Con la idea original y producción general de la cineasta Deborah Araya, la película explora la fragilidad de la mente, la memoria y el miedo a través de cortometrajes independientes conectados por un concepto común. Desde el Valle de Elqui hasta Valdivia, pasando por Santiago y el Valle de La Ligua, la obra ofrece una valiente propuesta que transita por el surrealismo, la melancolía y la religiosidad popular.