La propuesta de la nueva Constitución avanza en una idea de igualdad concreta y material, a través de ciertas acciones afirmativas desde el Estado, yendo mucho más allá de una igualdad en abstracto, la cual omite el conflicto, la concentración del poder y las distintas asimetrías existentes en la sociedad, las cuales han sido perpetuadas por las distintas constituciones que ha tenido Chile, sobre todo la dictatorial de 1980.