En cifras: así afecta el COVID-19 a los países con Gobiernos de derecha

Ecuador, Chile, Perú, Colombia hoy viven en carne propia el colapso de sus sistemas de salud y sus economías se ven amenazadas ante el brote de la pandemia generada por el coronavirus

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Las cifras, más allá de ser números que muestran el comportamiento de un factor en un contexto determinado, también reflejan la capacidad de las autoridades para enfrentar situaciones complejas y su verdadero interés en resguardar o no a la población. Un ejemplo contundente de la importancia de los indicadores es la pandemia ocasionada por el COVID-19.

El planeta ha tenido que paralizarse drásticamente ante el brote del coronavirus que causa la enfermedad respiratoria COVID-19, un padecimiento que no solamente ataca con mayor rudeza a los pacientes más vulnerables con padecimientos crónicos previos o de edad superior a los 65 años, sino que también destruye y muestra las costuras de los países que, casualmente, cuentan con gobiernos de derecha.

No es que la pandemia deje de atacar a países con gobernantes de izquierda o seleccione a sus víctimas por su ideología, clase social o color de piel, obviamente no funciona así, aunque seguramente muchos preferirían que lo hiciera. Lo que deja en evidencia esta letal y virulenta enfermedad es la poca capacidad de acción o mejor dicho, el desinterés de los gobiernos de derecha de proteger a su población e, incluso, al mundo, al mostrar una casi nula preocupación de las advertencias emanadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), y en el caso del continente americano por la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Entonces, mientras las diferencias ideológicas y políticas pudieran ser calificadas como subjetivas y mostrar realidades o coyunturas parcializadas por la visión e interés de cada quien, es cuando las cifras, promedios, indicadores y porcentajes juegan un papel fundamental para entender la acción de los gobiernos, su capacidad de resolver y enfrentar problemas, sus verdaderos vínculos con la ciudadanía y cómo están preparados ante desastres masivos como la pandemia del COVID-19.

China fue el primer país que se vio afectado por el brote. En diciembre de 2019, el gigante asiático vio cómo un nuevo virus afectaba a miles de ciudadanos y que con el pasar de los días se propagaba masivamente y de forma exponencial, lo que generó la alarma en el país y llevó a su Gobierno a aplicar medidas estrictas de cuarentena, aislamiento, cierre de ciudades enteras y detenciones de las personas que desobedecieran la orden.

La primera cuarentena social se aplicó en China. Foto: Agencias

China aplanó la curva exponencial

Cuando el brote en China tomó un ascenso exponencial en un país con una población de 1.393 millones de personas, de los 7.700 millones que habitan en el mundo, de acuerdo con el último informe demográfico de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) publicado en 2019, la alarma por el COVID-19 se encendió a escala global.

En pocos días varios países comenzaron a registrar contagios, pero pocos Gobiernos reaccionaban con pertinencia para prevenir los contagios. China, por su parte, aplicaba esta serie de protocolos y medidas preventivas que, a pesar de no existir un tratamiento 100 % efectivo ni una vacuna contra la enfermedad, lograron contener radicalmente la capacidad masiva de contagios, hasta frenar las infecciones y muertes.

Ya con poco más de cuatro meses desde que las autoridades confirmaron el primer paciente contagiado, las cifras del gigante asiático muestran un comportamiento de la pandemia que ha llevado al país a poner en lo más mínimo los niveles de infección, y en paralelo, con la aplicación de distintos tratamientos, entre ellos el interferón creado en Cuba, disparar la tasa de pacientes recuperados y disminuir de igual forma los fallecimientos.

Al 13 de abril, y de acuerdo con el mapa de la Universidad Johns Hopkins, los contagios en China llegan a 83.213 casos, con 78.039 recuperados y 3.345 fallecidos. Según el indicador de contagios, China presentaba unos 20.000 casos a mediados de enero y para la primera quincena de febrero los casos positivos ya sobrepasaban las 60.000 personas.

A partir de ese momento, las estrictas medidas de prevención, higiene, cuarentena y aislamiento lograron detener el crecimiento de la curva exponencial y aplanarla al punto de hacer decrecer los niveles de contagios durante casi dos meses.

