Su muerte –y sobre todo su vida ejemplar– reactiva el deber histórico del Estado de reconocer formalmente que, en 1973, la razón, la legalidad y el humanismo estuvieron del lado de los militares que se mantuvieron apegados a la Constitución. Una gesta que debe ser destacada como ejemplar en las escuelas militares.
Entrevista a Pablo Ruiz, miembro del Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas en Chile; de la Comisión de Paz, No Violencia y Antimilitarismo de la Alianza CONVIDA-20, y parte de la Red Internacional No a la Guerra, No a la OTAN.
Amintore Fanfani, portavoz de la Democracia Cristiana de Italia, que sería primer ministro en varios períodos, condenó el golpe de Estado y expresó su “sincera condolencia por la muerte del Presidente Salvador Allende, que hasta el fin de su vida mostró su adhesión a la democracia”.
No hay vía chilena al Socialismo, del momento que el 11 de septiembre trágica y monumentalmente rubrica la imposibilidad de la transformación pacífica de la sociedad hacia el Socialismo.
Resulta grotesco presentar un relato de política ficción para justificar los zigzagueos del gobierno de Gabriel Boric y reditarlos como éxitos de una gestión ejemplar.
De la misma manera que González Videla obtuvo la victoria con una coalición de partidos, para después, a muy corto andar, en la práctica, gobernar con otra, Boric ganó con un programa y está gobernando con otro.
Hace unos días nos enteramos por la prensa casi como si fuera una noticia de relleno, que la ministra de Defensa chilena, Maya Fernández, tuvo un encuentro con destacados generales norteamericanos, una reunión en que el Comando Sur de Estados Unidos reafirmó su “cooperación” con Chile en materias de seguridad y otros temas estratégicos para la defensa y el ataque del país.
Nosotros, los chilenos de antes, no tuvimos oportunidad de despedir a Salvador Allende como se lo hubiera merecido, pero en nuestro corazón lo despedimos, lo recordamos cada día, cada minuto de estos 50 años, pero no pudimos abrazarlo.