Convencidos, finalmente, de que el “fin de la historia” de Fukuyama nos lleva a perpetuar la sociedad de consumo, las privatizaciones y la dependencia del exterior. En resguardo, como se dice, de la iniciativa privada, el libre mercado y la mantención de un orden injusto en que los pobres son asumidos como “obra de mano barata”. Así como los ricos se hacen cada vez más ricos y poderosos.