Italia es el segundo país con más muertes por COVID-19. Foto: Agencias

COVID-19 en la comunidad europea

Pero mientras China empezaba a contener el COVID-19, países como España, Italia, Alemania, Francia, Bélgica, Suiza, Holanda, Reino Unido, entre otros de la comunidad europea vieron como el virus se desató dentro de su territorio de forma exponencial, sobre todo porque sus gobiernos no aplicaron medidas preventivas a tiempo.

Primero Italia, luego España, y de apoco se han ido sumando el resto de los países que por no aplicar las medidas sugeridas por la OMS -para no afectar sus economías- han terminado recibiendo la virulencia del COVID-19 en su más amplia expresión y han develado lo precario de sus sistemas de salud ante una crisis sanitaria como la actual, donde se dejan de atender pacientes que consideran no salvables -la población adulta mayor- para tratar de salvar con los escasos recursos que tienen a personas de menor edad.

La crisis sanitaria desatada en estos países ha dejado en evidencia también las bajísimas condiciones sanitarias que tienen los gremios de enfermería y médicos para evitar contagiarse ellos mientras atienden a las víctimas del coronavirus.

Los escasos recursos y el descontrol de los contagios ocasionaron la saturación de los sistemas de salud, así como también una alta tasa de mortalidad en los pacientes que contraen el virus.

En los países europeo se mantuvieron los contagios -entre enero y los primeros días de febrero- entre 10 mil y 20 mil casos por país, pero con altos índices de fallecidos. Lo peor fue que al culminar la primera quincena de marzo, los casos en la Unión Europea se enfilaron todos hacia la llamada curva exponencial y muchos de ellos, sobre todo Italia y España, pasaron los 100.000 contagios en apenas 15 días.

Al 13 de abril, los contagios en Italia llegan a 159.516, con 20.465 fallecidos y 35.435 pacientes recuperados. España, por su parte, es el segundo país con más contagios, 169.496, con 17.489 muertes y 64.727 recuperados.

En la lista sigue Francia con 137.875 casos positivos, 14.986 muertes y 28.001 recuperados. Luego se ubica Alemania con 128.208 confirmados, 64.300 recuperados y 3.043 fallecidos.

Un caso interesante es Reino Unido, cuyo primer ministro, Boris Johnson, subestimó al COVID-19 y pretendía que con solo lavarse las manos su población estaría alejada del virus. Sin embargo, su retórica cambió cuando la población, ante la inacción y aplicación de medidas drásticas de alejamiento y cuarentena colectiva, así como diversos informes publicados por científicos que alertaban que la nación estaba en riesgo de contener la pandemia y presenciar un desbordamiento que dejaría al menos 260 mil fallecidos.

Johnson no tardó en bajar el tono a sus discursos que subestimaban al COVID-19 y días después terminó siendo una de sus víctimas, al ser diagnosticado como positivo a la enfermedad que lo llevó incluso a pasar varios días en cuidados intensivos para recibir respiración artificial. Actualmente, el Primer Ministro sigue aislado y en proceso de recuperación dentro de su residencia.

Hasta la fecha, las medidas de aislamiento y cuarentena son las que han logrado contener levemente la desproporcionada red de contagios masivos en Europa, así como la letalidad del coronavirus que ha dejado con fuertes crisis sanitarias en los países donde se ha reproducido de forma exponencial.

Aunque el brote aún no se contiene, existen dos versiones que hablan, en primer lugar de un aplanamiento en la curva de contagios si se siguen aplicando medidas preventivas de confinamiento, sobre todo por la alta cantidad de personas asintomáticas que son calificados como los súper propagadores del virus.

Y en segundo lugar de un nuevo rebrote que atacaría con mayor nivel de virulencia si se llegan a levantar las medidas de cuarentena y prevención, como el uso de tapabocas, algo que podría agravar aún más la ya cruda realidad que vive la comunidad europea.

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Iván Duque y Donald Trump

Latinoamérica: el desparpajo de los regímenes de derecha

En América Latina se evidencia con mayor claridad cómo cualquier Gobierno de corte neoliberal, afincado a la extrema derecha y arrodillado a las directrices de Washington imita las malas prácticas del jefe de la Casa Blanca, Donald Trump.

