En toda crisis, y particularmente si esta conlleva el uso de la fuerza, nos podemos encontrar con tres componentes básicos iniciales: la desinformación, la retórica y el cinismo.
Un fantasma recorre el mundo, el fantasma de la guerra internacional. Todas las potencias centrales del capitalismo mundial deciden su futuro sobre la base de la preparación para el conflicto militar que, pese al tono tranquilizador de diferentes analistas internacionales, es desmentido por la carrera armamentista que llevan a cabo los diferentes bloques de potencias capitalistas que se han formado en las décadas recientes de desarrollo global del capitalismo.
La militarización de Europa del Este tras la disolución del Tratado de Varsovia es un hecho. Los diseños agresivos de Washington quedaron demostrados en el proceso de destrucción de Yugoslavia.
Independientemente de las intenciones reales de Rusia, lo cierto es que por fin, el pueblo de Donbass va a dejar de sufrir y vivir escondidos entre sótanos de ruinas regadas por sangre.
La decisión de la Federación Rusa de invadir militarmente el territorio de Ucrania este 23 de febrero marca el inicio de la mayor guerra en tierra europea desde la Segunda Guerra Mundial, con un impacto mucho mayor del que tuvo el conflicto en los Balcanes en los 90, y en un escenario marcado por la incertidumbre en un mundo que recién comienza a recuperarse de la pandemia por COVID-19.