sábado, octubre 19, 2019

Solsticio de verano: el día más largo del año

El 21 de diciembre se celebra, en el hemisferio sur, el día más largo del año.

En cambio, en el hemisferio norte el solsticio de verano se celebra el 21 de junio; los habitantes de la región septentrional del planeta se aprestan para presenciar uno de los espectáculos más bellos de la naturaleza: el sol de media noche. En algunos lugares, como el Polo Norte, el sol continúa brillando a la media noche. Definitivamente no es un día como los demás. La naturaleza, el hombre y las estrellas se disponen a celebrar una gran fiesta, cargada de gran poder y magia.

Las hadas y demás deidades de la naturaleza andan sueltos por los campos; los agricultores dan gracias por el verano, las cosechas, las frutas y por disponer de más horas para cumplir con sus tareas y entregarse también a la diversión.

También es el momento justo para pedir por la fecundidad de la tierra y de los mismos hombres; además se debe comenzar a almacenar alimentos para pasar el otoño y el invierno.

Pero, ¿cuál es el motivo de esta festividad? Nada menos que el solsticio de verano, la única fecha en el año en que el día cuenta con más horas.

La celebración del solsticio de verano, es tan antigua como la misma humanidad. En un principio se creía que el sol no volvería a su esplendor total, pues después de esta fecha, los días son cada vez más cortos.

Por esta razón, fogatas y ritos de fuego de toda clase se iniciaban en la víspera del pleno verano (Midsummer’s Eve), o el 20 de diciembre, para simbolizar el poder del sol y ayudarle a renovar su energía.

En tiempos posteriores se encendían fogatas en las cimas de las montañas, a lo largo de los riachuelos, en la mitad de las calles y al frente de las casas. Se organizaban procesiones con antorchas y se echaban a rodar ruedas ardiendo colinas abajo y a través de los campos.

A menudo se bailaba y saltaba alrededor del fuego para purificarse y protegerse de influencias demoníacas y asegurar el renacimiento del sol. De acuerdo con el astrónomo barranquillero Jorge Enrique Senior, se puede decir que todo empezó hace cerca de 5 mil años, cuando en nuestros antepasados, tan amigos de observar las estrellas y establecer su influencia en nuestras vidas, se dieron cuenta que en determinada época del año el Sol se mueve desde una posición perpendicular sobre el Trópico de Capricornio, hasta una posición perpendicular sobre el trópico de Cáncer.

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A estos días extremos en la posición del Sol se les llamó solsticios de invierno y verano, los cuales ocurren los días 21 junio y 21 diciembre respectivamente. Estas fechas corresponden al hemisferio sur, pues en el norte es al contrario.

“Las fechas mencionadas son las típicas, pero puede ser que en un año determinado caiga un día antes o después, debido a las irregularidades del calendario, como los años bisiestos”.

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Hablando propiamente del solsticio de verano, en esta fecha el eje de la tierra está inclinado 23,5 grados hacia el sol. Esto ocasiona que, en el hemisferio norte, el 21 de junio sea el día más largo del año; pero esto no es válido para cualquier región, pues en países como Colombia, que está más al norte de los 23,5 grados de latitud norte, la diferencia no es tan notable. Este descubrimiento permitió al ser humano medir exactamente 1 año y así crear el calendario solar, predecir con exactitud las estaciones, con todo lo que eso significa para la agricultura y, en general, para la civilización. Para visualizar esos días se construyeron obras o señales, a veces monumentales, como Stonehenge en Inglaterra.

Stonehenge es uno de los más famosos monumentos prehistóricos del mundo. Aunque no se sabe muy bien su fecha de construcción, los científico estiman que ésta ocurrió cerca al año 2800 A.C.

Precisamente, al amanecer del día más largo del año, el sol que sale por el horizonte queda perfectamente encuadrado entre las aberturas de los megalitos.

Sin embargo, algunos científicos consideran que esto es pura coincidencia, pues desde hace 5 mil años hasta hoy el eje de la Tierra ha sufrido modificaciones, lo que lleva a suponer que en el tiempo en que fue construido Stonehenge el sol no quedaba “atrapado” entre las separaciones de las grandes piedras que conforman este monumento.

Fuente: www.cordoba.com.ar

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