El pasado 19 de noviembre se cerró la estructura política que ha gobernado Chile desde 1990 y se abre un ciclo cuyos alcances son todavía impredecibles. En esta escena, la función del FA ocupa un lugar clave que determinará el curso de, al menos, los próximos cuatro años. No atender a este momento es evadir de antemano una responsabilidad ante la ciudadanía.