Hace 15 años, uno que otro trazo realizado en spray y pintura reciclada comenzaba a aparecer en escaleras, fachadas y recovecos varios de la ilustrísima ciudad puerto. Hoy, la nominación mundial de capital del arte callejero no le queda grande: sus calles, techos, paredes han adoptado formas y tonalidades que cada tiempo en tiempo cambian, para gusto del habitante y del caminante enceguecido por la belleza porteña.