¿Hasta dónde el nuevo papa llegará a ser un factor influyente, condicionante o determinante del curso geopolítico, en tiempos de un acelerado avance neofascista? ¿Acaso, intensificando el giro ya dado por Francisco, podrá ejercer un rol de contención antifascista en alianza con otros grupos? O, por el contrario, ¿administrará sus intereses a los angélicos sones de los poderes hegemónicos terrenales, ya consagrados y congraciados con el Vaticano a la luz de la historia de larga duración?