Reos no tienen acceso a baños ni a agua potable en sus celdas, por ende, su acceso al vital elemento se restringe a las horas de salida de sus celdas, debiendo orinar y defecar en recipientes plásticos. A esto se suma el frío que deben experimentar dado que las ventanas de las celdas no cuentan con vidrios, lo que hace imposible mantener cualquier tipo de calefacción.