En un entorno multipolar no hay lugar para la hegemonía y la política de bloques hostiles. Es hora de que Occidente acepte un nuevo equilibrio de poder y empiece a construir relaciones con los Estados de la Mayoría Mundial sobre la base del respeto mutuo.
Es importante entender que Trump está intentando seguir una estrategia inversa a la de Kissinger, es decir, hacerse amigo de Rusia para aislar a China.
Rusia es un país gigantesco, el más grande del planeta, no necesitan más territorio ni más gente ni a los de Europa, que no les servirían para nada, al contrario, les complicarían la vida cómoda que llevan.
Trump quiere que el sistema que hizo grande a Estados Unidos en condiciones del capitalismo productivo de finales del siglo XIX y comienzos del XX, funcione en las condiciones actuales de imperialismo decadente. Eso es imposible. La situación interna como internacional son otras. Por estas razones, su proyecto va al fracaso y recurre a lo único que tiene: la fuerza.
La redistribución de tropas estadounidenses en Europa evidencia las crecientes tensiones entre Trump y los aliados de la OTAN, mientras Hungría se perfila como un destino estratégico clave
La política exterior de Uruguay ha sido históricamente reconocida por su respeto a la soberanía de los pueblos y su adhesión al principio de no injerencia en los asuntos internos de otros Estados, salvo algunos gobiernos de la derecha como el del Partido Nacional. Sin embargo, recientes declaraciones del canciller Mario Lubetkin marcan un preocupante alejamiento de esta tradición.