel gigante, gaviotín sudamericano y el pingüino de Magallanes.

EL HUEMUL ES UN MISTERIO

El huemul fue bautizado así por los mapuche y es una especie autóctona de Argentina y Chile. Su imagen fue incorporada en 1883 al escudo nacional, y en 1993 fue declarado en peligro de extinción. En el ámbito científico, las investigaciones del Centro de Estudios del Cuaternario de Fuego-Patagonia y Antártica (Cequa), establecen que la isla Riesco es “una de las pocas islas en que habita”. Se estima que hay unos 1.500 en Chile.

Los ambientalistas sostienen que la línea de base del proyecto, aparte de ser pobre, no considera al huemul porque los muestreos no detectaron la presencia del animal. Aunque la empresa sabe que existe en la isla, hizo caso omiso de los avistamientos de los lugareños. Además, los expertos aseguran que la selección de la muestra se realizó en zonas de fácil acceso, y lugares poco intervenidos no se consideraron.

El biólogo especialista en vida silvestre magallánica, Alejandro Kusch, señala que hay que realizar un trabajo exhaustivo para detectarlo. “Es muy fácil no verlo. Para buscarlo hay que dedicarle muchas horas de terreno. Lo más probable es que haya huemules en las partes altas con bosque. Pero para la empresa esas zonas representan territorios con impacto indirecto del proyecto, por lo que no hicieron el esfuerzo necesario”.

Por su parte, el ingeniero forestal Luis Otero, integrante del Centro de Estudios Ambientales (Ceam) de la Universidad Austral, aclara que la empresa estipula en el EIA que no hay huemul en la zona. “Pero resulta que los ganaderos lo han visto varias veces. Incluso se mete dentro de los piños del ganado. Otros lo han cazado y tenían la cornamenta, por lo que hay evidencia. Además, hay mapas especializados que consideran a isla Riesco como área de huemules”.

Kusch expresa que la compañía de Angelini optimizó los recursos tanto en dinero como en horas hombre y que faltó arrojo en la investigación. “Sé que en invierno (de 2010) ellos ubicaron cámaras fotográficas con sensor de movimiento para captar especies y no registraron huemul. Pero eso no significa que no haya”.

El biólogo explica que el huemul peligra, porque no existirá un corredor biológico, por efecto del trabajo en la minera, que genere continuidad en el tránsito del cérvido. “Hay que generar un estudio específico con mucha gente que busque rastros, huellas. Mientras eso no suceda no se va a saber para dónde se mueve”, agrega.

GRAN COLONIA DE CÓNDORES

Respecto del cóndor no hay investigaciones que determinen el número, aunque su situación en Magallanes es tan inquietante como la del huemul. El biólogo y especialista en vida silvestre, Jürgen Rottman, señala que la población del ave heráldica “es más reducida que la del huemul. No sólo habitan pequeñas superficies inalcanzables para la mayoría de nosotros, sino recorren cada día distancias más largas” para comer. Resulta que en el cerro Palomares, situado a 8 kilómetros de la isla Riesco, a un costado de la ribera oriente del canal Fitz Roy que divide la isla del continente, vive una gran colonia de cóndores que habita cuevas naturales que le sirven de nidos. Esa montaña es el único centro de nidificación ubicado a nivel del mar conocido en Chile. A escasos metros pasa la Ruta Y-50, la vía para llegar a Isla Riesco, y es un hecho que el tránsito vehicular aumentará considerablemente producto de la faena minera, lo que resultará en impactos irreversibles en la población de cóndores, según los expertos.

Kusch estudió por cuatro años las poblaciones de cóndores en el cerro Palomares. Revela que en la Patagonia argentina, científicos determinaron que, por aumento del tránsito vehicular (autos, no camiones), se generó un impacto en la cantidad de cóndores que usaban normalmente un posadero. “Es decir que a mayor tráfico, podemos esperar que cada vez sean menos los que usen el lugar. Esto tiene un carácter crítico, porque estas aves necesitan paredes de roca con cierta orientación al sol y al viento. Estos lugares no se encuentran al azar y los que son óptimos para ellos, generalmente, están ocupados. Esto implica que habrá cóndores que se estresarán y van a buscar otros lugares, por lo que tendrán que desplazarse por más tiempo y gastar más energía para alimentarse”.

El experto añade que se le solicitó a la empresa valorizar ese impacto y que aplicara un sistema de monitoreo por el tráfico de camiones: “La respuesta fue ambigua, porque decían que un animal que se puede mover muchos kilómetros para consumir alimento no será afectado. El tema no es la distancia que vuela para alimentarse, sino que los lugares que usa para descansar son escasos”.

La minera propone un estudio de seguimiento del huemul, añade Kusch, pero no está detallado cómo se hará. “Los que nos preocupamos por la vida silvestre queremos ahora que nos entreguen la pauta específica de trabajo. No después de que el proyecto esté andando”.

Por Mauricio San Cristóbal M.

El Ciudadano Nº95, segunda quincena enero 2011

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