La inacción de Trump para ejecutar medidas a tiempo y evitar que el COVID-19 se desbordara en su país, convirtió a Estados Unidos, con 328 millones de habitantes -ni la cuarta parte de la población china- en el epicentro de la pandemia, con 572.587 contagiados de poco más de dos millones en el mundo.

A escala global se contabilizan -al 13 de abril- casi 120 mil muertes y cerca de 450 mil recuperados. En Estados Unidos, que en menos de un mes presenció la aparición de la curva exponencial en sus contagios, tiene poco más de 23 mil fallecidos -primero en el planeta- y unos 43 mil recuperados.

Para Trump, antes de que su país se convirtiera en el núcleo del brote, el coronavirus era una gripe cualquiera que no debía parar, bajo ningún concepto, a la nación y mucho menos a su economía. Una postura bastante similar a la de su homólogo inglés, Boris Johnson.

Ahora, en América Latina aparece otro mandatario con similares actitudes y manera de pensar, el ultraderechista brasileño Jair Bolsonaro, quien a su ya bastante señalada mala gestión añadió como premio mayor su inútil habilidad para enfrentar la pandemia del COVID-19.

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Donald Trump en una reunión que sostuvo con Jair Bolsonaro. Foto: Agencias.

Bolsonaro dijo que el coronavirus no era otra cosa más que “una gripecita” o un simple “resfriado”, algo que hizo alarmar a la gran mayoría de los brasileños, quienes critican duramente la incapacidad del Presidente de actuar con precaución y a tiempo para evitar que el virus se propagara masivamente en el territorio, como ya lo hace, de forma exponencial.

Brasil pasó de tener menos de 10 casos al comenzar marzo a ser el país número 14 del planeta con más contagios confirmados, segundo de América y primero de Latinoamérica y el Caribe, en apenas un mes.

A la fecha, Brasil registra más de 23 mil contagios, más de 1.300 muertes y solo 173 recuperados, con una curva exponencial que sigue es ascenso. Con 209 millones de habitantes, ya se posicionó como en el segundo epicentro del continente y con características parecidas a las de Estados Unidos pudiera imitar sus indicadores en pocos días sino se toman medidas radicales.

Es decir, si el Gobierno de Brasil continúa imitando a Trump, la catástrofe en el gigante latinoamericano pudiera ser brutal.

En el caso de México, el segundo gigante latinoamericano, el comportamiento del coronavirus ha sido muy distinto al de Brasil, y a pesar que la propagación ha tocado a 4.661 personas -quinto de Latinoamérica-, ha dejado 296 fallecidos, con 1.843 recuperados. Esto bajo la administración del líder progresista Andrés Manuel López Obrador.

Otros gobiernos latinoamericanos subordinados al régimen de Trump también presentan características similares en cuanto al comportamiento del COVID-19 en sus países y se perfilan como los que registran mayor cantidad de contagios en Latinoamérica.

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Sebastián Piñera regala a Trump la bandera de Chile dentro de la estadounidense. Foto: Agencias

Riesgo del COVID-19 en manos de irresponsables

Ecuador, Chile, Perú, Colombia, todos miembros del autodenominado Grupo de Lima que fue creado para atacar brutalmente a Venezuela y lanzar campañas de descrédito sobre su supuesta crisis humanitaria y hospitalaria, hoy viven en carne propia el colapso de sus sistemas de salud y sus economías están amenazadas ante el brote de la pandemia que ya ha tomado el rumbo de la propagación exponencial.

Los brotes masivos en estos países corren la misma suerte que en Estados Unidos y Brasil. Sus gobiernos han sido incapaces de actuar a tiempo, aplicar medidas de distanciamiento social y frenar los contagios; porque dieron prioridad a los intereses empresariales por encima de los derechos humanos y de los trabajadores del sector salud, gravemente afectados por no contar con los mínimos recursos para atender a los pacientes.

Ecuador, a cargo del ultraconservador Lenín Moreno, presenta cifras desproporcionadas, las cuales según activistas sociales y organizaciones de derechos humanos indican que son peores a las oficiales. Además, denuncian que en medio de la pandemia el régimen persigue a las personas que informan la realidad del país, así como también a sus detractores políticos.

