La desindustrialización seguirá su curso inexorable mientras la elite empresarial y la clase política, de variados signos (derecha, centro e izquierda) no elaboren una propuesta para el desarrollo del país. Se equivocan al creer que podremos desarrollarnos -que en Chile es sinónimo de crecer- con el libre mercado y vendiendo nuestros recursos naturales, para el progreso económico chino y de los países desarrollados.