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El derrame de Arauco en Itata: Crónica de una muerte anunciada

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Desde hace días que el río Itata, aquella llamada primera frontera, se ha convertido en vertedero de los desechos industriales de Celulosa Arauco. Esto como medida de control a la rotura de su emisario, ubicado en el Valle de dicho torrente, causante del derrame de líquidos tóxicos en aguas y terrenos de Boca Itata.

Alrededor de ocho hectáreas de terrenos cultivables afectó el derrame de riles de la empresa Celulosa Arauco en el sector de Boca Itata. Una rotura en los kilómetros finales del emisario (conducción cerrada que transporta aguas residuales) ocasionó la expulsión de líquidos contaminados en las aguas y terrenos de quienes se abastecen a través de pozos y napas subterráneas. La situación se vuelve preocupante ya que no es la primera vez que sucede.

César Águila, integrante de la organización Salvemos Cobquecura, ha sido testigo de las crisis de desechos en las localidades de la comuna de Ránquil y Trehuaco, siendo esta última la que acoge a Boca Itata. Águila denuncia que la gravedad en esta ocasión radica en que los funcionarios de Celco no hicieron nada por controlar la expulsión por un marco de cinco a seis horas y una especie de géiser oscuro y turbio es la imagen grabada del momento. Por su parte, la aclaración de la empresa genera suspicacias, dice que la demora se debió a las circunstancias, “nos vimos dificultados para actuar producto de que el lugar estaba acordonado, de manera que se impedía el acceso a nuestro personal y a otras personas e instituciones”. Aún así, ratifican haber cumplido con lo señalado en el permiso ambiental del proyecto.

Se ha de tener en antecedente que, el emisario en cuestión tiene una longitud de cincuenta kilómetros aproximados y es una construcción semi submarina por la cual se transportan desechos provenientes de la planta de celulosa (Nueva Aldea) con destino al mar. Y tal como ya había ocurrido, una rotura en el ducto significa la contaminación de parte importante de las aguas de los pueblos aledaños a Arauco, siendo una contaminación basada en líquido industrial que incluye, comúnmente, metales pesados.

El alcalde de Trehuaco, Luís Alberto Cuevas, expresó a El Ciudadano que quizás la principal crítica por parte de los vecinos ha sido hacia el gobierno, quienes a una semana del incidente no se presentaron ni dieron siquiera algún tipo de accionar por parte de autoridades regionales, “nadie sabía si evacuar el lugar, si era tóxico o no, realmente no había quién supiese qué hacer”.

Efectivamente, recién a siete días del incidente y posterior a una exigida mesa de trabajo, la Seremi de salud del Bío Bío, Mónica Campos, visitó Boca Itata y realizó una toma de muestras para exámenes bacteriológicos y fisicoquímicos. De estos, los primeros arrojaron que no habría contaminación, sin embargo aún se esperan los resultados del segundo tipo, por lo que la situación preventiva debe mantenerse y así la suspensión del consumo de agua por punteras.

Se sabe que la situación de aquellos que viven en la zona no ha sido fácil y la carencia de agua potable ha sido sólo uno de varios problemas en cadena. “Nosotros visitamos el sector dos días después de la rotura y la gente estaba con serios problemas de agua teniendo que recurrir a camiones aljibes para abastecerse”, relata César, “al mismo tiempo que el no saber qué pasaría con ellos, qué debían hacer o a dónde debían irse tenía a los vecinos en una profunda incertidumbre”. En los relatos de los afectados existen preocupaciones por las negociaciones y conversaciones que puedan darse entre municipio y la empresa. “Sabemos que habrá, como siempre, una fuerte presión por parte de la planta por no judicializar el tema”, dice Águila.

Por su parte el alcalde de Trehuaco niega haberse reunido con gente de la planta días antes de la rotura del emisario, pero sí apunta a la necesidad de que los acuerdos continúen con el fin de solucionar las situaciones de los afectados.

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El río Itata como cloaca

“Contaminación de predios agrícolas y conversión del río Itata en una cloaca”, es la denuncia que realiza la organización independiente, Vigilante Costero Maule Itata. Es que la medida de emergencia o llamado plan de control para estos casos de rotura, consiste en detener la descarga al mar vía el emisario para iniciar una liberación al río Itata, posterior a un proceso de blanqueamiento. El procedimiento es avalado por la resolución de calificación ambiental, quien autorizó el funcionamiento de esta magnánima cañería submarina.

