Más allá de que algunas de estas protestas tienen su origen en justas demandas del movimiento social en contra de la crisis económica, la corrupción y el nepotismo, es necesario alertar que aun cuando no todas tienen su origen en la voluntad desestabilizadora de Estados Unidos y Europa en la región, es evidente que Occidente está pendiente de los acontecimientos a fin de introducirse en el corazón y el cerebro de estos para conducirlas hacia objetivos geopolíticos que nada tienen que ver con las demandas populares.