Primero se “filtra” a la prensa un supuesto delito y se publican continuamente las sospechas o noticias falsas que involucran al “enemigo político”. A través de este bombardeo mediático se crea una sensación de presunción de culpa que sirve como base para realizar investigaciones policiales y demandas judiciales. El objetivo es lograr que en la opinión pública se establezca que el “sospechoso” es culpable y que la Justicia actúa con equidad.