¿Es este trastorno al medio ambiente un proceso inofensivo? Según explica Arauco, hasta ahora no se han detectado alteraciones de las aguas y más aún destacan que el tratamiento terciario por el cual pasan los efluentes “está debidamente evaluado en aspectos ambientales y respaldado por la RCA respectiva”.

Todavía así, trabajadores de una empresa contratada por Celulosa Arauco para abastecer de agua a la comunidad conversan con vecinos sobre una especie de espuma que aparece en las mañanas sobre el río. Por otro lado, César Águila relata que lugares como la desembocadura del Valle Itata en su tiempo fueron zonas importantes gracias a su gran variedad de aves, pero lamentablemente desde el 2009, año en que comienza a funcionar la celulosa, los cambios han sido drásticos llegando a desaparecer no sólo estas especies sino también camarones. “Estos bio-indicadores nos están diciendo que aquí la cosa está mal”, sentencia César.

Desde la municipalidad también llegan críticas afirmando que antes de las construcciones, el desarrollo turístico era mucho más alto, y por consecuencia las ventas y situaciones de producción se han visto altamente afectadas por la sola presencia de esta planta.

Un Estado que autoriza pero no practica

A una semana del accidente, Luís Alberto Cuevas llamó a una mesa de trabajo donde participaron vecinos de la zona, representantes de la empresa y autoridades y expertos del Gobierno. Allí, según cuenta el edil, los vecinos pudieron hacer notar sus descontentos, exigencias y temores, siendo uno de los mayores disgustos la falta de una política seria por parte del Estado. “Exigimos que el Estado, como quien autorizó este proyecto, debiera tener una política seria y responsable con las familias que por distintas razones han sido afectadas”, plantea Cuevas.

Por otro lado, quizás uno de los puntos menos comentados dentro de todo esto, ha sido la situación de los medieros, aquellos campesinos arrendatarios de tierras para cultivo y que en estos momentos temen quedar sin pan y pedazo. Actualmente, según relata el alcalde, el dueño del predio damnificado estaría en conversaciones con Arauco, pero no así quienes alquilan, que estarían a la deriva sin siquiera una fuente de trabajo.

De la reunión se sacaron ejes de indemnización para los afectados entre los cuales se encuentran: un proyecto de agua potable, un proyecto de certificado de los productos en cuanto su afectación con algún contaminante, promoción de los mercados de la zona y pavimentación de caminos.

¿Quiénes responderán por estas indemnizaciones?, y ¿De qué bolsillo saldrá la plata? Al parecer fue un tema que no se trató y que, según cuenta el alcalde, ciertamente poco importa pues a su mirar lo crucial es que se mitigue lo más posible el daño a los vecinos, ya sea la empresa o el Estado.

En la mesa los expertos quedaron de entregar los resultados que se obtuviesen de las muestras y una vez con ellos se convocará a una segunda mesa de trabajo.

Reventó frente a nuestros ojos

La situación de Celulosa Arauco, es catalogada como una verdadera incertidumbre por parte de vecinos y organizaciones que han luchado desde un comienzo contra la construcción de la planta y sus acciones. “Lo que aquí sucedió, no sólo no es la primera vez que sucede, sino que tenemos antecedentes de fisuras provocadas desde el terremoto del 2010”, acusa el equipo de Salvemos Cobquecura.

Arauco llega en diciembre del 2009 al Valle del Itata, sin embargo a consecuencias del terremoto la empresa debió parar por unos meses, por revisión y reparación del emisario. “Fue un ducto de 52 kilómetros de uniones entre tubos que se movió tal como lo hicimos todos”, reflexiona César recordando que el emisario está inserto en uno de los puntos más cercanos a lo que fue el epicentro. “Nosotros denunciamos fisuras y situaciones anómalas, dando cuenta de una revisión poco íntegra.” Cuando se le preguntó a Arauco respecto al tema, la respuesta fue que las revisiones que se hicieron en su momento sí fueron exhaustivas incluyendo seis meses de marcha blanca.

Quienes ven cambiar su entorno, lícitamente se preguntan cómo es que se fiscaliza un ducto adentrado dos kilómetros y medio en el mar. Es que hoy por hoy no se puede negar que las denuncias vienen desde hace años por parte de organizaciones como Salvemos Cobquecura, y por ende muchos ven esta situación como algo advertido que igualmente acabó reventando ante los ojos de todos. Cual crónica de una muerte anunciada, parafrasea César Águila.

Por María Jesús Ibáñez C.

El Ciudadano

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