Resulta evidente que ni el proceso de diálogos de Astaná, ni aquellos propiciados en Ginebra pudieron cambiar el destino de Siria, cuyo ataque masivo –contando incluso con la intervención de Turquía, uno de los miembros de Astaná- comenzó a planearse a la luz de la decisión de Washington, la OTAN y el sionismo de intensificar la presión y los ataques contra el Eje de la Resistencia y, sobre todo, contra la República Islámica de Irán y la Federación Rusa, en un escenario internacional de conflictos en amplias zonas del planeta.