En Tainjin, China, entre el 31 de agosto y el 1 de septiembre de este 2025, se llevó a cabo la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS). Un encuentro donde se hicieron presente 26 Estados y 10 organismos internacionales.
Si bien los BRICS siempre se empachan en críticas y en pedidos de reformas para las instituciones del Bretton Woods, la clave la dio el canciller ruso Serguéi Lavrov cuando dio a entender que deben dar vuelta la página y formar sus propias instituciones (algo que, en honor a la verdad, se está haciendo).
Atiborrados de malas noticias que nos hablan de guerra, destrucción y muerte, bien vale la pena hacer notar que, en las antípodas del mundo, otra potencia trabaja por la paz, la construcción y la vida.
Washington debe evaluar que si su guerra en Vietnam duró diez años y fue la peor derrota militar de Estados Unidos en su historia, y Afganistán en 20 años lo transformó en un gigante con pies de barro que tuvo que retirarse derrotado y humillado, una guerra con Irán podría significar el fin definitivo de su poder imperial.
La utilización por parte del presidente Trump de esta crisis como una justificación para imponer aranceles a los bienes provenientes de México, Canadá y China, transformando esta política en un instrumento de presión hacia esos países, no tiene asidero.
La Nueva Ruta de la Seda fue concebido como el programa más ambicioso jamás diseñado en materia de integración económica y comercial, orientado a crear un gran mercado euroasiático incorporando además a África y a América Latina.
Ya en la campaña presidencial de 2016, Donald Trump comenzó a culpar a China de ser responsable del déficit comercial de Estados Unidos y del desempleo creciente debido a la fuga de las compañías estadounidenses hacia el país de Asia, prometiendo “mano dura” frente a Beijing, anunciando la imposición de un impuesto del 45 % a los productos procedentes de China.
Estados Unidos comenzó a construir una telaraña terrestre y naval alrededor de China en sus límites orientales, occidentales y meridionales, considerando que su frontera norte comenzó a estar “resguardada” por la creciente relación con Rusia que tuvo un punto cúlmine con la creación de la Organización de Cooperación de Shanghái en junio de 2001.
Si la búsqueda de un desarrollo compartido es el santo y seña de la diplomacia china en relación al Sur Global, la prevención de fricciones económicas requiere una altura de miras que tenga en cuenta las singularidades de los países del Sur Global, preservando así los lazos con esta comunidad de países cuyo apoyo hoy a Beijing le puede resultar vital en muchos sentidos.
La escalada proteccionista y la guerra comercial ocurre en una economía que en los últimos 50 años se ha mundializado a niveles nunca antes alcanzados.