Defender los derechos humanos no es solo una opción ética, es una necesidad urgente para preservar nuestra humanidad compartida. Significa dejar de considerar “opinión válida” todo discurso que niega la humanidad, y, por tanto, la dignidad de otr@s. Significa entender que cuando una persona es atacada por ser quien es, el daño no se detiene en ella: atraviesa a toda su comunidad.