Salar Blanco: El triste panorama del Salar de Maricunga

Pese a que están paralizadas las faenas mineras, producto de un recurso judicial presentado por la comunidad colla de Pai Ote, una visita al sector realizada esta semana dio cuenta de residuos de trabajos realizados en el Salar de Maricunga. Localizado al interior cordillerano de Copiapó, a 3750 metros de altura, su explotación tiene en vilo una comunidad colla que por siglos han recorrido con sus animales estas serranías. Ahora deben hacer frente a la la fiebre del litio.

Salar Blanco: El triste panorama del Salar de Maricunga

Autor: Mauricio Becerra

Neumáticos de camiones, tambores metálicos, bolsas plásticas, estanques de fibra de vidrio, latones y palets de madera, entre otros deshechos dispersos a los pies del cerro ceremonial Huaca Chica, recibieron a los miembros de la comunidad colla de Pai Ote en una visita que realizaron durante esta semana al Salar de Maricunga, localizado a 3750 metros de altura.

La comunidad logró paralizar el Proyecto Blanco de extracción de litio, perteneciente a Martin Borda, una de los tres iniciativas mineras que se disputan el salar, localizado al interior de Copiapó, próximo a la frontera con Argentina, uno de los proyectos preferidos en la estrategia nacional del litio.

Codelco por su parte, ya ha realizado exploraciones mineras, como la construcción de un camino que cruza por la parte oriental del salar.

El Proyecto Blanco es controlado, entre otros accionistas menores, por la australiana de Lithium Power International (LPI), que tiene el 51% de la compañía, y por la Minera Salar Blanco S.p.A. con un 31%, ligada al empresario Martín Borda, quien hizo fortuna en la industria salmonera y tras vender sus negocios, fue a Londres para adquirir la representación de los autos Aston Martin. De vuelta, se interesó por el negocio del litio, comprando las concesiones en el Salar de Maricunga.

Los estudios de factibilidad y la tramitación de permisos para la concreción del Proyecto Blanco se han realizado en los últimos siete años.

Con una inversión inicial de 700 millones de dólares, el Proyecto Blanco contempla producir 20 mil toneladas de carbonato de litio y 58 mil de cloruro de potasio, en forma anual durante los próximos veinte años.

La tramitación de los permisos ambientales fue iniciada el 26 de septiembre de 2018, obteniendo una resolución favorable el 4 de febrero de 2020, a escasos días del fin del gobierno de Sebastián Piñera, administración que realizó una tramitación expedita en el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA).

Ercilia Araya, dirigente de la comunidad de Pai Ote, comentó a El Ciudadano que para la concreción del Proyecto Blanco, “el levantamiento de información lo presentaron como si se hubiese realizado una Consulta Indígena, lo que envició todo el proceso”.

Dicha comunidad, integrada por unas 60 familias, vive durante el invierno en la quebrada de Paipote, algunos kilómetros abajo del Salar de Maricunga, en donde crían chivas, ovejas, llamas y alpacas. Todos los años, entre noviembre y enero, suben con sus animales hacia las vegas que están en altura en un proceso de trashumancia que, según nos cuenta Gilberto Pastén Quispe, también miembro de la comunidad Pai Ote, repite las rutas señaladas por sus antepasados.

La senda de la familia de Ercilia Araya parte por llevar los animales hacia la quebrada de San Miguel, trayecto en que demoran dos días hasta llegar hasta el sector Las Lagunas. Luego de mantener sus animales allí durante un mes, siguen la quebrada del río Jorquera en dirección a el Patón, trayecto en que pueden demorar un día. En el trayecto pasan por la Laguna Santa Rosa, en la parte sur-occidental del Salar de Maricunga, contorneándolo, para luego en marzo volver al sitio de la invernada. Y si es que llueve en las serranías quebradas abajo y emerge el desierto florido, amplifican su rango de pastoreo, llevando los animales quebrada abajo en un trayecto que puede alcanzar las dos semanas.

Estanque de fibra de vidrio próximo al sitio ceremonial Huaca Chica

“El proyecto Salar Blanco afecta nuestras rutas de trashumancia -comenta Ercilia Araya- y la empresa consultó con otras comunidades, cuyos territorios no se corresponden con el salar, usando incluso un hermano aymara para el engaño. Por suerte al establecer el reclamo se logró paralizarlas momentáneamente”.

