A los minutos de conocerse el suceso, el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, salió al paso para frenar los temores y aclaró que no hay nada que lleve a pensar que sea un atentado terrorista
Pasaron tres días antes que recibiera un diagnóstico correcto. Pese a todo, ningún análisis médico logró prever que los daños sufridos por haber respirado los vapores tóxicos le provocarían la muerte.