Lejos de significar un evento aislado, el genocidio actual expresa el más profundo colapso de la arquitectura internacional, terminando de sepultar las retóricas liberales, para, en su lugar, acelerar la llegada de la instancia más decisiva que tendrán los pueblos del mundo: pasar desde la resistencia frente al imperio del capital en su actual fase neofascista, hacia la sublevación contra éste.