Las comunidades indígenas consultadas pertenecen a Tierra Amarilla y el énfasis fue al impacto vial del paso de camiones, obliterándose a la comunidad de Pai Ote, la que usa directamente el agua de la cuenca.

Tampoco fueron consideradas las tradiciones religiosas de los collas. Ercilia cuenta que “para nosotros el salar es sagrado, realizamos allí nuestras ceremonias, vamos a buscar la sal que usamos de alimento. Junto al cerro Huaca Chica hacemos una ceremonia de limpieza junto al yastay, que es el guanaco blanco que protege toda la manada. Es una ceremonia que se realiza en febrero, en la que se trae agua del mar, donde se lleva agua dulce a la vez”.

Agrega que “el valle depende del salar, lo que incluye la quebrada Paipote y la de San Miguel. Todo el ecosistema verde que hay, los bofedales que nosotros llamamos vegas, se perderán. No habrá así agua para el consumo humano y de los animales. También afectará los animales silvestres, como los guanacos, vicuñas y flamencos”.

Guanacos alrededor del Salar de Maricunga

Los auquénidos se han refugiado en la montaña del avance de las mineras cerros arriba. Así se pueden encontrar manadas de guanacos y vicuñas en los alrededores del salar. “El mundo y el país están entrando en crisis con el cambio climático y no sé por qué siguen subiendo para explotar la cordillera”- plantea Ercilia.

Luciano Travella, geólogo de la Universidad de Atacama (UDA) comentó con El Ciudadano que la extracción de salmuera puede afectar tanto la cuenca como los niveles freáticos de estos frágiles ecosistemas. Destacó que falta investigación respecto de estos salares, pero su conformación da cuenta de que acumulan las sales que dejaron grandes lagos cordilleranos que ocuparon la cuenca desértica que rodea el Salar de Maricunga.

Según Ercilia, “las faenas mineras también secan bofedales, pero si se paran estos pueden recuperarse. En el caso del salar es distinto. Es un ecosistema que nadie sabe cómo se va a comportar. Esta con la pachamama conformando el sistema. Cada cosa está en su lugar por un equilibro de la tierra”.

Mientras observa los deshechos dejados por las intervenciones de las mineras, Ercilia comenta que “duele. No cuesta nada pescar un saco o una bolsa y llevarse su basura. Los neumáticos dentro del salar, había mallas, palos, bastante plástico en torno de nuestro sitio sagrado. Y eso que a las mineras se les informó que el Huaca Chico era sagrado”.

Se trata de un pequeño monte ubicado en la vertiente norte del salar. “Al frente tenemos el volcán de Copiapó mirando del norte al sur; a la izquierda tenemos el nevados Tres Cruces y más al fondo el volcán Ojos del Salado; y a la derecha el cerro Maricunga. Es un Huaca único”- comenta Ercilia.

Al extremo sur del salar la laguna Santa Rosa es considerada sitio Ramsar, convención que otorga protecciones a los humedales otorgándoles reconocimiento internacional. Además dicha laguna es parte del Parque Nacional Nevado Tres Cruces.

Y no es la primera lucha de la comunidad colla de Pai Ote. Ya en julio de 2018 debió enfrentar al proyecto Simco, del grupo Errázuriz, que presentaba el proyecto de explotación de litio en el salar de Maricunga ante el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA). Demandaron al SEA y a Simco ante la ausencia de la Consulta Indígena, exigida en los procesos de evaluación ambiental, fallando la Corte Suprema a su favor en 2022.

Luego vino el proyecto del grupo australiano, siendo aprobado en enero de 2023 por el Comité de Ministros para la Sustentabilidad. Como tampoco fueron consultados, la comunidad volvió a hacer otra demanda. La iniciativa legal ha paralizado hasta el momento la puesta en marcha de la extracción del litio en el Salar de Maricunga, lo que comenzará a ser revisado el próximo 26 de Octubre por el Tribunal Ambiental.

Mauricio Becerra R.

El Ciudadano


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