La mutación histórica en curso es frecuentemente asociada con la transición hegemónica y el despunte del Sur en desmedro del Norte global. La crisis del capitalismo neoliberal efectivamente potencia el declive económico de Estados Unidos y el ascenso de China. Pero la comprensión de ese viraje exige el uso de otros conceptos de raíz marxista.
El voto evangélico brasilero, mayoritariamente anclado a una agenda conservadora de derechas, está en disputa entre las diferentes vertientes de ellas: entre bolsonaristas mainstream –el Centrão– y otras líneas aún más radicalizadas de las derechas.
El daño principal se lo ha asestado al propio Brasil -como lo ha señalado en varios artículos el analista y dirigente político brasileño Valter Pomar- y sobre todo a Brics, sometido a las veleidades de Lula y a las necesidades de Amorim de rendir tributo a sus amos europeos.
Vemos que el consenso que ha pretendido el petismo, a través del propio Lula durante los últimos años, no ha conseguido frenar el proceso de fascistización, al contrario, le ha dejado abierta la puerta.
En São Paulo estamos evidenciando una disputa no sólo por la alcaldía [prefeitura], sino un caso paradigmático de las batallas internas de las “Nuevas Derechas”, esas que tienen un ala más mainstream y otra aún más radicalizada.