Tras un periodo de movilizaciones sociales y expresiones de las demandas ciudadanas, hemos entrado en un trance de fuertes repliegues y parálisis. Un fenómeno social que coincide como rara paradoja con la extensiva y permanente explosión de la corrupción política y empresarial. En ese espacio, creemos que el malestar de años anteriores permanece latente y espera por un elemento que pueda dar nuevamente curso a las demandas. El momento no puede presentarse más preciso para convocar una asamblea constituyente.