A la fecha, el régimen de Moreno presenta 7.529 contagios confirmados -el tercero más alto de Latinoamérica- con 355 muertes y aparentemente 597 personas recuperadas. Pero según denuncias que molestan al Gobierno, solamente en la ciudad de Guayaquil, donde los cadáveres caían en las calles y colapsaron los hospitales y hogares, habría al menos unas 1.000 víctimas mortales por el COVID-19.

El segundo país con mayor cantidad de contagios en Latinoamérica es Perú con un total de 9.784 casos positivos, 193 muertes y 1.798 pacientes recuperados. Perú es gobernado por Martín Vizcarra, quien asumió el cargo luego que su antecesor, Pedro Pablo Kuczynski, decidiera renunciar justo antes que el parlamento lo vinculara a distintos casos de corrupción relacionados con sobornos y extorsión con la constructora brasileña Odebrecht. Vizcarra era vicepresidente al momento de la renuncia y siguió la misma orientación política proWashington.

El cuarto país con más contagio es Chile, país que está bajo el régimen neoliberal del adinerado empresario Sebastián Piñera. A la fecha, la nación austral presenta un total de 7.525 casos positivos, 82 muertes y 2.367 recuperados.

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La política de los presidentes de Colombia y Brasil preocupa al resto de Latinoamérica. Foto: Agencias

El sexto país con más contagios en América Latina es Colombia, pero sus escasas cifras en la realización de diagnósticos, sumado a lo que tardan las autoridades en verificar si un caso es positivo -alrededor de 10 días- colocan a la nación de 49 millones de habitantes como una de las más preocupantes, pues a la fecha contabiliza 2.776 con 109 muertes y 270 recuperados, pero diversos activistas denuncian que la cifra pudiera ser seis veces mayor.

El caso de Colombia también es particular, pues ante el brote el régimen de Iván Duque ha decidido no aceptar ayuda del Gobierno de Venezuela, entre ella dos equipos para hacer pruebas para descartar el COVID-19.

Caracas ha logrado contener la pandemia con medidas efectivas de cuarentena decretadas desde el 13 de marzo, hecho que lo convirtió en el primer país del continente en aplicar las recomendaciones de la OMS, y que además cuenta con la ayuda el asesoramiento médico y protocolar de China, Rusia y Cuba.

El caso de Venezuela es digno de admiración, con una población que supera los 30 millones de habitantes, al menos cinco millones de nacionalidad colombiana que han emigrado por la violencia en su país causada por el narcotráfico, el paramilitarismo y la persecución del Estado. Desde que se confirmaron los primeros dos contagios de COVID-19, presenta un balance de 189 casos, nueve fallecidos y 93 recuperados.

El comportamiento del COVID-19 en Venezuela, que garantiza acceso completamente gratuito a tratamientos y hospitalización de los pacientes infectados, se ha mantenido aplanado y su pico más alto fue el 21 de marzo cuando se confirmaron 28 casos. Esto ha hecho que sus acciones sean tomadas como referencia en el mundo, sobre todo cuando los enemigos del Gobierno de Nicolás Maduro vaticinaban que Venezuela sería aplastada por el coronavirus, pues no estaba preparada para una crisis sanitaria como la que vive el planeta.

La OPS alertó que en Latinoamérica el brote de la pandemia registrará sus peores números durante las próximas tres semanas, cuando se evidenciará realmente su impacto y se determinará con mayor exactitud cuáles son los países más vulnerables convertidos, además, en epicentros de la pandemia.

El brote de coronavirus en la región,además de mostrar las costuras de los sistemas de salud de la región, la desatención de la población y el entreguismo hacia las directrices impuestas por la Casa Blanca, también evidencia que la falta de jerarquía regional, de independencia y de hacer respetar la soberanía ponen en riesgo a una mancomunidad que supera los 626 millones de habitantes, y que podría dirimir y consensuar acciones generales y protocolos para atacar la pandemia mediante mecanismos como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), desarticulada -lamentablemente- por los mismos Gobiernos que hoy ponen en riesgo a la región.

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