Cuando aparece en los ochenta la idea de que se puede ganar plata educando a personas, tal como si uno vendiera clavos o pisco, el ideario genuino que significa la educación se fue a las pailas, porque esa bola economicista de lodo terminó por crecer y crecer y convertirse -desde la formación inicial hasta los tiempos de la enseñanza superior- en un camino sujeto a la competencia por sobre todas las cosas.